Julián
no quiere a Joss Stone. Dice que es mi novia porque escucho sus discos. También
escucho a Etta James, Mercedes Sosa y Janis Joplin. Pero el problema es con la
buena de Stone. Joss es una verdadera soulera que rejuveneció el género más
viejo del pop. Su album The Soul Sessions
es uno de mis favoritos.
Un
sábado a la mañana, mientras mi hijo jugaba con unos lápices, sonaba Joss Stone
en el equipo de audio. Acomodaba acá y allá y me topé con la portada del CD
arriba del lavarropas toda pintarrajeada con un garabato. Un deja vu me trajo
el arte de tapa de un álbum de Julio Iglesias. El cantante personificaba para
mis cortos cuatro años, un contendiente directo de mi papá. Era el hombre por
el cual suspiraba mi mamá. Sus discos eran una amenaza para mí. Mamá tenía
varios vinilos del madrileño y según lo que me cuentan, mis trazos iniciales
quedaron inmortalizados sobre la carátula de su LP El amor.
De
alguna manera, mis lápices eran como espadas y esas líneas que esgrimía sobre
la portada eran el golpe infalible para alejarlo del combinado, de mi casa y
sobre todo de mamá.
El día
que mi hermana (que vivía aún en casa de mis viejos) preparaba su mudanza, pude
reencontrarme con un montículo de discos amontonados en una mesa.
Mezclado
entre los vinilos de Cafrune, Los Chalchaleros y Pimpinela, había uno de Julio
Iglesias sin la tapa. Sin saberlo había cumplido mi objetivo. Su música seguía
allí, su rostro con esa sonrisa de publicidad de dentífrico ya no estaba.
Hace
unos días oí en la radio una versión de Iván Noble del tema "Me olvidé de
vivir". Resignifiqué su música y agudicé el oído. La letra me llegó de
otra manera y deduje que detrás de ese bosquejo irregular y anárquico de mis
cuatro años no sólo había matizado mis incipientes trazos, se manifestó el niño
a través del complejo de Edipo. Fue una expresión inaugural y comprendí que el
cantautor que recibió el Guinness al artista latino que más vinilos y cassettes
ha vendido en el mundo, no solo era una fotografía.
Concebí
que una canción de Julio Iglesias condensa gran parte de lo que siento hoy, de
lo que vivo hoy.
Aquel
sábado por la mañana mientras observaba cómo el rostro de Joss Stone se
desdibujaba entre los crayones y las fibras en manos de Julián sentí la
necesidad de advertirle que eso "no se hace". Imponer autoridad, ser
el padre correcto que pone los puntos para el aplauso de los mandatos. Sin
embargo el pibe de cuatro años que fui pidió pista. Le alcanzó la tijera al de
seis para comenzar a recortar, luego pegar y armar un collage. Nos reímos
tirados en el piso mientras sonaba Joss y por la ventana se asomó un rayito de
soul.
“De tanto fracasos, de tantos intentos.
Por querer descubrir cada día algo nuevo…
Me olvidé de vivir”