22 de diciembre de 2015

LUCA Y MEDIA




¿No sé qué hubiese sido de nosotros si Prodan no se hubiese enamorado de Argentina a través de una foto de la familia de Timmy en las sierras de Córdoba? Un día como hoy Luca se alejó más del suelo y más del cielo (también). 
Desde aquel 22 de diciembre de 1987, las mañanas en el Abasto ya no fueron las mismas y rock nuestro de cada día tampoco. De eso no tenemos dudas.




- ¿Qué opinás de la historia del rock nacional?


- Cuando yo vine acá, no hablaba castellano... y al principio, la verdad que me parecía ridículo el rock en castellano. Y después, como fui entendiendo castellano... Mirá, la mayoría es copiado de otras cosas y eso a mi no me gusta. Pero... Manal, por ejemplo, a mí me gusta, hacen un blues bastante crudo pero tienen letras bien de Buenos Aíres, es bien de acá. Spinetta me parece rebuscado, todos dicen "las letras matan" pero nadie entiende lo que está diciendo... Y ahora no me gusta, todos esos arreglos con ochenta cambios de acordes, que al final no dicen nada. Por ahí me gusta más su primera época. Me gustó su disco de viejos temas, Kamikaze, había cosas más sencillas. Y de lo de ahora, Soda Stéreo, me parece que ellos la hicieron bien (se ríe)... pero yo ahorro el maquillaje y el peinadito raro y todo eso, eso es rebuscado también. Virus no me gusta para nada, me parecen totalmente fríos. Cualquiera puede comprar un teclado, un secuenciador y una batería electrónica, y puede hacer música. Pero si yo le doy una guitarra criolla a Federico Moura y le digo "pelá algo que me mueva el corazón", no pasa nada, ¿entendés? Lo mismo puedo decir de Gustavo Cerati o de Miguel Mateos. Ellos quieren ser famosos, tener minas, guita, yo no quiero nada de eso. Yo siempre tuve mujeres, siempre tuve mi guita -de otras maneras-, pero si me das una criolla, yo te pelo algo, ¿entendés? Es la diferencia entre ser un músico que tiene la música en el corazón, como Mercedes Sosa o Atua... ¿cómo se llama? Atahualpa Yupanqui, o ese que es medio grasa, pero también tiene la música en el corazón, Jaime Torres. A mí dame esos tres y no los tres rockeros que yo te conté antes. La música es sentirlo, no "querer ser músico": serlo.








17 de diciembre de 2015

ACORDATE RAULITO






Acordate Raulito, corto... Jockey corto.




“…papá se fue sin dar demasiada lucha, sin comprender que era más importante cuidarse que entregarse al vicio que lo había tomado a los 14 años y del que, para colmo, estaba orgulloso. Nos dejó rápido. Mi enojo con él, por no haber estado, por no haber bancado, por no haber peleado, duró años. Muchos años. Ese hombre que se fue envuelto en debilidades, antes de apagarse, fue mi ídolo…” Caramelos y aspirinas




2 de diciembre de 2015

PASIONAL









- ¿Qué te pasa, pa?
- Nada.
- ¿Estás bien?
- Sí… No, no. Este muchacho… ¡Qué cosa! Anda a comprar de una corrida queso rallado, el baratito. Ah, decile a Miguel que el viernes le pago todo.
- Pero, pa…
- Vos decile así.
-...
- ¿Qué pasa? ¡Dale que cierra!
- ¿Pa?
- Sí.
- ¿Qué muchacho?
- Falcón, Jorge Falcón. Tan jovencito, que vasé.

Volví del almacén. Esa noche supe que el auto de papá tenía nombre. Me senté algo aturdido al lado de él. A los 10 años era el mejor lugar que se podía estar. Ahora que lo pienso no hubo una silla más preciada.
- Tomá, tomá un poquito.
- Pa, ¿Qué va a decir mami?
- Nada, hoy no va a decir nada. Es un secreto entre vos y yo. Un chorrito nomás. Métele más soda. Es por hoy nomás.

El Termidor rebajado con soda no estaba nada mal. Ese miércoles “Grandes valores del Tango” salió grabado. Soldán leyó un discurso apenado. Cenamos en silencio. Nadie habló. Yo no quería hablar. ¡A ver si todavía se daban cuenta que había tomado vino! Mamá no lo sabía, papá sí. Era nuestro secreto. 
Mi viejo me convido a participar en su dolor de alguna manera. Era como velar a un familiar que jamás vimos mientras comíamos albóndigas con fideos de moño. Más de tres décadas para deducir ese gesto.   
Hoy entré a un almacén de San Telmo con Julián, sonó ésta canción en la radio y se me aflojaron las gambas, de frente ma´. Antes de averiguar sobre un precio, el fueye de la orquesta campaneó y me devolvió a la cocina con pestilencia a salsa y vino tinto. Nada, eso. Pensé: Lo que daría por un vasito de vino más. ¡Lo que daría!
- ¿Qué te pasa, pa?
- Nada.
- ¿Estás bien?
- Sí… Sí, estoy muy bien - le respondí a mi hijo, lo abracé con ganas y todo volvió a su lugar.