11 de octubre de 2022

EL OLVIDO QUE SEREMOS

 




Mientras le sirvo a Julián unos tostados de jamón y queso escucho a Davoo Xeniexe en su canal de YouTube ¿Qué es lo que seduce a mi hijo ver un chico de 19 años discurrir sobre fútbol en una comunidad virtual? 

David “Davoo Xeniexe” logra hechizar a quien lo ve. El mutismo de Julián, ancho en una de las sillas mecedoras, contrasta con la elocuencia del streamer. Las salidas en vivo por Twitch son de hasta cinco horas. No me quejo, juzgo que es mi manera de conllevar el tiempo de ocio. Miro la grilla del festival Marea y los mensajes de Whatsapp en el fin de semana XXL. Debo confesar que disfruté mucho de compartir y aprender con las master class disparatadas del gran David.

Davoo expone lo que sabe sin solemnidad. En dos "vivos" asimilé nuevos conceptos sobre promedios y estadísticas. “Los chicos después de los veinte minutos se aburren de cualquier cosa” ¿Están seguros? 

Mientras recorto los bordes del pan lactal, escucho una voz personal que me deja en off side. Literal, cringe, bro, épico, hater, play wacho, de rúcula, gracias por la sub; franquean su monólogo que se interrumpe solo para tomar agua de una botella sin etiqueta.


GRIS ATARDECER

Más tarde, sirvo otra ronda de tostados de doble feta mientras el sol cae por la calle Sarmiento. July sonríe. ¿Acaso recibió un mensaje? ¿Estará enamorado? El comunicador 2.0 sabe al dedillo los resortes para pulsar los intereses de un adolescente y amenizar, al mismo tiempo, una tarde de lluvia y frío en Mar del Plata.

Davoo Xeneize no necesita más que un micrófono y quien lo escuche. Es uno de los streamers más reconocidos de la Argentina. Cuenta con más de 700.000 seguidores en sus perfiles. Hace unos días confesó que no tiene suerte con las mujeres y solo le interesa el fútbol. Es vehemente con quienes critican a  Juan Riquelme. Román es su Dios.

Davoo narra historias donde cuesta pellizcar donde empiezan y donde terminan. Julián me pide coca que tenga gas que acompaña con galletitas de chocolate Oreo. Acomoda la almohada que esmeradamente situé para que no se le acalambren las piernas. La adolescencia de mi hijo pateó las puertas del living sin orden de allanamiento. ¿Hay estadísticas y análisis en los streamings? Sí ¿Es entretenido? También. 

Las reacciones de Davoo Xeneixe son la evidencia cabal que los gustos de los hijos son suyos. Siempre hay un momento en la vida cuando la puerta se abre y deja entrar al futuro.








22 de septiembre de 2022

THE CRYSTAL SHIP

 

Antonio Machado trazó en un línea “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” y aquel que recorrió años erráticos entre pensiones cuartos de hotel mirando Crónica TV sin volumen, apurando una cerveza tibia, podría entender al poeta oriundo de Sevilla.

Cuando trabajé como periodista parlamentario en el Congreso me decían: sultano reporta a mengano pero tiene "puerto" en perengano. Hoy, lejos de los pasillos del palacio, juzgo que un puerto es morada encantadora para un alma cansada de las luchas de la vida. 

Vuelvo al puerto de Mar del Plata, hace 100 años se encendía el motor de la ciudad. El movimiento de ascenso y descenso del nivel del mar continúa en marcha. Lo contrario al agua estancada. El agua del océano se agita, nos sacude, nos interpela en invierno, nos activa en verano. Por eso, cuándo nos quedamos solos, ante la quietud, ante un corazón que deja de latir, las olas se siguen allí, moviéndose. Por eso visito a los lobos marinos en su hábitat, un emblema que se mueve en oposición a los lobos solidificados de la Bristol. 

Mi madre me inclinó a regresar a la Feliz. Mientras acondicionaba mis enseres ella se tomó un buque sin boleto de regreso. Ella siempre volvía, ella siempre pegaba la vuelta. 

Tengo la esperanza que de tanto comerme con la vista el mar ella aflorará en el horizonte. “Estas en el borde del continente” me dice Camilo. Es cierto, el poeta siempre acuna una verdad.

Mi primer juguete fue un barco de papel. Un galeón que abordaba el cordón del pasaje Púan hasta disipar su travesía en el sumidero de la calle asfaltada. Me gustaría regresar embutido en la pluma de Melville al barco ballenero comandado por el capitán Ahab, atrapar a Moby Dick, sin importar la suerte que pueda correr mi pierna.



BARCOS INALCANZABLES

El barco pirata de los Playmobil fue el viaje a Disney de la primavera alfonsinista. Puerto se llamaba el boliche Chiclana y Pirovano dónde ella me miraba, yo la miraba y hasta que un día nos miramos al mismo tiempo.

A poco menos de un mes de la celebración de “Marea Puerto”, a 100 años del primer desembarcó en el Puerto de Mar del Plata, tiramos nuestras anclas para detenernos a pensar ¿Quién desembarcó primero? ¿Qué hecho fundó lo que somos?, ¿los linajes o los caídos?

Un barco encallado es un buque que no navega. Hoy, si me quitaran el aire no solo no podría respirar, si me quitan el micrófono permanecería zozobrando un nuevo feriado marcado en el almanaque. 

Vivimos en una era inalámbrica, los responsables de que tengamos Internet en casa siguen siendo más de 1.000 millones de metros de cable submarino. Sí, estamos hipercomunicados. Sin embargo, al pensar en tantos cables bajo el mar, cavilaba sobre la conversación entre tres tripulantes de la embarcación a mar abierto en la película Tiburón. Uno de los momentos más extraordinarios de la historia del cine. El peligro acechaba debajo de la barca y ellos discutían de chucherías.

La embarcación no era lo convenientemente fuerte. El personaje interpretado por Robert Shaw finalmente fue devorado por el tiburón. Esa escena custodió mis noches desde el año 1984 hasta estos días. El implacable cazador de tiburones Sam Quint acabó con el escualo que amenazaba las costas que terminó con su vida también. Sus compañeros de aventura, Martin Brody y Matt Hooper tenían una familia que los esperaba. Al navegante experimentado lo aguardaba la confusión, una cerveza tibia, el fulgor de un televisor sin volumen y un colchón sin frazadas. De esto se trata, que alguien nos espere. 

Anoche, mientras el sueño oponía resistencia repasaba pensamientos aleatorios y llegué a la conclusión que desembarcar y hundir los pies en la arena para perderme en la belleza del océano; eso es ser libre. Hace 100 años y ahora también.












11 de septiembre de 2022

PALABRAS HABITUALES


"Toda mi vida aspiré a inventar un género que tuviera algo de ensayo y algo de cuento, algo de poema y algo de confesión, más o menos breve y muy libre, en tono aparentemente melancólico pero envuelto en ligero humor, recurriendo a citas de conocidos y desconocidos que existieron en la realidad o no, con un estilo perfecto pero que no se note o que incluso parezca descuidado, como redactado por alguien que lo hiciera para cumplir un requisito que no puede eludir. Borges lo definió a su manera: "Preferir las palabras habituales a las palabras asombrosas, intercalar en un relato rasgos circunstanciales, simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es, narrar los hechos como si no se los entendiera del todo, recordar que las normas anteriores no son obligaciones y que el tiempo se encargará de abolirlas"

 


     Una suerte de manifiesto de Augusto Monterroso citado por Juan Forn


22 de agosto de 2022

FELIZ CUMPLEAÑOS, SALMON

 

“Calamaro es como Bukowski. Uno lo lee y dice: así escribe cualquiera. Un poco de sexo, un poco de alcohol, trabajos mal pagos, frases cortas. Y lo intentás, obvio. Y te sale una mierda sin nombre”











17 de agosto de 2022

HITOS

 1

Cuándo eras más chico, mamá te venía a buscar. Debo reconocer que en términos de logística era cómodo y simplificaba nuestro traslado. Bajábamos dos pisos por escalera (¿Acaso allí aprendiste a contar hasta 24?), con tus muñecos, la mochila y tus hoyuelos.

Te ibas despaciosamente. Al regresar y subir los dos pisos me encontraba con otro lote de juguetes que habías dejado. Si digo que era mucho por ordenar, estaría exagerando. Con vos allí, una noche me ganó la ansiedad. Fue el 25 de mayo de 2010. Tenías dos años y medio. Cenamos fideos tirabuzón con manteca, un poco de aceite y jugo Tang. Tenía un pañal en la recamara. Suplicaba que esa noche no lo necesitaras.


2

En la televisión de catorce pulgadas transmitían el festejo del Bicentenario. Lo miraba con cierto recelo. Hacia dos meses había formado parte de una agrupación que me convocó como tutor de una Escuela de gobierno. 

Señores con sus morrales curtidos, progresismo sobreactuado y plazos fijos voluminosos. "Los pibes por la liberación" de manera unilateral decidieron no pagarme, luego de un trabajo a destajo por toda la provincia de Buenos Aires. —Es por incompatibilidad con tu trabajo en ciudad — me dijo alguien que aspiraba ser Ministro de Gobierno y administrar "la viva" de 135 municipios. Hoy reposa en el ostracismo. 

Terminamos de cenar y decidí lavar un plato verde de plástico de Ben 10. Quedaban unos pocos fideos, yo quería dejarlo limpio para cuando te fueras. No era porque me diera flojera hacerlo, sino porque no quería dejar nada tuyo por limpiar. Ver tus cosas me partía el alma.

Las Pelotas tocaba su hit "Será" en el escenario de la 9 de Julio. La multitud coreaba el estribillo. En ese momento, escuché: “ma itos” y te pregunté “¿caballitos?” No, no. “itos” Querías decir "más fideítos".

Saqué los fideos del tacho de basura. Enjuagué lo que había tirado. Lo calenté en una olla mientras los juegos artificiales iluminaban el obelisco, al tiempo que comías con cierta desconfianza. Me sentí digno. 

Se termino el horario de visita y te vinieron a buscar. Al subir, vi a Woody y Goofy desparramados en el piso de parquet. Me desplomé en la única silla firme y me quedé con los hombros hundidos sobrellevando el vacío de tu ausencia.

Un día el auto de mamá dejó de venir. Al tener que llevarte las visitas sufrieron un ajuste. El régimen seguía siendo el mismo y el viaje nos consumía una hora para ir y otra para volver. Nos pasábamos dos horas arriba del colectivo. Sin saberlo, amortiguaba el dolor ¿Y por qué digo amortiguaba? Porque te contaba cuentos, aprendí a disfrutar del viaje como parte de una visita pautada en un escritorio.

Con la llegada de mi primer o Km nuestra situación cambió. Tenía que manejar atento al tránsito, a los camiones en la ruta 2 cuando viajábamos a ver a la abuela a Mar del Plata. Se acabaron los cuentos. ¿Acaso realmente progresamos?

 

3

Anoche viajaste sólo a Buenos Aires por primera vez. Pasamos un fin de semana largo increíble. Vimos y vivimos juntos: Liverpool vs. Crystal Palace; Almirante Brown vs. Ferro; Chelsea vs. Nottingham Forest; Chicago vs. Morón; Racing vs. Boca. ¿El mar? Bien, gracias. Anoche, con tu bolso de mano y un folio con tu certificado de nacimiento viajaste solito con destino Dellepiane.

La gestión de anoche también simplifica pasos. Con dos boletos; uno de ida y otro de vuelta, estuvimos juntos otra vez. Al salir por Luro súbitamente, sentí frío. Me froté los tobillos y las rodillas. Golpeé las manos, (ninguna mano aplaude sola) Frente a la pared principal de la terminal, sacudí los brazos como un espantapájaros. Luché con la rapidez de mi sombra y después recité de un tirón: “Para entrar en el reino de lo cálido tenemos que aprender a salir de la frialdad”.

Sentí una estocada en medio del pecho. Quizás, viajar juntos hasta Buenos Aires amortigüe el dolor, ¿Acaso viajar es amortiguar el dolor? Antes de tu partida, subí al micro con la impunidad de los padres empalagosos que seguimos tratando a nuestros hijos como si fueran niños por siempre.

 

4

Te di un abrazo. No me importó que tuvieras vergüenza. Te di un beso y no me importó que te diera calor. Se me cayeron dos lágrimas y no me importó que me vieras emocionado. Bajé, el micro salió a horario. Le dije al chofer — es la primera vez que viaja solo — Al matrimonio que estaba al lado tuyo le dije — lo miran, viaja solo por primera vez.

Una chica muy bonita no me perdía de vista mientras despedía a su novio indiferente más pendiente de sus auriculares que de su novia. Le habré causado ternura porque cuando el micro se alejó, lloré como no lo hacía hace mucho tiempo.


5

 Cuando el micro arrancó. Te vi en el reflejo de la ventanilla y sentí un hueco en el pecho indescriptible. Sonaron Las Pelotas por el altoparlante y recordé a cientos de miles de personas en el obelisco cantando y saltando en el festejo del Bicentenario. 

Me vi con 16 años pogueando con “Shine” en las Fiestas del Condón Clu. Éramos pocos, lo sé. Ahora somos menos, sin Biain e Higuain en el fondo, me toca agarrar la cinta de capitán. Espero poner una pelota en profundidad, que salga una diagonal para que todos los goles ahora sean tuyos y ya no tengamos que levantar fideos del tacho por la incompatibilidad de distritos.







16 de agosto de 2022

¿ESTÁS EN COMPAÑÍA?

 

Anoche soñé con vos,

la ruta 88 recorrías

envuelta a tu sonrisa

y tu melena enrulada, ambarina.


Paraste en Quequén,

el narrador lo sabía, 

En el ensueño

me pregunté:


¿Por qué el guión me ignora?

¿El titiritero del inconsciente me esquiva?

¿Volviste de Neco? ¿Estás en compañía?


Ring









29 de julio de 2022

MIRALA QUE LINDA VIENE

 




Mirala que linda viene

Mirala que linda va

Es la banda de Boedo

Que al Ciclón viene a alentar.

No me importa donde juegues

Siempre te voy a seguir

Yo lo quiero a San Lorenzo

Y por él voy a morir.




10 de julio de 2022

RETORNAR


1 Al salir a dar una ojeada por la ventana puede florecer el amor. Es un reencuentro entre los ojos y la supremacía de la naturaleza. ¿Pero acaso los árboles, las nubes y las almohadas nos abrazarán un domingo a las 7 pm?

Lo que diferenciamos con la mirada es solo un recorte. Cuando los sentidos se conectan con el corazón, un sentimiento repentino e inusitado decide por nosotros y la razón queda a un lado. Y allí, nos acomete un soplo divino y volvemos a sentirnos vivos. A abrigar una sensación: podemos volver a empezar.

2 ¿Por qué escribimos? A veces las letras a pisar el papel son como una marca de fuego que cauterizan una dolencia. Impactan sobre la hoja en blanco y reproducen lo que las palabras reprimen. 

Vuelvo al domingo, el día esperado para descansar, de aquellas mesas largas y familias numerosas.

Hoy, la misma mesa se redujo y muto en una habitación en penumbra con el televisor encendido y una película de I sat que se repite en un scroll iluminando el rostro. La agitación de volver a empezar nos devuelve matices y nuevas pinceladas sobre un lienzo que fue gris. 


3 ¿Cuál es la manera más sincera de hacer saber lo que sentimos? Alguien me dirá, con los hechos. Pero no es tiempo de teorías ni de credos, es tiempo de amar con el corazón en la mano.

Las ideas que buscan acomodarse para darle formato a un programa de radio, conspiran con el hecho lúdico de exponer sin filtro. Y allí, donde las creencias y los prejuicios se desmantelan, reaparece un decir que poco sabe de discursos. Que se manifiesta en una mirada, en un roce, en un jugueteo, en un aire familiar que nos reubica en la mesa donde fuimos felices. Cuando no se pueden decir las cosas, las miradas se cargan de palabras.


4 Es difícil escribir sin bocetos, que el texto sea tal cual salió a la luz. Pero más difícil es bajar la guardia y entregarse al deseo más profundo de dejarse llevar por el primer impulso.

¡No seas impulsivo! nos grita el capitalismo al mismo tiempo salimos a comprar sin pensar en intereses ni usuras.

¡No seas impulsivo! nos dicen nuestros padres cuando llegamos a casa con un moretón en el ojo después de una paliza.

¡No seas impulsivo! nos expone nuestro analista ante cada desamor. Pero el corazón, que siempre renueva sus pujanzas, nos invita a salir al ruedo porque allí es donde habita su razón de ser.


5 Un corazón con curitas sabe de desencuentros, pero no es rencoroso. El rencor es primo hermano del desamor. Y en cuestiones de amor, la relación filial siempre flaquea.

Miguel Unamuno decía que un libro debería despertar en el lector el deseo. ¿Será que una novela nos eleva aún más a la llamada realidad? Sin una dosis de ficción, la vida se vuelve muy hostil.

6 ¿Cuál es el momento conveniente para el amor, para el deseo, para la pasión? Creo que en la pregunta está la respuesta. Es ahora. En el amor no existe el libre albedrío, nadie puede decidir de quién va a enamorarse. El campo fértil se vigoriza con las lluvias, ¿el momento de entregarse al amor llega después de las lágrimas? Ya no es tiempo de lamentos. Es tiempo de acción. De actuar para poner en movimiento las emociones y dejarnos llevar.

7  ¿Qué significa dejarse llevar? Es soltar los miedos, es pensarse de a dos. Es entender que la habitación en penumbras se enciende con un aroma renovado, una música con acordes de esperanza.

Y el roce de las sábanas en soledad trasmuta en caricias que entibian la piel con el calor de una presencia real. Volver a asomarse a una ventana sin rejas, sin telenovelas de la tarde y los ojos que al salir al mundo insisten que todo susurro es un mimo, que todo encuentro es un reencuentro.

 



5 de julio de 2022

ME GUSTARÍA

 

 

Hola soy Raulito, Raulito de 9 años. Es un trabajo para el colegio. Me pidieron que le escriba al hombre que seré cuando cumpla 45 años. No escribo nunca, me da vergüenza y mi letra la entiendo yo y mi mamá. Nadie más.

Bueno, no sé cómo empezar. ¿Cómo será la escuela, el pizarrón y las seños? ¿Habrá recreos de una hora? ¿Te imaginas? Capaz seas un cyborg con ojos computarizados que lee todo rápido, memoriza sin estudiar y salva al mundo de una invasión extraterrestre, ¿te imaginas? Ya puse “te imaginas” dos veces.

 

Me gustaría tener algo de robot para no ponerme triste cuando mi papá mira a San Lorenzo y se enoja con la tele. Me gustaría ser un robot para cargar en un brazo mucha coca como cargan nafta los autos y una pajita larga para tomar todas las veces que quiera.

Me gustaría tener muchos australes y comprar coca chiquita de vidrio y porciones de pizza.

¿Tenes una casa? ¿Tenes un perrito? No sé si serás un papá, porque a mí me gusta jugar mucho y los papás no juegan mucho.

Con 45 años capaz tengas bigotes, y los señores de bigote no juegan. ¿Alfonsín jugará a la bolita?

 

Cuando voy a la casa del Erni pregunto: ¿Juega el Erny? ¿Y vos? ¿Cómo preguntas a tus amigos si juegan?

Me parece aburrido el juego de juntarse, tomar vino y al rato ya no son como antes de tomar. Se ponen raros y se ríen de unos chistes que no entiendo.

 

¿Trabajas? ¿De qué?

Un trabajo es algo aburrido. Capaz que cuando cumpla 45 hayan inventado una máquina que tenga un botón para volver a tener 9. Está bueno el 9, como la camiseta de Perazzo.

¿Voy a jugar a la pelota? Estaría bueno.

Yo no quiero dejar de correr. Los muñecos de la guerra de las galaxias y los de He-man los quiero tener siempre. No me gusta este trabajo de la escuela porque no quiero perder a Man-At-Arms, no quiero que mi mamá sea una abuelita.

No la imagino tejiendo en una silla tomando la leche con flautitas.


 

Dibujo que guarda mi papá en la carterita 

Lo único que quiero es tener 25 para manejar una nave como Donovan. No quiero tener otra novia que no sea Andrea Ducrey, no quiero que tiren mis juguetes. ¿A quién le podes avisar?

Quiero dibujar todo el día. La abuela Gregoria puede cocinar algo rico y yo dibujar lo que ella me pida. Para ella soy el mejor dibujante de todo el colegio.

No quiero ser pelado. Los pelados son todos iguales y yo no quiero ser igual a nadie.

 

6

Ya nadie me dirá Raulito. Mi papá se llama Raúl también y tiene 39. En el barrio le dicen Don Raúl. Mi papá es Don. Es lindo ser Don porque los nenes te preguntan cosas y esperan la respuesta o australes para comprar golosinas. Si sos Don podes golpear la puerta de la casa de Doña Marta para buscar las pelotas que hay en su patio.

 

7

Cuando tenga 45 mi mamá tendrá 71 y mi papá 75. A mi mamá la imagino con 100.

Yo no me voy a casar, voy a escribirle cartas a Andrea cuando tenga linda letra y así seremos novios. No me animo a besar. Luisito me dijo que el besó, pero antes masticó dos bazzocas de frutilla. Voy a cuidar a mi mamá. Le voy a cortar las milanesas chiquitas para que las pueda masticar.

 

8

No me gustaría que seas malo, triste y egoísta. No me gustaría que seas de Control o hincha de Iván Drago o policía o fan de Menudo. No me gustaría que mires películas aburridas.

No me gustaría que dejes de dibujar y jugar a la escondida. Me gustaría que te escondas igual. Aunque no cuente nadie. Que te rías siempre y tomes Nesquik. Que hagas globos con el chicle. Que sigas escondido hasta que salgan a buscarte los pibes de la cuadra. No quiero ser grande. No me gustan los grandes. Nunca se ríen.

 

9

Le tengo miedo a la noche. ¿Cuándo tenga 45 podré dormir sin la luz prendida?

Me gustaría tener algún superpoder. Ser del equipo del palacio de la justicia. ¿Podré entrar? No quiero que sepan que tengo miedo a la oscuridad. Me gustaría tener rayos laser en los ojos para alumbrar la pieza y ver detrás de las paredes, como la canción.


10

Me gustaría que no tengas más vergüenza. Me gustaría que le ganemos siempre a Yupanqui en cancha de ellos. Me gustaría hablar en inglés. I would like you to have no more shame. I would like us to always beat Yupanqui on their court. I would like to speak in English. Que le pueda decir a Andrea que tiene los ojos más lindos del colegio. En el viaje de egresado de séptimo me gustaría darle un beso. Me gustaría que seas muy fuerte. Que levantes el brazo con el poder de Grayskull.

Me gustaría que seas como mi papá…

 

 


 

23 de junio de 2022

ESTAMOS UN RATITO



Cuando alcanzas un título pensas que al día siguiente de la colación te van a llamar para contratarte. «Bueno, ahora sí. Voy a comenzar a ejercer mi profesión, ganar buena guita...» hasta que la realidad te pega un bife y te manda a la cucha sin postre.

***

Llegué de Mar del Plata en el fatídico 2001. En mi primer trabajo como diseñador nos despidieron sin cobrar. Me llevé un disco rígido y un mother como parte de pago del engendro “Cyber Baires”. Un cyberantro de la calle Florida donde diseñábamos páginas web.

***

Desalentado ante la mala experiencia y cansado de dejar CV´s, decidí gestionar mi pasaporte con la idea de irme a la mierda. En esos días, mientras esperaba el "librito" de la calle Azopardo, arribé de carambola a Promoción Social para cargar datos de un censo. Un trabajo por dos meses, donde cobraría $200 por mes. La crisis era apremiante ¿Qué carajo iba a hacer después de esos dos meses? Estudié la movida y resolví comprar un libro usado: Microsoft access 2000.
Durante semanas leí tutoriales sobre lenguaje de programación y javascript. Asimilé algunos conceptos básicos sobre el armado de una base de datos. Después de algunos meses, se creó un nuevo programa por Decreto ¡Bingo!
Decreto 895/2002. “SE MODIFICAN LOS PROGRAMAS DEL GOBIERNO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES, DESTINADOS A LA ATENCIÓN DE FAMILIAS EN SITUACIÓN DE CALLE - SE OTORGA, POR ÚNICA VEZ, UN SUBSIDIO CON FINES HABITACIONALES”

***

Junto a dos compañeros nos encomendaron la tarea de administrar la nueva base. Acepté. ¿Por qué no? Bajamos tres pero había una sola silla. Otra vez me garcaron — pensé. Era contratado, no tenía margen. Debía sacar el bastón de mariscal de la mochila y comenzar a trabajar sólo.
Verónica Candarle, a quien ya conocía, fue la encargada de programar la flamante base del “895”. Base que se sigue utilizando hasta nuestros días. Ella me instruyó para operarla. Mi aporte fue más estético que práctico.

***
Verónica era generosa con su saber. Fumaba Camel. Me dejaba dos puchos debajo del teclado, conociendo mi situación. Ella era una mamá enamorada de su bebé. Siempre me hablaba de Matías, su hijo. Yo con mis cortos 24 años estaba acorralado entre el escollo de un nuevo desafío, el remordimiento de haberme quedado en Argentina y la falta de huevos para buscar otro horizonte.
Gracias a su ayuda aprendí poco a poco un oficio: Analista / Programador. Una tarea que realicé con dedicación desde el 22 de agosto de 2002 hasta que un compañero asumió como Director, me nombró y me fuí sin pensarlo dos veces. Pero esa es otra historia.

***

A Vero la llamaba seguido. Primero desde el playón, más tarde desde la oficina 3, en la planta baja. Ella bajaba dos pisos sin evasivas ante cada contrariedad con los cruces de tablas, algún error en las consultas o la repetición de un número de comprobante para que Irene de contable no se me enoje.
Todavía atesoro un dibujito de Maty, el más grande de sus tres hijos, cuando visitó la oficina. Guarde todo. En especial el recuerdo de quienes me tendieron una mano cuando hacía gluc gluc.
Vero sabía de verdad. Se tomaba el trabajo con seriedad. Siempre con su sonrisa como primoroso realce de su semblante.
El país ardía y renovar el contrato era una proeza sobre todo para quienes teníamos la capacidad de laburo como único know how. En 2001 nuestra subsistencia laboral se abrazaba a un disquette de 3 ½.
“Raly, estamos un ratito” me dijo Camilo Sánchez hace unos meses en la radio y hoy lo entiendo más que nunca.


QEPD




ESCUCHAR NO ES OÍR

 

Pensaba en los cinco sentidos, los mismos que durante una enfermedad como el covid afectó a millones de personas: la nariz, por donde se perciben los olores; la lengua, con la que se distinguen sabores. La piel, que permite el tacto; los ojos, que proporcionan la vista y los oídos, que además de captar los sonidos controlan el equilibrio.

Y me voy a detener en este último. ¿Por qué? Porque en la cerrazón de mi habitación sobrellevé la desolación de las pérdidas. La luz tenue del velador afirmado en el piso fue la única irradiación que mis ojos soportaron. En mi reclusión no necesité percibir los olores ni los sabores pero si precisé de los oídos para escuchar canciones que mitiguen el dolor.


Recordaba, cuando aún iba a correr, que precisaba de los auriculares para avanzar con más impulso. Necesito musicalizar los momentos. Podría hacer una curaduría de canciones para trotar, para elongar, para diferentes momentos del día. Lo que hoy se hace en un minuto a través de los playlist en Spotify lo hacía desde chico en cassettes TDK.

 

No soportaría quedarme sordo. Porque es mucho más importante lo que me queda por escuchar que lo que me queda por decir. Somos cada vez más lo que necesitamos hablar, pero me pregunto. ¿Cuánta gente está dispuesta a escuchar? Se me dirá que para ello están los psicólogos, los psiquiatras, los pastores, los taxistas. Hablo de una escucha con las cartas boca arriba, con todos los sentidos.

La virtud central de quien sabe conversar es la memoria, poder ir profundizando y adaptando las preguntas y comentarios que le hace al interlocutor. Las personas que no retienen siempre te conversan genérico y no hay ocurrencia que compense eso.

Se escribe más de lo que se lee, se habla más de lo que se escucha y creo que podría quedarme mudo pero ¡por favor no me quiten la posibilidad de captar los sonidos!

Recuerdo la respiración de July cuando se quedaba dormido con su boca apuntalada en mi cuello. Mi hijo soltaba un aire tibio con esencia a mamadera. Un eco que perdí, un retumbo combinado con el tacto. Cómo las olas que rompen en la escollera es una resonancia que además rocía la piel.


La canción es la misma

Extraño las voces de mamá y Pancho. Extraño mucho el hit de nuestros encuentros: las sobremesas. Allí se conversaba y disfrutaba muchísimo de la escucha.

Ir a un shopping o andar de compras nunca fue nuestro yeite ¿Qué hago con las cosas compradas si la gente que quiero no estará más para conversar?

Esas pilchas que nos hicieron felices hasta la puerta del shopping o el día del estreno tienen decenas de lavados en el lomo. Han perdido la tonalidad y el hechizo de ser la primera vez en ser usadas.

 

Vuelvo a los sentidos

Los síntomas más habituales del covid son la pérdida del gusto o del olfato. Los síntomas más habituales para mi desde hace un año es la pérdida de dos voces. A medida que pasa el tiempo las extraño más y más. Y no hay tratamiento, por milagroso que sea, que las restituya. Si bien oigo perfectamente, no escuchar esa lexía fascinante es una sordera parcial y crónica que jamás recobrará la musicalidad.

Es cierto que algunos oyen con las orejas, algunos con el estómago, algunos con el bolsillo y algunos no oyen en absoluto. Por eso se extrañan tanto a quienes oían con el corazón. En unos años podremos hacer un análisis más fiel de que fue lo que perdimos en medio de ésta plaga.

Me empeño en decir que no soportaría quedarme sordo. Porque es mucho más importante lo que me queda por escuchar que lo que me queda por decir. 

Cuando era niño, a mamá le preocupada que yo no hablara, porque me pasaba horas dibujando. ¡Que egoísta es pensar que mientras mamá agonizaba se iba la última persona que se preocuparía por mí! Cuándo murió supe que nadie sobre la tierra se preocuparía por mí cómo ella. 

Por todo lo expuesto quiero vivir muchos años, como Margarita (98) y Rubén (96), para que desde una reposera y un bastón auxiliándome pueda escuchar a Julián con atención:

-     No sabes lo que es esta chica, es distinta a las demás, la quiero. La quiero en serio.

-     Pa, ¿vos crees que San Lorenzo volverá a la A alguna vez?

-     ¿Por qué no me hablaste de Lou Reed?

Yo quiero escucharlo. Creo que no tengo más nada que decirle. Ahora será la vida, el destino y el devenir los que dialoguen con la época. Solo quiero estar, que él sepa que estoy. 

No me priven de escuchar, no me dejen sin la última canción, ya lo mencionaba Nietzsche cuando dijo que «la vida sin melodía podría ser un error»

Cada martes voy a la radio porque me ayuda a pensar si soportaría quedarme sordo. Porque en la oscuridad de mi habitación de persianas obstruidas resistí la desolación de las pérdidas repentinas, y una luz tenue del velador afirmado en el piso fue todo mi albor. 

Hoy un fulgor purpúreo alumbra el estudio de Vinilo, porque Ale Avancini hace la seña que estamos al aire, porque en definitiva lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa.





5 de junio de 2022

SOBREVIVIR EN CUARTO CRECIENTE

 

Si me hubieses dado una señal, hoy probablemente desfilaríamos por Mar del Plata con nuestras mochilas hartas de cenizas pero viviendo un gran amor.

Cuando supe de la muerte de tu mamá fue la primera vez que lamenté no estar a tu lado para abrazarte en silencio. En tu hilo de voz divisé un niño resquebrado, desprovisto, vulnerable. Al cortar fui hasta el baño, no estaba sola. Lloré mucho, muchísimo.

Me pregunté ¿Debo agradecer o maldecir este aguijón de profesar un amor a pesar del tiempo pasado? Nunca conocí a un tipo que sienta tanto fervor por su madre. Cuando te conocí te juzgué tan sólido y a medida que te descubrí pude ver a un hombre poroso, endeble.

Cuando supe de la muerte de tu mamá quise secar tus lágrimas. Hoy voy a dejar brotar las mías que emergen de mi alma que llora, porque no quiere estar sin vos ni un día más.

En esas horas de desamparo, padecimiento, súplicas y desazón me hubiese gustado tener el arrojo de largar la guardia e ir corriendo a tu encuentro. No sos de los tipos que una podría pensar como protector y sin tu mamá temí que hicieras alguna locura.

Cuando lo supe entendí que era el momento para confesarme. ¿Estuvo mal enamorarme justo de vos? El amor cubre multitud de pecados ¿sabes?

Cuando te empecé a querer mi sustancia inflexible y puritana se arqueó. ¿Por qué no eras cómo los demás? ¿Por qué no hablabas de fútbol y marcas de autos? ¿Por qué cocinabas tan rico? ¿Por qué? Solo vos sabías cómo endulzaba el té. Un detalle hace la diferencia. Una cucharada y media, ni una ni dos, una cucharada y media. Dormías poco y sin embargo siempre estabas atento a los pacientes y registrabas todo por mínimo que sea. Eso hizo que robes el corazón. Me equivoqué. Hasta yo, o sobre todo yo, me traicioné.

Cuando creí que había formado una familia descendiste a las guardias con tu bonhomía, con un hachazo en el ojo y una Flor en el ojal.

Cuando supe de la muerte de tu mamá deliré que te aplastabas en remolinos confusos rodeado de tiburones. Vi tu desesperación. Quiero no quererte y solo puedo amarte.

Cuando lo supe quise olvidarte pero vivís en mi mente. Te dieron en tu línea de flotación. Como en la batalla naval, ¡Averiado! ¡Tocado! ¡Impacto! Quise estar a tu lado para que no te hundas.

Cuando supe de la muerte de tu mamá, recordé cuándo la conocí en el Hospital Interzonal. Tan amable, tan cortés. Me habló sólo de tus proyectos. Mientras le prescribía una receta de Api xa bán supe que tenías un hermano que estaba de viaje. ¡Qué orgullosa estaba de vos!

Cuando supe que ella sucumbió, tuve el presentimiento que el ritmo de tu vida transfiguraría de manera tajante. Cómo cardióloga conozco de pulsares y sé que tu mamá era la que ideaba tus aspiraciones.

¡Sabes las ganas que tengo de hablar de lo que perdimos, de lo que nos mantiene vivos! EXTRAÑO CONTARTE TODO. De nuestros miedos, del paso del tiempo.

Estoy de franco. Mis hijos escuchan el Noba a todo volumen, "tamos chelo" y yo, yo necesito verte. Ella se fue en tus brazos y vos sin amparo.

Algún día me gustaría que me cuentes lo duro que habrá sido el momento de saberse en el irse a fondo SIN SABER HASTA DONDE.

Limpiar, acomodar, seleccionar, tirar, conservar, regalar, dejar en stand by, pensar qué hacer con las fotos, meditar, llorar, llorar más, guardar, dejar, donar, dudar. Y amar en medio del dolor.

¿De dónde te sostuviste? ¿Cuáles fueron sus últimas palabras? ¿Cuál fue SU último destello de conciencia?

No tuve la oportunidad de decírtelo pero yo no busqué enamorarme, ¿Sabes? sucedió. La médica y el enfermero juntos. It's crazy, but every day I think of you. You are the reason of my life

Me hubiesen importado un carajo las críticas. Sabes las veces que me pregunté ¿por qué no fuiste vos el hombre de mi vida?

Cuando supe de la muerte de tu mamá caí en la cuenta que nunca pude poner en voz alta lo que siento por vos. Nada pretendo en esta revelación si no es desnudar mi garganta.

Fuiste tan inocente que no te diste cuenta. Eso me enamoró aún más. Tu decoro fue el carburante para activar el motor de mi entusiasmo. Estabas hecho a la medida de mis fantasías y cuando comenzaste la residencia en el CAPS fue el principio del fin.

Cuando supe de la muerte de tu mamá me pregunté ¿Qué te queres llevar, Lu? ¿El amor de tus hijos, viajar, dinero, tu propia clínica, el amor de un hombre? Es increíble porque sos un caballero que jamás me dijo un piropo como los otros enfermeros.

Cuando supe de la muerte de tu mamá quise escribirte mucho más que un mensaje de Whatsapp. Las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia.

En esos días repetía de memoria el momento que Robert le dice a Francesca en los "Los Puentes de Madison".

 — No quiero necesitarte.

Y ella le pregunto — ¿Por qué?. Él le respondió no sin tristeza — Porque no puedo tenerte.

Han pasado nueve años y ni un solo día he dejado de pensar en vos. Es algo que no he podido superar y me impidió amar incondicionalmente, porque no me despedí. Nunca me despedí de vos. Me negué a decirte adiós, dejando siempre una puerta abierta. Una posibilidad. Una esperanza. Un futuro.

Cuando era joven tendía a asumir que habría muchos hombres con quien tendría una conexión. Después me di cuenta que eso sólo sucede un par de veces en la vida. Todo lo que pensé decirte lo arrojé por inservible. No quiero ir nada más que hasta el fondo. Mi amor en harapos voló durante mucho tiempo como un paquete absurdo y nauseabundo. Desde entonces, sin vos el sol cayó como un muerto abandonado. Cuando supe de tu partida, la muerte me pidió una audiencia. Desde entonces no vivo, sobrevivo en cuarto creciente.






7 de abril de 2022

SOLTAR LA BRUJULA

 

 

Corría el verano de 1986. Por un lado Jesús Rodríguez, diputado nacional y por otro, Tito Pandolfi, un referente de la circunscripción 22, tramitaban a través de la Secretaria de Deportes la posibilidad de viajar a Mar del Plata la a muchos pibes de los clubes de la zona más pobre de Capital Federal.

La Ciudad Feliz era la meca: el escenario de las copas de verano, los partidos heroicos de Boca-River, la chilena del Enzo a Polonia, los Abuelos en Latex, Sumo y Virus en el Rock in Bali. Sobre todo el mar. Llegar al mar.

Debo confesarles que con la comitiva de clubes no alcanzamos el estadio mundialista ni los lobos marinos de la Bristol. Llegamos a una especie de Sunny Side. ¿Recuerdan esa guardería de Toy Story 3 donde todo un paraíso de juguetes? Eso sí, mucha amabilidad en el recepción y después, la realidad.

El asilo Saturnino Unzue fue nuestro Sunny Side, sin Loxon ni Bebote, con la promesa de bañarnos en el mar. Como Ricardo en el Docke preguntando por el Pollo: cuando venció la noche todo fue diferente.

 

Habíamos llegado al antiguo hogar para niños y niñas pobres. Tenía nueve años, ese verano cumpliría los diez.

Recuerdo que por las noches una celadora recorría los pabellones y con un palo aporreaba las varillas de los caños de las camas cuchetas. El mensaje era categórico: había que hacer silencio y dormir. Recuerdo que la comida era escasa. Al mar no lo veíamos ni en figuritas.

 

Junto a Pochelo de José Soldati e Ismael de Lomas de Lugano, solicitamos llamar a nuestras casas. Nos llevaron hasta un teléfono semi público. ¿Se acuerdan que el comisionado de Ciudad Gótica tenía un teléfono rojo que era atendido directamente por Batman?

Disqué 11 6225790, cuando escuché la voz de papá sentí que recuperaba la infancia perdida.

Aquella experiencia en el asilo Unzue estampó el verano del 86. A partir de allí, comencé a valorar las milanesas con puré, las sábanas estiradas y el esfuerzo de los Camboyanos por no irnos a la B.

Después de cuatro días de tormento retornamos a Buenos Aires en tren. En Constitución salieron a nuestro encuentro los familiares de los que pudimos volver. Los otros chicos tuvieron que esperan hasta el final.

Luego llego el fatídico verano del 88, que tan bien retrata el escritor Camilo Sánchez en su libro “La Feliz”. y así con ese sabor amargo terminaban los ochenta.

La paciencia y la oportunidad. Todo llega cuando tiene que llegar.

 

 

LOS NOVENTA

Cuando promediaba la década del noventa retorné a la ciudad después de los Juegos Panamericanos del 95. Mientras canal 8 emitía “Botones y moños” y el canal 10 repetía la programación del 13 de Buenos Aires.

Mar del Plata me sumergió de lleno en la lectura. Escribía cartas, quizás mis cuentos nacieron cuando de modo usual concurría a la agencia de correo de Rawson y Sarmiento y allí despachaba cartas donde narraba mi pitanza marplatense: Los Redondos en Go!, Dolina en el Torres de Manantiales, las clases en la Escuela de Artes Visuales Martin Malharro, donde conocí Majo, un amor en esos inviernos crudos a fuerza de pedal.

Escribir sin formación académica me proveyó la impunidad de los autodidactas, que dibujan sin saber hacia dónde ir en el papel. Me formé para dibujar reconociendo técnicas, conjeturando donde ubicar una figura, donde componer la tensión, el contraste y sin embargo mis ilustraciones eran deslucidas, sin vida, sin tono.

 

LOS 2000

En la primavera de 2002 Seba Mulero, me propuso abrir una cuenta de Hotmail para chatear por el extinto Messenger y allí parloteábamos horas.

Seba ya residía en Barcelona, ciudad que sería mi próxima estadía si no fuera por una posibilidad de laburo y la enfermedad de papá. Permanecí impasible con el pasaporte en la mano y opté con la cabeza de burgués mesurado y temeroso, la posibilidad de un trabajo seguro ¿seguro?

Seba, desde Cataluña, fue el faro para cifrar mis días post 2001 donde se me quemaron los papeles y con título de ilustrador profesional en mano no conseguía hacer pie. Recuerdo que archivaba en un diskette de 3 ½ “para Seba” y le reseñaba en no menos de tres o cuatro carillas algunas anécdotas.

— Seba, la chica del bondi me pateo, 6 carillas.

— Me separé de la mama de July. ¡15 carillas!

Fui desarrollando un músculo que no se detuvo hasta nuestros días.

 

Si bien se mira, volví a Mar del Plata después de 20 años y en pocas semanas gracias a la confianza de Roberto Cabrera comenzamos con este ciclo “La hora sin sombra” en Vinilo. Sin embargo, debo revelar que en verdad fue una coartada para encontrarme con tanta gente que quiero, y nuevos amigos que se suman a este viaje.

Arribé a Mar del Plata y ya no demando un cospel de Entel para llamar al 6225790 y reclamar que me vengan a buscar, a solicitar un abrazo. porque lo acierto en cada encuentro a través del dial.

 

Hallé en la escritura y las devoluciones, el mejor abrazo al que puede aspirar un artista. Hace más de una década archivé mis lápices, acuarelas y pinceles. Esta tarde, en la previa a este programa tan especial, me invadió el recuerdo de las clases de preparatorio E, como la formación de un equipo que nos hizo felices la recuerdo de memoria:

 

Lunes: Sistemas de representación / grabado

Martes: Psicología del arte/ Escultura

Miércoles: Historia del arte/ comunicación/ grafica

Jueves: Pintura / educación visual

Viernes: Medios audiovisuales / dibujo

 

 

El preparatorio fue el año más intenso y formador de los cinco años de la carrera, a mi entender. Mientas esbozaba estas líneas, me reconocí jugando todavía, jugando como en aquel verano de 1986, a pesar del blooper de Jesús Rodríguez, de Tito, del Unzué. Debo decir que en las aulas de la calle Pampa nos encontramos con un juego hermoso, potentísimo y serio de crear la mejor imagen posible.

Acá estamos junto a una verdadera héroe de nuestra formación, quien a través de su mirada sobre el análisis de una grilla o una pincelada nos ilustró como equilibrar una imagen para lograr la belleza en una pieza gráfica y ser el mejor diseñador posible.

Debo confesar que las tensiones, yuxtaposiciones y la armonía las he tomado para la vida. Espero acertar fuera del bastidor con un amor pregnante marchando por las veredas de Falucho.

Estoy en deuda con mis viejos por vivir, pero con mis maestras y maestros por vivir bien.

Dicen que nunca olvidamos lo que aprendemos con placer. Durante cinco años fui muy feliz en las aulas de la escuela de Artes Visuales Martin Malharro. Carolina Bagnato fue una verdadera maestra y hoy viendo su muestra sobre soltar la brújula, pensaba en Benedetti quien sostenía que las estrellas errantes no tienen brújula.