1 de junio de 2014

PONELE






"No sé... Que puede pasar.  Pero hoy  lo viví con intensidad y sin duda quedara grabado en mi piel y mi corazón." 



15 de mayo de 2014

OH, CAROL







Hace unos días sintonicé Carol en Fm rqp en la versión original. Manejar y escuchar música sigue siendo una aventura de placer para mí. Me gusta que me sorprenda una canción en la radio. La canción del viejo Chuck me llevó inmediatamente a los noventa, a una noche en especial: La noche que Chuck Berry tocó en Obras Sanitarias. 
No recuerdo como aterricé a ese recital, pero sé que estuve ahí. Al menos es lo que dicen los testimonios de quienes no volcaron aquella noche. A los diecisiete años, recién llegado del viaje de egresados, mambeado y con el hígado a la miseria iba a donde me llevaban. 
A esa altura de la soiree, ya había escuchado gran parte de la discografía de Berry a través de las versiones de los Beatles y los Stones grabadas en sus primeros simples. Formé parte de un público que sólo escuchaba a rock, intolerante, fanático e irracional. Era capaz de ir a ver a cualquier banda o solista que haya tenido alguna influencia en los chicos malos de Dartford. Dos anécdotas cómo para ilustrar el grado absurda disciplina que reportaba ¡¿vaya a saber a quién?!:
A los quince compré un disco de los Livin Colour al leer una nota en Sí! de Clarín. Los tipos habían sido confirmados como teloneros de los Stones en su gira Steel Wheels/Urban Jungle Tour. Nunca escuché el disco entero del cuarteto, una sola canción. Otra vuelta grabé dos cassettes de los Stone Temple Pilots llevado por el nombre de la banda. ¡Qué cabeza! En realidad no sabía quién carajo eran.
En fin, luego de mi fallida experiencia en Obras y aquella postura kamizake de rocker-taliban, en abril de 2013 fuimos con compañero de ruta, Victor Benitez, a saldar mi deuda. Justo veinte años después. Esa noche de otoño, el músico que inspiró a Keith Richards a tocar la guitarra nos reveló que las agujas del reloj también viran para los rockers. 
A veces las emociones nos juegan una mala pasada. Muchos de nosotros esperamos sus riffs, su paso característico y nos fuimos con la cabeza agachas. El pasito no llegó, sólo turbadamente cuando se dirigió a las escaleras al final del show. Sin embargo, tengo la seguridad que quedará impregnado en mis oídos el sonido de la Gibson acoplando en la velada del Luna Park. 
El paso del pato dio lugar, como la vida misma, al paso del tiempo de manera inquebrantable. Chuck físicamente no puede permanecer vital por siempre pero sí su música y eso, eso es lo importante.











15 de marzo de 2014

BLUES AFRANCESADO





Hoy en esta sección de Paranormales llamada el Recreo vamos a recorrer una historia como quien recorre un túnel. Hoy vamos a zambullirnos en la fascinante historia de ALEXIS KORNER. Cantante, guitarrista, líder de banda, hombre de radio.. Alexis fue muchas cosas durante su vida, pero se lo recordará por haber sido, a través de su banda pionera, Blues Incorporated, el padre del blues británico, además de una influencia decisiva en la formación de los Rolling Stones, Cream, Animals e inclusive Led Zeppelin.

Señoras y señores: Blues y rocanrol del bueno en este nuevo especial del recreo en Paranormales y ustedes ya saben: "No es mejor maestro el que sabe más, sino el que enseña mejor”. Alexis Korner, paredón y después…










El Recreo. Sección musical de PARANORMALES.
PARANORMALES
Programa radial de interés general, música y humor. Emitido los días jueves de 0:00 a 2:00 hs por RadioGráfica FM 89.3 / www.radiografica.org.ar


Conducción: Iris Amanzi, Facu Banzas, Raúl Haurat & José Nicotera
Producción: Laura Ristol

Técnica: Ricky Maldonado




8 de marzo de 2014

NO TE ALEJES






Primer día de clase. Primer día de preescolar. A las corridas para llegar al acto. Con los quilombos de todo cristiano de a pie que vive en una ciudad como Buenos Aires. Enredado en el stress y el tránsito de las grandes urbes.
El año pasado, hablando con la señorita de salita de cuatro, a partir de una notificación por un tema de Julián, supe la historia de Alejo. Su papá no vive en Argentina. Su papá se fue un día y no volvió más.
En un momento del acto, Julián se acercó hasta mí de la mano de un compañerito. Era Alejo. Una ternura de pibe. Me saludó con un beso y me dijo "hoy viene mi papá también". Lo mire y sonreí. Creí que su padre vendría. Lo dijo convencido. Ingresaron los abanderados, entonamos el Himno Nacional. Alejo miraba hacia la puerta de entrada de la escuela.
Mientras las madres, los padres y familiares cantábamos "sean eternos los laureles que supimos conseguir", no podía dejar de mirarlo y lo canté con más ímpetu de lo habitual. Yo no sé qué entenderá por Patria un chiquito de cinco años, pero sí sé qué entienden por obstinación cuando anhelan algo .

Salí del colegio en camino hacia el trabajo. Subí al auto. En el primer semáforo en rojo paré y al ponerse en amarillo dos bocinazos de un Volkswagen me hicieron reaccionar. Tenía que poner primera y arrancar pero estaba algo aturdido. Miré por el espejo retrovisor y vi a un hombre calvo, con el ceño fruncido y la cara desquiciada. El tipo no podía esperar un segundo más. Pensé en nuestro amigo Alejo, que a la luz de los hechos y de su actitud de hoy, yo creo que bien podría esperar algo más que el ansioso conductor del Vento.

Siento que hoy estuve en sintonía con la mirada de Alejo. Hoy me sentí como un chico porque también como nuestro amigo, a veces miro hacia las puertas sondeando un horizonte en búsqueda de una utopía, de un sueño, de una quimera.
Si algo trajo la madurez, entre otras cosas, es aprender a esperar. Sin embargo el futuro de Alejo... El futuro de los pibes es siempre hoy. Mañana será tarde.






4 de marzo de 2014

MOMO MATANCERO



En Barrio Sarmiento, los carnavales eran como en cualquier barrio del conurbano. En la siesta los pasajes eran potestad de los perros en busca de alguna sombra bajo un árbol. Sombras que escaseaban sobre todo en un verano donde una cuadrilla de vecinos podó los árboles de la cuadra en pleno auge del Hombre Gato. Recuerdo que las escondidas dejaron de ser nocturnas, porque muchos vecinos creían verlo en la copa del Ceibo del Pasaje Púan donde nosotros parábamos y la puta poda nos dejó sin cobijo en esos días de tanto calor. 
En una palabra, el famoso Hombre Gato tuvo a todo el barrio en vilo durante ese verano de 1987.
En la siesta, sólo se escuchaba el lamento de alguna vecina que salía a trabajar y se comía un bombazo de uno de los nuestros escondido en un baldío. Había gente que iba a laburar entre la una y las dos de la tarde, era extraño ver a una mujer empilchada en ese horario, ¡Era una tentación! No se respetaba a nadie, salvo familiar directo de la banda ( con el tiempo supe que no todos entran a trabajar a la mañana)
El protagonista en el carnaval matancero no era la espuma, ni el Rey Momo ni el Bombero Loco. Eran las bombitas. Con los pibes teníamos un berretín; no comprábamos las Bombucha (se estiraban más, entraba más agua y mojaba mucho más cuando impactaba) sin embargo nosotros elegiamos las "Mejicano", con jota, las vendía sólo la Rita. Un kiosko ubicado donde terminaba el barrio, a unas cuatro cuadras de casa. Para la perspectiva de un pibe de diez años eso era muchísimo.
Éstas Mejicano no se estiraban tanto, la goma era más dura, le poníamos mitad agua y mitad aire para que duela o lavandina para que destiña la ropa. Esta era una de las especialidades de Orly, además de ser el abastecedor del balde para ubicar las municiones.
Etapa de las primeras novias. Muchos cambios. Eramos demasiado grandes para andar con los padres y demasiado chicos para los asaltos. Época de sentir el primer cosquilleo cuando una chica te gustaba. Era difícil admitirlo frente a los pibes, era muestra de debilidad, había que enamorarse de queruza.
Cada uno tenía su técnica, en mi caso no la encaraba, le tiraba bombitas a errar o me quedaba inmóvil cuando me tiraban de modo que al mojarme creyeran que tenían puntería. Buscar pelea (los que se pelean, se aman) todo el tiempo para demostrar de un modo poco ortodoxo mi interés. Esa semana de carnaval la esperaba todo el año. Las bombitas eran mi flecha de cupido. Tenía sólo siete días al año para lanzarlas a la chica indicada. No tenía muchas chances, había que ser eficaz. Confieso que no he tenido suerte.
Hoy, feriado de carnaval, salí temprano con un balde lleno de agua a baldear el patio y regar las plantas con la convicción de que la última bombita todavía seguía allí.












"Pasa la murga con sus alardes entre la siesta del arrabal. Y un son de lata puebla la tarde y su rumor es la canción del carnaval"
Homero Manzi