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24 de noviembre de 2019

MANUAL DE PERDEDORES | 23 DE NOVIEMBRE



POESÍA SOBRE RUEDAS

(Capítulo #134)
" Siento el olor de las cenizas donde aún hay cacerías,
oigo ecos en el viento un trueno en la distancia."




Nos visitó el poeta y músico Juan Jose Ludueña

Trabajó en la legendaria disquería El agujerito

Tocó en “Trixie” desprendimiento solista de "Trixie y Los Maniaticos", banda punk seminal junto con los Violadores, los Laxantes, Massacre Palestina.

Hoy trabaja en un tándem de poesía y fotografía junto a Silvia Zugasti. Publicó el libro “Aliados”

Relato: Soltar

🎼 Neil Young, Tom Petty, Turf, Trixie

🎧 PODES ESCUCHAR EL CAPITULO 134 🎧

10 de julio de 2018

TOMATE


CAPITULO VII



Hace días que no veo a Noche en la plaza ¿Habrá palmado? Hace días que no veo a Miguel. ¿Habrá palmado? Hace días que no me distingo en el espejo. 

Resolví lapidar el tiempo de la licencia e indagar la última caja desde la mudanza. La 4. «Cartas, fotos y cuadernos». De Valentino Nino. Ni noticias. Me serví una copa y retiré dos agujas del neceser de los desenfrenos.

Pasaron de a uno los retratos: El tío Hugo brindando con papá y el banderín Azulgrana de fondo. Una foto que debe ser del año ´64. Mi papá tendría 18 años y los Beatles editaban A hard day´s night. Hugo era su hermano mayor. ¡Qué bueno tener un hermano de cuarenta pirulos cuando no llegas ni a los veinte! Un hermano que está de vuelta de muchas cosas. ¿Cuantas recomendaciones habrá tomado papá del tío Hugo? La expresión de mi viejo es de un puber lozano y jactancioso de su hermano. ¡Cuánto contrariedad acarrearía ese mismo vaso de vino resbaladizo y afilado dos décadas después!

Luego, repasé mis cuadernos de viajes y advertí que son escasas las ciudades que he recorrido. Río, Montevideo, Asunción y Bogotá. Hoy, que el cambio no me beneficia, apelo a mis borradores para comenzar a viajar.

Mucho antes de conocer el cuentito de las tres carabelas, la farsa de la cruz y la espada, mi acercamiento a la música española irrumpió cuando la vida desfilaba por manzanas en forma de cilindro montado en dos ruedas.


Una tarde surqué el asfalto sin visado. Para quien creció entre calles de tierra es un sondeo indeleble. Miré para ambos lados esperando que gane la corredera José de Zer en el móvil de Canal 9 y me indague:

—Muchacho, para Nuevediario, ¿qué se siente cruzar la calle solo?

—Un saludo para todos lo que me conocen… qué sé yo. Puto.

Lo primero que recuerdo cuando traspasé la matrix de Juan XXIII fue algo que oí. Música desconsolada que manaba de la calesita del mercado. Allí residía Tomate. El único testigo de mi aventura.

Tomate, el heredero natural de Don Arturo, partía los boletos, empuñaba la sortija, pinchaba discos y matizaba las tardes en el vestíbulo de la primera vuelta. La pista curvada iniciaba a las cuatro de la tarde. ¿No sé de qué barco descendieron las ascendencias de nuestro DJ local?

En mi primer trip en dos ruedas deduje que la bicicleta es una alegoría de la libertad para un pibe de conurbano, como el caballo para un gaucho.
San Lorenzo militaba en el ascenso y las melodías que disparaba Tomate desde su cassetera sentaban armónicas con la mala cosecha del Ciclón. El sol se escondía detrás de la azotea de la 504, Tahuichi remontaba sus telones metálicos, la UB Facundo Quiroga encauzaba micros hacia el Interama, un humo espeso de Las Achiras se advertía a lo lejos y tintineaban las canciones de Camilo Sesto y Manolo Galván al ritmo de las filtraciones del tanque de Doña Inés.

Tengo varias listas de temas en el teléfono. Una se llama Tomate. Porque cuando quiero ir abajo, bien abajo, pido audiencia a la tía sombría. El chute retoza entre los tracks y penetra por los oídos hasta llegar al pecho.

                                                                                ***

En tiempos donde el que no ama es desgraciado, y desgraciado el enamorado me amparo entre vinilos deshechos y me aferró a una carabela sin vela que aún no termina de desembarcar.
Hoy regresé a la calesita de Sarmiento a través de un playlist. Porque siempre estoy volviendo. Canté Parchis en cassette, bailé Xuxa en CD, caminé con mi mp3 lleno de Amar Azul, hice fiestas con cumbias bajadas del Ares y culminé pagando Spotify. La viví. ¡En sus caras, fuckin´millenials!

En la caja 4 acerté con una sortija carcomida. Esta vez perduró en mis manos además de una deshilachada camiseta de los camboyanos que bien podría ser del Sr. Tomate. El novísimo calesitero, melómano y matancero. Cuervo hasta las muelas. El único testigo de mi peripecia por Juan XXIII.

Dicen que Tomate conserva el mismo atisbo sostenido del verano del 83. El loco Julio encontró sus vinilos en un caballo gris despintado con un ojo mocho que aún conserva el porte de los años mozos y se esfumó como una nube de humo entre un tanque de guerra y una lancha naranja. Me los vendió a buen precio. 

Hoy es lunes. Los lunes por la noche me dedico a reorganizar mi colección de discos. Es una cosa que suelo hacer en época de altibajos emocionales. Habrá quien le parezca una forma bastante aburrida de pasar una velada, pero yo no estoy entre ellos. Mi vida es mía, es ésta, y resulta agradable sumergirse en ella hasta los codos, tocarla con los dedos mientras el pico galopa por mis entrañas.

Hace frío en el cuarto y en el coraje. Retiro con torpeza un vinilo del envoltorio. El winco pulsa sin wi fi mientras la púa traza el camino de las canciones y no se detiene por las publicidades de spotify. Las melodías se escurren sobre los cauces de una circunferencia renegrida que emula un mándala sonoro. Gana el track número seis: «Old Man». Demasiado folk para ser folk rock, demasiado folk rock para ser folk. De nuevo aparece esa receta que Neil Young dominaba a la perfección y a la que jamás quiso renunciar.
La voz del viejo Neil abriga la habitación con la ayuda de dos ladrillos refractarios. Semidopado, absorbido y algo afiebrado entrecierro los ojos. Cuando la púa alcance el track diez será el momento de soñar. El disco «Harvest» suena el tiempo que tomo en desprenderme del viaje y del recuerdo de Camilo Sesto, Manolo Galván y del Sr. Tomate & Crazy horse, la banda de sonido de mi infancia.




5 de junio de 2017

OLD MAN







Hace frío, resuelvo servirme una copa. Retiro el vinilo del envoltorio. El winco pulsa sin wi fi mientras la púa traza el camino de las canciones y no se detiene por las publicidades de spotify. Las melodías se escurren sobre los cauces de una circunferencia renegrida que emula un mándala sonoro.
Los viernes a la noche escucho discos de punta a punta. Gana el track número 6: “Old Man”. Demasiado folk para ser folk rock, demasiado folk rock para ser folk. De nuevo aparece esa receta que Young dominaba a la perfección y a la que jamás quiso renunciar. 
La voz de Neil Young abriga el living junto con la ayuda de dos ladrillos refractarios. July semi dormido y algo afiebrado se desveló, lo llevo al baño y al salir se acuesta en mi regazo. Cuando la púa alcance el track 10 será el momento de soñar. El disco "Harvest" suena el tiempo que tomo en desprenderme del automatismo de la rutina. «¿Viste lo que cobra X por la entrada? ¡Una barbaridad!» Rebota en mi cabeza. Por noches como las de hoy, le pagaría al viejo rocker canadiense mucho más que el desembolso de un ticket costoso. 


«Viejo observa mi vida, me parezco mucho a como eras»



4 de junio de 2017

MANUAL DE PERDEDORES 03-06-17



FM 107.1 

Sáb. 3 de junio. Para quienes no pudieron escucharlo. Abrimos el programa con el relato “El Combinado”. En Literatura de todas formas hablamos del Norberto Soares, quizás el crítico literario más influyente de la época de oro del periodismo cultural argentino, a fines de los sesenta. Dialogamos en una entrevista estupenda con Mauro Yakimiuk director y productor general de La Guerra del Gallo - El unipersonal, adaptación de la novela del escritor Juan Guinot, protagonizada por Martin Amuy-Walsh que vuelve a las tablas muy pronto. Un cierre con Neil Young para concluir con el capítulo 35 de este globo de emociones llamado Manual de perdedores.



SI TE PERDISTE EL CAPITULO 35 PODES ESCUCHARLO

9 de mayo de 2017

ENTREVISTA




*DOMINGO, 26 DE MARZO DE 2017

Raúl Haurat: “Escribir me compensa, me salva de la locura”







El escritor Raúl Haurat publicó los libros Relatos porteños con vista al mar y Al blues no se llega por felicidad, ambos a través de la editorial Textos Intrusos. El autor habló con Entre vidas acerca de sus rituales cuando escribe, del proceso de selección y de sus flamantes publicaciones. Además, adelantó que está trabajando en una antología de cuentos de San Lorenzo, club del que es hincha.


¿Qué rituales tenes al momento previo a escribir?
Escucho radio, me lleno de palabras y necesito volcarlas. Una entrevista o una canción pueden ser el disparador para comenzar a escribir. Escribo en cualquier lado. Me puedo abstraer y comenzar a escribir un párrafo, pero al momento de corregir necesito estar solo. Tengo un playlist de canciones que me motivan a escribir. La música no me condiciona, por el contrario, es un disparador para abrir el cuaderno y comenzar a garabatear ideas. Si estoy para abajo, voy más abajo con algo del primer Neil Young o Jose Luis Perales y si necesito levantar no hay como La Renga.

¿Con qué frecuencia escribís?         
Escribo de manera continua, todos los días. Para mí no es un hobby, es una necesidad. Escribir me compensa, me salva de la locura. En terapia descubrí que es una necesidad física. 

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Relatos porteños con vista al mar?
Fue volcar en un archivo todos los cuentos que publique en mi blog “De Rastrón” desde el 2008. Seleccionamos junto a Hernán Casabella, editor del libro, los cuentos que tenían una idea en común, los que respondían a un mismo concepto.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
En realidad, se iba a llamar “La Matanza con vista al mar”. Lo decidí después de leer los relatos de manera corrida y encontrar que el escenario donde fueron contadas las historias (salvo en dos cuentos) se desarrollan en una Buenos Aires reconocible, identificable y en Mar del Plata, donde viví muchos años, donde descubrí mi amor por escribir cartas de puño y letra. Buscando el hilo conductor, descubrí que los cuentos respondían a la idea de “porteños”, y de ahí surgió la idea de denominarlo Relatos Porteños y “con vista al mar”.

¿De qué temas te nutriste para escribir cada relato?
De experiencias vividas y escuchadas, de amores y desamores, pero sobre todo de la paternidad. Siento que en muchos cuentos busqué redimir la relación con mi viejo a partir de ser padre. Las palabras viejo, papá y padre son una constante en muchos de los relatos.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
“El Vuelo” es mi favorito. El que destacan los lectores es “Colores del amanecer” una pintura de Mar del Plata en invierno y “Marcas incipientes”.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Textos Intrusos?
Surgió a partir del cuento “El Duelo de Orly”, seleccionado por la escritora María Laura Prelooker para formar parte de una antología de la editorial "Seis cuentos rioplatenses". Ella me puso en contacto con Hernán Casabella y él me propuso publicar con Textos Intrusos.

¿Qué podés adelantar de tu próximo libro Al blues no se llega por felicidad, también editado por Textos Intrusos?
Al blues no se llega por felicidad es un libro de ensayos, poemas y cuentos nuevos escritos para el libro. Ensayé sobre política, el rock y el coraje. Es un libro con más incertidumbres que certezas. Es el libro que siempre quise escribir.

¿Qué objetivos tenes dentro del ambiente literario?
Seguir escribiendo y publicando como autor y como antólogo. A su vez hacemos un programa de radio llamado “Manual de Perdedores” en FM 107.1 donde tenemos una sección específica, Literatura de todas formas. Nos contactamos con narradores, poetas y novelistas para que nos cuenten sus experiencias como escritores, o investigamos sobre textos no tan conocidos e intentamos acercar a los oyentes otras formas de literatura. 

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
En la selección de cuentos para una antología de San Lorenzo, el club de mis amores. En 2016 Textos Intrusos me dio la posibilidad de trabajar como antólogo,“Seis cuentos al filo”, un nuevo rol que disfruto y mucho.



Comparto mi primera nota gráfica como escritor para Entre Vidas del periodista, director y productor de teatro Mauro Yakimiuk.