28 de junio de 2016

¿QUÉ DIRÍA TU VIEJO?







Al Tano lo conocí en la campaña presidencial del ´89. Fue mi primera colaboración en la Unidad Básica "Facundo Quiroga" volanteando para el FREJUPO.
Mi papá se llevaba muy bien con él. Mi viejo daba una mano y cooperaba con la Asociación Vecinal que tenía línea directa con la U.B. El Tano vivía en Las Achiras y alquilaba con Normita Agüero una vivienda en el pasaje Madreselva.
- ... Los que perdieron tienen que razonar y dar un paso al costado. Luder se fue a la casa, ¿no te acordás? - me dijo el Tano con un tonillo inquisidor cuando lo crucé hace unos meses por el Congreso sin registrar que en el ´83 yo tenía 7 años. Creo que me miraba a mí y le hablaba a mi viejo.
El cuadro que leía a Perón y no había terminado el colegio, que subsistió como remisero y otros rebusques durante más de una década se sostuvo en la reclusión política con estoicismo. El Tano no quiso entender, o entendió y no le cerró un esquema que relegó a muchos peronistas como él.
Yo sé que anda tirado, que no tiene un mango, sin embargo, me invitó a tomar un café. Acepté. Cuando iba a pagar, se ofendió.
-No, no, no pibe. Pará. ¿Qué diría tu viejo? ¿Somos compañeros o no somos compañeros?
Fui al baño para disimilar la emoción. Durante años, algunos paracaidistas sub 30 con el único mérito de ser "hijos de" se cargaron a varios tipos como el Tanto con 30 años o más de peronismo en el lomo. Díscolos que se enfrentaban con los jetones puertas adentro y defendían el partido a muerte hacia afuera. 
Hoy los manuales de conducción política se escriben por whatsapp mientras se exponen las ideas en los muros de facebook. Le dije que mi viejo lo admiraba y le revelé que la militancia conquistó mi corazón gracias a su formación.
Al ingresar al baño del bar mastiqué bronca. Me lave la cara y al salir advertí de refilón como el querido Tano, el tipo que me formó de pibe, gatillaba con billetes y monedas que sacaba del bolsillo. El chabón perdió mucho en la vida, menos la dignidad.


"Y así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los individuos sin ella son esclavos." José Ingenieros





11 de junio de 2016

EL TIEMPO ME ENSEÑÓ





- Ey, ¿esa foto, qué onda?
- Es Perón con la Evita.
- Ya sé, boludo. ¿Qué sos peronista ahora?
- No, gato. Era de mi tío.

En el depósito del almacén de mi viejo encontré una caja con un par de fotos, revistas y hojas sueltas escritas con birome. ¡Hay una que no se puede creer! Estaba en un sobre, un sobre cerrado con una dirección. El tío le escribió una carta a una mujer. Pensar que mi viejo me decía que era un chabón arisco al amor.  

Papá celaba al tío. Todo empezó cuando mi viejo lo llevó a militar a un partido con nombre pedorro: El PI. 
- Yo soy del PI - decía el tío.
- ¿De qué PI?
- ¡Del pindonga! - me respondía y  nos cagábamos de risa.
Me contó mi tía, La Negra, que el tío Bernabé se hizo querer y respetar. Aprendió enseguida la onda de la militancia. Papá no encajaba. Correctito y con sus maneras espantaba más que acercar a la gente. Participaba hasta ahí, sin embarrarse. Siempre con el dedito acusador levantado, chipi chipi. Un especialista en encontrar errores ajenos. 
Me acuerdo que una vecina, la hija de Doña Marta, lo llevó al tío a la unidad básica del barrio. "Vos tenes que militar con nosotros, Berna" le dijo. Ahí estaba en su salsa. El tío flasheó con las ollas populares, el apoyo escolar y la murga. Eran chabones más normales.
Mi papá criticaba al peronismo. Decía que "el viejo", por Perón, había sido un traidor. El tío desobedecía los discursos de papá y se hizo peronista sin darse cuenta. De a poquito fue metiéndose y llegó a trabajar como tutor de la JP adoctrinando pibes de mi edad. 
La tía Negra guardó una foto del tío Bernabé con la Cristina en la Casa Rosada, mientras mi viejo, que la iba de pureli, no hacía otra cosa que tirarle mierda. “No tenés vergüenza, ¿cómo te vas a sacar una foto con esa yegua, hermano?” 

Pero todo eso no fue nada. Lo que más le jodió a mi viejo, según cuenta Bernabé en su diario, fue verlo llegar junto a una mina preciosa a un recital que hicimos por Almagro. Papá no la podía caretear. Se lo veía molesto. Bernabé escribió en uno de sus cuadernos que papá no dejaba pasar ocasión para impresionar y hacerse el galán con la compañera. Eso al tío lo entristecía. “¿Cómo puede ser que mi hermano deseé una mujer que está conmigo?” escribió.
Mi tío era el más chico de todos los hermanos y no tenía el fuego de papá. Siempre le costó más que al resto. Mi viejo de pendejo era un crack, aplicado, buen alumno. Pintaba para hacer carrera pero no llegó a nada. El tío, en cambio, se formó de a poco, perseveró y consiguió realizar muchos de sus sueños: hacer radio, escribir libros, conocer un presidente y sobre todo, besar a la mujer de sus sueños.
                      
                                                                                ***

Mientras abría el sobre, recorrí con la vista la caja con papeles, facturas y anotaciones viejas. El tío, antes de morir, tenía dos proyectos: el armado de una radio por internet y publicar una novela que tenía terminada. 
La última vez que hablé con él me pidió que ensayara un par de canciones para tocar en la presentación de su novela. “¿Conocés a los Wawanco, Raly?” me dijo. "Armate algo con los muchachos". Wawanco fueron sus últimas palabras. ¡Wawanco! Bajé un par de canciones y se las hice escuchar a los pibes de la banda. Los vagos flashearon mal.

Una pena como se dio todo. El tío había conocido a una mina, fotógrafa, de la que estaba enamorado. Me contó la tía que pensaba en ser papá otra vez. Su hijo, mi primo el Ale, vivía en Chile. Se lo llevó la madre cuando estaba embarazada. Los bogas chilenos no pudieron hacer nada y después de quince años de batallar renunció a la pelea. La mala sangre que se hizo por no ver a su hijo, el escabio y la diabetes se lo llevaron puesto. Así fue como un infarto de miocardio lo dejó seco mientras escribía. No enteramos al día siguiente. Dejó unas palabras en forma de carta que no tienen desperdicio.

                                                                                       ***

"Compañera:

¿Cómo estás? ¡Tanto tiempo! Te escribo sencillamente para decirte: gracias.
¿Por qué? Porque mi vida no fue la misma desde nuestro primer encuentro. Comprendí que era el momento para escribir lo que antes no supe o pude poner en palabras. Sin etiquetas, sin compromiso y sin promesas era nuestra lema ¿recordás? Bueno, creí que podría desempeñar con lealtad lo acordado, pero no. Me enamoré. Sí, y lo advertí tarde. Por esa razón, sabiendo lo que venía, decliné a persistir en la espera y resolví dar un paso al costado.
Ahora que clareó y pude desensillar, sentí la necesidad de rasguear unos párrafos. Hallé, cuando el embrujo y la fascinación del enamoramiento se disiparon, una conmoción de alegría por la libertad de alguien, o sea tu libertad, aunque esa libertad no me incluya a mí. Siento que vivimos una historia muy bonita, a destiempo (quizás). Sin embargo, disfruté de cada instante juntos.
Cumpa querida, me desenredaste los ojos. Mi amor por vos fue una bocanada de aire fresco, como una lluvia repentina de verano sobre un campo reseco. Comencé a desperezarme de a poco. En mensajes y largas charlas primero, hasta confluir en confesiones y besos que nos brindó la comunión del vino tinto. A partir de allí, salí a reanudar mis proyectos pendientes. Al calor de nuestra relación retomé con la radio y la militancia, dos pasiones que compartimos..."

                                                                             ***

- Escuchá. Alta frase se mandó ahí: "... como una lluvia repentina de verano sobre un campo..."
- ... Estaría escabio, ey - ninguneó el Orly.
Dentro del sobre había una fotocopia a color. El tío re joven con una mina hermosa. Un papel escrito con fibra y una sola palabra: Ponele. Una etiqueta de cerveza artesanal, un envoltorio todo arrugado de bon o bon y un ticket de un bar: Estancia Antigua. Mesa 50/0; Mozo: 6, Juan. ¡Esa, tío! Decidí llevar la foto con la "compañera" al ensayo. La pegué en uno de los parlantes.

- ¿Cómo se llama la mina? - preguntó el Lechu.
- No sé. No la nombra, siempre pone "compañera".
- Tá linda, boludo.
- Eh, no te zarpes, logi. Era la novia de mi tío.
- ¡¿Qué sabés si era la novia?! Capaz que la quería conquistar con esa carta, gil - tiró el Lechu.
- Si esa muñeca lo inspiró a tu tío... Capa que no inspira a nosotro también – ironizó el flaco Orly.
- Un crack, el chabón - dije de afuera hacia adentro.
- Alta morocha - batió el Lechu.
- ¿Por qué no le habré dado bola en vida al Berna, loco? – tiré mientras probaba el micrófono, creyendo que no escuchaban.
- Bueno, Raly. Ya fue - dijo el Orly - Tampoco te enrosque, amio.
- Por suerte encontré ese sobre ¿no? - dije buscando un consuelo.
- Má vale - me tranquilizaron a coro.
- ¡No sabés la bocha de libros que dejó!
- Y leelo – me recomendó el Orly - Capa que si pinta de leer má... La Mica, en una de esa...
- No entiendo – lo interrumpí mientras colocaba los platillos.
- ¡Lee má, tigre! Escribí y escribí y te sale una cartita así...
El flaco me sacó del bajón con esa salida. Me quiso decir, a su manera, que la lectura de todos los libros de la biblioteca del tío Bernabé me llevarían a escribir una buena carta a la Mica. Los pibes le festejaron la ocurrencia. Prendieron un faso y comenzó la ronda de fumata. Antes de arrancar con el primer tema, necesité la opinión de mis compañeros de banda.
- ¿Vos decís de escribirle? 
- Ni hablar - dijo firme el Orly.
- ¿Pensás que me puede dar cabida? 
- Sí, Raly. ¿No vite cómo te mira, loco?
- ¿Vos decís?
- Sí, boludo. Escribile. Yo sé lo que te digo. Dejate de hinchar lo huevo. 
- ¡Joya! - dije entusiasmado. 
- ¡Viva Perón, carajo! - dijo el Lechu y destapó una cerveza.
- ¡Viva! - dijimos todos juntos.
- ¿Arracamo Raly?
- ¡Sí! Va... un, do, tre...

                                                                          ***

Estuve todo el domingo pensando qué hacer con la carta. Le pregunté a mi viejo. El chabón, como siempre, me cortó el mambo menos diez: "¡¿Qué sabés si vive ahí, todavía?! ¡Qué correo, ni correo! Andá a buscar laburo mañana, hijo. Haceme el favor."
El lunes temprano, mientras me clavaba una birra para bajar de la gira, el Lechu me convenció de ir hasta el correo. Me dijo que no tenía sentido conservar esa carta. Que tenía que cerrar la historia que quedó inconclusa. No hablamos de otro tema. Me preguntó toda la noche "¿cuánto falta para las diez?". Enfilamos para Oca y entregamos la carta como si fuera algo re importante. Sentí que había hecho algo groso, groso posta. Lamenté que mi viejo no me bancara en esa. 
A la tarde me puse con la criolla a sacar los acordes de La piragua. Sentí un alivio bárbaro, no sé, qué sé yo. En la cena hablé con mi papá. No le conté nada de la carta. Antes de levantarse para ir a dormir, me ofrecí para atender la verdulería que pusimos en la entrada del almacén. Mi viejo había cobrado una indemnización después del despido en el colegio. Me quedé solo en la mesa y releí el final de la carta que había copiado de puño y letra.

                                                                            ***

"... Para concluir, y siempre en sentido de gratificación. Me llevo el frenesí de nuestras caricias, el destello de nuestras miradas, el bálsamo de tu piel, la suavidad de tu voz. Fuiste muy especial para mí. Confieso que jamás volví a hablar por teléfono desde las diez de la noche hasta las siete de la mañana con nadie. Me encantó haber transitado parte del camino juntos, de jugar en la misma vereda por un rato. Suena "El tiempo me enseñó" en el equipo y siento que estuvo bien, muy bien. Fui muy feliz a tu lado. ¿Cómo no agradecerte? Ahora sí me despido como Dios manda. Ahora estoy en paz. ¡Salud compañera!"





Te voy a contar en esta carta toda la verdad de por qué sucedió. Y la maldita verdad es que te quise demasiado.




5 de junio de 2016

RUTA 66



Me topé en youtube con esta versión de Route 66 cantada por Jimmy Rip*, Junior de La 25 y Facu Soto de Guasones. Dos embajadores del rock bonaerense fueron elegidos por Rip para grabar un clásico, un verdadero himno rocanrolero de la década del cincuenta. Siempre supe que en la escena local tenemos músicos que no tienen nada que envidiarles a los de afuera. ¡Cuántas veces ninguneado nuestro rock argento!, ¡Cuántas veces comparado con el anglosajón! Ese miramiento cool de creer sólo por ser británico un músico es mejor que un argentino. En esta versión, que Pappo tradujo al castellano hace unos años, las voces se tutean; las tres guitarras se fusionan y suenan con un groove que sacude el piso.






* Jimmy fue guitarrista de Mick Jagger, Jerry Lee Lewis y Debbie Harry. 
Tocó en "Wandering Spirit" el mejor disco de un Stone solista hasta el momento ( para mí).





HERE COMES THE SUN






"Lo que jamás me sorprende de la naturaleza, de la vida, es esa pequeña y sabia lección que todas las tardes nos repite como una sabia maestra de escuela del Estado. 
Con la insistencia propia del que se sabe poseedor de la posta, todas las tardes, casi a la misma hora inevitablemente, inmediatamente, siempre, después del cenit viene el ocaso. 
Todas las tardes, desde el comienzo de los tiempos, cada vez que el sol llega su punto más alto, comienza el descenso. No se conoce el caso de ninguna tarde en la que el sol haya subido más alto de lo que debe, o que el sol se nos quede ahí arriba hasta el día de mañana.
Todos los días la vida nos enseña que, después del cenit, indefectiblemente viene el ocaso."

Bobby Flores 





Ramos Mejía. Buenos Aires. 2016



2 de junio de 2016

DISEÑO EN EL ABASTO







- ¿Entendés el inglés cuando cantan, Frank?
- Sí, bueno, maomeno. 
- ¿Maomeno? 
- ¿Ya empezás?
- ¿Ya empiezo con qué, nene? 
- Dale, Claudia. Dejame terminar por mi maqueta y ponés lo que quieras.
Ella canturreó “we´re worker ants, or we´re ants whit wings?”.
- Cantá conmigo - le exigió.
- No sé cantar, me da vergüenza. 
- Dale, animate - balbuceó la mujer que no paraba de menearse por el comedor. 
- Tengo la entrega mañana. ¡Ya te expliqué! Hoy me tengo que quedar toda la noche, por favor te pido.
- Jodete, ¿quién te pidió que estudies diseño? – le dijo y abrió una botella de vino.
- ¡Dale! No me molestés. ¿Por qué no te acostás? No tomes eso. El Resero es para cocinar. Te va a hacer mal por tu panza. Mira por tus pies. Están hinchados – le objetó.
- ¿Quedó algo de Seven Up o te la tomaste toda? 
- Está la de ayer, yo no tomé. ¿El médico acaso no te dijo que no tomés gaseosa?
- ¡Qué sabe ese! Acá está. ¡Pero no tiene nada de gas esta mierda! La cerraste para el culo.
En serio te digo, Frankie. ¿De qué vas a laburar cuando te recibas, amor? - le preguntó burlona mientras servía la semen up en un vaso, al tiempo que lo trataba con dulzura y violencia de manera alternada. Como un niño jugueteando con plastilina.
- Ya veremos. Es una carrera nueva en la UBA. Tiene futuro, dicen.
- "Dicen". Pensalo bien, "dicen". Vamos a tener un hijo y con esos dibujitos no vamos a poder comprar pañales.
- ¿Por qué sos así conmigo, Claudia? ¿Qué hice mal, me querés decir? ¿Por qué me judeas así? Trabajo todo el día para traer el dinero, terminar una carrera, ser alguien…
- “Ser alguien”, rojaijú - interrumpió irónica.
- Y sí. ¿Acaso pensás que voy a estar en la obra de por vida? Meta y meta, maza y cortafierro, ¿eh?

Claudia contuvo su mirada sin pestañear sobre el tablero. Inhalaba socarrona el pegamento de contacto y reproducía los gestos de un adicto al poxiran moviendo los ojos como encolerizados. 

- ¿Para qué sirve esto?
- Es un adhesivo para papel. 
- ¡Caregua! - dijo a las carcajadas.
- ¿De qué te reís, decime? Es para pegar las piezas del maquetado.
- ¡Caregua! Rima con paragua.
- No empecés.
- ¿Rima o no, paragua?
- ¡No me digas paragua! Ya te lo dije. Suena humillante.
- Bueno, bueno. ¡Qué sensiblón! ¿Acaso tu mami no nació en Paraguay, papito?


***

Francisco llegó en 1985 de Encarnación a terminar sus estudios secundarios en Chivilcoy. Se albergó en casa de una tía fotógrafa que había quedado viuda hacía tiempo. Cuando cumplió con sus estudios, su tía Stephanie (única familia en Buenos Aires) le confirió algo de sus ahorros para estudiar en la facultad.
Francisco llegó a San Telmo a principios de 1987, en búsqueda de un futuro mejor y de compañía en el ascetismo de la gran ciudad. Conoció a Claudia por intermedio de un compañero de Proyectual, su primera cita fue en la cancha de Los Andes, en un recital de rock. 
Ambos cursaban el CBC*; coincidían en la cátedra de Filosofía de Ciudad Universitaria. Claudia, que había leído mucho en su adolescencia, impresionó al recién llegado. Se mostró muy afectiva y comprensiva en el inicio de la relación. Tejió una telaraña con estoicismo durante años, sin apuro y sin pausa. Cuando supieron del embarazo, empezó una pesadilla para él. A partir de allí, ella se expuso tal cual era, según los versados: una psicópata adaptada. 
Una noche, mientras Francisco se disponía a preparar la primera papilla a Luca, recibió un crua chan sorpresivo en la frente al levantar la mirada. 
- ¡Se te pasó! ¿Qué le haces a mi hijito? Sos un inútil - gritó Claudia enfurecida. 
Francisco cayó, en ese mismo instante, que había sido vapuleado de manera sistemática durante los nueve meses del embarazo y los seis meses de vida de Luca. Un golpe, que podría ser la puerta de entrada a una vida de sumisión, por el contrario, operó como un despertador. Un trampolín para salir de un ambiente que lo oprimía. 
Francisco sintió desolación. Iba a ser papá, algo soñado por él, pero el sueño se transformó en una pesadilla. Tuvo el sobresalto de ser parte de un cuento de terror sin banderitas ni globos.
- Viví "Del crepúsculo al amanecer" durante quince meses - bromeaba años después entre colegas, en referencia a la obra de Quentin Tarantino, que comienza como una road movie y de un batacazo transmuta en un film de vampiros.

***

Los vampiros no pudieron con él. Francisco salió fortalecido, pudo exorcizar los demonios. En cinco años se graduó y tres años después su portfolio contenía clientes de primera línea. Finalmente, luego de varios vaivenes, decidió emprender su propia agencia.

- ¿Estás contento, mi amor? 
- Sí, no lo puedo creer, te juro. Lástima que no pudimos traer a Luca.
- Era obvio que esto iba a pasar. ¡Disfrutalo vos! ¡Ya está!
- Todavía no puedo entender. ¿ Porqué tanto enojo, Sil? Esto es para bien de todos. Para el
futuro de la criatura. ¿Qué pensará esta mujer?
- ¿Querés qué te diga que piensa? 
- Decime.
- Que todo esto lo conseguiste gracias a ella. Que viniste muerto de hambre del Paraguay...
bla, bla, bla. ¡Te va a ningunear como lo hizo siempre, mi amor! Es una psicópata, entendelo. Psi-có-pa-ta - le reveló Silvia, su nueva pareja y accionista.
- Tenés razón, Sil. ¿Tenés un cigarrillo ahí?- expresó Francisco para cerrar el tema. Frank pitó el faso mientras marchaban a la apertura de Abasto Design, la flamante agencia de Diseño Gráfico que abrieron juntos en la esquina de Gallo y Humahuaca.







Ciclo Básico Común