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26 de junio de 2017

MANUAL DE PERDEDORES 24-06-17



FM 107.1 

Manual de perdedores | sábado 24 de junio.



Para quienes no pudieron escucharlo. Abrimos el programa con el relato “No te Alejes”. En Literatura de todas formas hablamos del novelista, dramaturgo, y poeta Boris Vian. Nos visitó el escritor y periodista Marcelo Rubio que nos contó sobre su obra “La Strada”, sus pasiones, su mirada sobre la literatura y una reflexión picando en el aire sobre el arte, que enmudeció el estudio. Música, relatos, un cierre con unas palabras dedicadas a Néstor Ortigoza para concluir con el capítulo 38 de este globo de emociones llamado Manual de perdedores.



SI TE PERDISTE EL CAPITULO 38 PODES ESCUCHARLO

ACÁ


17 de diciembre de 2014

MARCAS INCIPIENTES




Julián no quiere a Joss Stone. Dice que es mi novia porque escucho sus discos. También escucho a Etta James, Mercedes Sosa y Janis Joplin. Pero el problema es con la buena de Stone. Joss es una verdadera soulera que rejuveneció el género más viejo del pop. Su album The Soul Sessions es uno de mis favoritos.
Un sábado a la mañana, mientras mi hijo jugaba con unos lápices, sonaba Joss Stone en el equipo de audio. Acomodaba acá y allá y me topé con la portada del CD arriba del lavarropas toda pintarrajeada con un garabato. Un deja vu me trajo el arte de tapa de un álbum de Julio Iglesias. El cantante personificaba para mis cortos cuatro años, un contendiente directo de mi papá. Era el hombre por el cual suspiraba mi mamá. Sus discos eran una amenaza para mí. Mamá tenía varios vinilos del madrileño y según lo que me cuentan, mis trazos iniciales quedaron inmortalizados sobre la carátula de su LP El amor.

De alguna manera, mis lápices eran como espadas y esas líneas que esgrimía sobre la portada eran el golpe infalible para alejarlo del combinado, de mi casa y sobre todo de mamá.
El día que mi hermana (que vivía aún en casa de mis viejos) preparaba su mudanza, pude reencontrarme con un montículo de discos amontonados en una mesa.
Mezclado entre los vinilos de Cafrune, Los Chalchaleros y Pimpinela, había uno de Julio Iglesias sin la tapa. Sin saberlo había cumplido mi objetivo. Su música seguía allí, su rostro con esa sonrisa de publicidad de dentífrico ya no estaba.

Hace unos días oí en la radio una versión de Iván Noble del tema "Me olvidé de vivir". Resignifiqué su música y agudicé el oído. La letra me llegó de otra manera y deduje que detrás de ese bosquejo irregular y anárquico de mis cuatro años no sólo había matizado mis incipientes trazos, se manifestó el niño a través del complejo de Edipo. Fue una expresión inaugural y comprendí que el cantautor que recibió el Guinness al artista latino que más vinilos y cassettes ha vendido en el mundo, no solo era una fotografía.
Concebí que una canción de Julio Iglesias condensa gran parte de lo que siento hoy, de lo que vivo hoy.
Aquel sábado por la mañana mientras observaba cómo el rostro de Joss Stone se desdibujaba entre los crayones y las fibras en manos de Julián sentí la necesidad de advertirle que eso "no se hace". Imponer autoridad, ser el padre correcto que pone los puntos para el aplauso de los mandatos. Sin embargo el pibe de cuatro años que fui pidió pista. Le alcanzó la tijera al de seis para comenzar a recortar, luego pegar y armar un collage. Nos reímos tirados en el piso mientras sonaba Joss y por la ventana se asomó un rayito de soul.





“De tanto fracasos, de tantos intentos. 
Por querer descubrir cada día algo nuevo…
Me olvidé de vivir”