En primeros
años de la década del noventa escuchar una banda de rock era mucho más que ser
un seguidor de un grupo. Escuchar una banda era pertenecer a algo, era tu bandera, tu poster, tu emblema,
te definía. Éramos pibes de quince, dieciséis, diecisiete años huérfanos de referentes políticos, desprovistos de palabras decidoras en la pesquisa
de un patriarca musical que hable por nosotros.
— Señor, ¿Tiene remera de entrenamiento?
—Sí, tengo.
— Al entrenamiento se viene con remera del
club.
— Sí, profe.
— ¿Le dieron dos juegos?
— Sí.
— ¿Qué pasó? ¿Por qué viene a entrenar con una remera que no es de la institución?
— Mi
mamá las lavó y no se secaron.
— Dígale a su mamá que dije yo, que no lave las dos juntas.
— Sí, profe.
— ¿Usted sabe que esta gente toma droga? — dijo el preparador físico del club señalando mi remera.
— No.
— Son toxicómanos. Vaya, cinco vueltas y vuelva.
Todavía
busco en las canciones épocas, escruto en cada estribillo algo que ya no
sucederá, que sucedió, me hizo feliz y ahora lo sé.
Celebro
que desanden las bandas y tornen a los escenarios. Encuentro en una canción la travesía que perdimos. El sendero de bracear contra las olas.
Trepo a mi tabla embebida en la efervescencia obstinada de la cultura rock
porque aún somos muchos los que no olvidamos que sólo los peces muertos nadan
con la corriente.
Lo primero que hicimos
cuando se levantó el impedimento de contacto fue ir al cine. Una de las
películas que más disfrutamos fue “Intensamente”. La historia se centra en
Riley, una nena de 11 años. La verdadera historia tiene lugar en el interior de
Riley y los protagonistas son sus emociones.
Bing Bong, es el personaje
que más nos impactó del film. Un especie de Largirucho lisérgico proscripto de
Sunny Side. Bing Bong corre el velo de un mundo onírico más próximo a una
ciudad ingeniada por Onetti que a los Disney Animation Studios.
Visitaba a Valen en la casa
de su mamá. Desplegaba con impericia una veta de animador que de haber vivido
con él no hubiese desarrollado. Llevaba globos. Como para economizar resolví
comprar una bolsa de cincuenta unidades. Al poco tiempo, como si nell'oscurità rastreara
mi táctica, las visitas empezaron a suspenderse. Broncoespamos primero, otitis
repetidas después, fraguaron lo acordado. Con treinta y pocos y una certeza de
condenado, como casi todo el mundo fracasé sin hacer ruido. Escuché la voz de
Acavallo apuntando a mis oídos: "No bajes los brazos, pendejo!" Una
proclama alcanzó para arrancar y desarrollar destrezas inimaginables: Imitar
voces, hacer títeres con las manos, inventar canciones, cosas que requerían de
más imaginación que dinero. Valen, chocho.
El gordo Ozzy me dijo en un
asado en la casa de Victor: "Vos a tu pibe lo tenes que ver sin la mirada de nadie. Llamá a Joe, hablá con él de parte mía" Lo llamé y cuando nombré al gordo Ozzy se me abrieron las puertas del estudio de punta a punta, nunca hablamos de plata. Allí comenzaba la historia, el rock estaba a punto de sacarme del fango.
Joe Stefanolo se convirtió
en los años 90 en el letrado elegido por las estrellas del rock argentino para
que los representara en algún litigio. Su estilo tan particular y su cabellera
al viento, remitían más a un hombre de la música que un abogado penalista, su
verdadera profesión. Los medios lo tomaron como un personaje digno de resaltar
y y hoy es homenajeado en este documental como uno de los hombres más
relevantes dentro de la justicia.
Luego de varios escritos, Joe logró que saltemos de un
espacio abotonado, a un lugar abierto. Así fue que llegué al YMCA ¿Asociación
Cristiana de Jóvenes? Tenía sesenta minutos para desplegar mi número y captar
la atención de Valentino de tan solo un año y siete meses. Un bebé que solo
miraba y sonreía. Miradas tan potentes como piadosas que consiguieron que la pesadilla sea más llevadera.
VOCES COMO ECOS
En una semana era la
atracción de los más chiquitos mientras sus hermanos mayores realizaban sus
actividades. Un grupo de tres nenes y una nena visitaban la escalera que
utilizaba de escenario. De un martes para un jueves mi público se redujo. Al
parecer, un padre me escuchó al ingresar cuando le decía al personal de
seguridad que venía por un régimen de visita determinado por un juzgado civil.
A partir de ese día podía ir solo a la cancha de once. Rafa Nadal diría
"es una superficie difícil porque no juego muy a menudo en césped..."
Había un detalle al que no
había reparado. Los globos explotaban al hocicar el pasto. Valen se asustaba y
lloraba. Su mamá al escucharlo arribaba como un relámpago. Tenían una excusa
inmejorable para decretar el fin de la visita.
En la parada del colectivo
me crucé con el hombre de seguridad que salía del club luego de cumplir su
turno. Un tipo curtido, cara indiada y mirada de haber visto más de lo podría
contar. Al verme cabizbajo me brindó un dato:
— ¿Conoces los globos
perlados?
— No.
— Son más duros y no se
pinchan en el pasto.
¡Datazo!
Los busqué y camino a la
parada di con una librería. Tenían globos perlados color verde musgo y rosa
chicle. Eran caros. Tomaba dos los martes y dos los jueves. No sea cosa que
comprara demás y las visitas también se picaran. El solo hecho de verlos
desinflados sobre la mesa del comedor era suficiente para desplomarme.
Diez años después
El miércoles pasado, al
finalizar la práctica, estábamos con Valen y algunos compañeros de fútbol en la
playa de estacionamiento del club. Amparo, mamá de Iker, propuso reunirnos en
su casa quinta y brindar por fin de año.
—Es una casa muy grande,
tiene pileta.
—¡Qué bueno!— dijeron los
nenes.
—Suele contarse la luz y hay
poca señal de internet — dijo por lo bajo.
Valentino me buscó con la
mirada. Siempre hay un momento en la infancia cuando la puerta se abre y deja
entrar al futuro. Bajé la cabeza como perro sin dueño. Juzgué que sus
compañeros iban a desairar su acotación.
Efectivamente, al salir,
Valen me reveló lo que yo imaginaba: Iba exponer que nosotros podemos
divertirnos sin luz, inventar cuentos, imitar voces, jugar con globos.
— Mi papá… ¡Conoce... sabe
de un lugar con wifi! ¿no, pa?
—Sí, sí — dije para no
dejarlo expuesto y vislumbré como nuestro Bing Bong se fundía sobre la Platea
Sur con vista a la 1.11.14.
Mariano de la Fuentefue jugador de fútbol profesional del
ascenso. Es entrenador,periodista e
hincha de San Lorenzo de Almagro. Mariano fue invitado a «El Loco y el Cuerdo». El
programa es emitido por YouTube y lo conduce el periodista partidario Flavio Azzaro y
Andrés Ducatenzeiler ex presidente de Independiente. Ambos desarrollan entregas
de hasta seis horas con una dinámica que muchos guionistas envidiarían en esta
versión 2.0 de Borges y Álvarez.
Lejos de analizar en detalle la
charla con el protagonista me voy a detener en un dato: El padre de
Ducatenzeiler era hincha de San Lorenzo. Es allí donde el ex presidente del
rojo linkea con su propia infancia. Un registro de Duca tan personal y cercano
que cuando lo tantea, conmueve. Ese clímax en muchas oportunidades es cercenado
por su compañero de conducción. ¿El motivo? Trataré de develarlo.
EL CORÁN
Termino de ver la entrega número 73
de un programa deportivo donde predomina el análisis del fútbol local, donde la
citas a San Lorenzo son contadas y esquivas. Es curioso cómo se soslaya la campaña del
plantel dirigido por Darío "Gallego" Insua condicionado por lesiones y ventas de jugadores en pleno torneo. Cabe destacar que el equipo del Gallego escoltó al puntero
durante gran parte del campeonato. “A San Lorenzo ni lo miro, me aburre” dice
el conductor con una inflexión poco profesional.
Todas las semanas me llegan las
notificaciones de las reacciones en su canal de YouTube. Los partidos que juega
Racing Club de Avellaneda son su prioridad, es lógico, es su equipo. El partido
San Lorenzo versus River no tuvo reacción, fue ignorado. En el Corán
no hay camellos, decía Borges, haciendo alusión que lo obvio no se nombra. ¿Será
este el caso?
Flavio es fanático de Racing Club y
como tal quiere que Independiente, River y ¿Boca? pierdan. Sin embargo, percibo
que hay algo de animosidad con San Lorenzo. En esta entrega que se emite los
lunes y jueves, Azzaro no disimula sus celos por la pasión azulgrana. No lo veo encolerizarse así con otros colores.
LLORONES
“Son llorones y tienen culo” dice de
San Lorenzo. Para el conductor de «El Loco y el Cuerdo» el Ciclón se reduce a
un club que llora, pide, reclama y tiene culo. Una definición más cercana a un
bebé recién nacido que a un club que se fundó hace 115 años. Una institución
con una hinchada incomparable, un club desmantelado que renació de sus cenizas por sus hinchas, que lejos de llorar alentaron y acompañaron a los Matadores en la B como pocos equipos en la historia. Para algún distraído, San Lorenzo hace más de cuarenta años fue despojado de su casa; descendió y volvió con más ímpetu que
nunca. Para San Lorenzo la B no fue una desgracia, fue un envión.
Donde hay rencor hay recuerdos.
Más
allá de lo deportivo entiendo que la sombra del gerenciamiento y los procesos
políticos en el fútbol de Racing lo marcaron a fuego al ganador del nativo
digital por su labor como periodista deportivo. Mi intención no es que Flavio hable de San Lorenzo, es evidente que el periodista albiceleste no reaccionará sobre la táctica o la performance del equipo de Insua así juegue como él deseé. Por otro lado, no estaría
mal que le ceda a su compañero de ruta diez minutos para solazar sobre el
recuerdo de su padre y su hermano fanáticos del Ciclón teniendo en cuenta que
cada emisión promedia las seis horas largas. Entiendo que las palabras de
Ducatenzeiler (último presidente campeón
del club de Avellaneda) recordando a su familia azulgrana no le cambiará la
ecuación ni desmonetizará el canal al comunicador que considera que el album Vodoo Lounge (1994) es el mejor disco de la carrera los Rolling Stones ignorando obras maestras como "Beggars Banquet" (1968), "Let it bleed" (1969), "Sticky Fingers" (1971) o "Exile on main strait" (1972). Es curioso, para el ex conductor de «Futbol al Horno» los discos se destacan uno sobre otros a partir de su propia línea de tiempo. Me cuesta creer que tenga un criterio diferente para con el futbol, el arte y la historia.
DAVOO
El pensamiento aleatorio de Flavio cada vez que se habla de San Lorenzo arroja frases inconscientes que traen
más de lo que se dice: “a estos cuervos no lograron doblegarlos, a nosotros
sí”. Pensaba en Davoo Xeneixe, uno de los
streamers más reconocidos de la Argentina. Cuenta con más de 1.000.000 seguidores
en sus perfiles. Es vehemente con quienes critican a Juan Riquelme. Román es su Dios, sin embargo confesó
que de no ser de Boca seria de San Lorenzo. Me pregunto ¿Le pasará lo mismo al
ex “Polémica en el Bar” tan afín al último 10 del club de la Rivera? ¿Le hubiese gustado nacer en una familia cuerva?
NAPOLEON
En estos tiempos de dictadura
pragmatista, Mariano de la Fuente se plantó en una parada difícil como un fiel
exponente del ciclón, del último bohemio de la poesía tablonera. El ex Director Técnico de
J.J. Urquiza defendió su postura ante un showman diestro en la reyerta
futbolera que tuvo la gentileza de invitarlo a su programa (a pesar del desaire).
Qué triste es ver a alguien con tanta llegada con una actitud tan subjetiva e infantil. Como decía Napoleón (que nació y murió antes de Flavio Azzaro), la
indignación moral no es más que envidia con aureola. ¡Aguante el Ciclón!
El teléfono sonó y me dieron la
noticia, ¿Cómo olvidarlo? Lo arbitrario de las fechas es que recrudece el dolor
en cada aniversario... ¡Se te extraña gordo!, se extraña tu presencia y tu
esencia, tú calma y tú estar.
¡Qué no daría por verte con mi hijo
en brazos! Tu abrazo es la brisa que se asoma por la ventana y acaricia sus
mejillas tan suaves como el algodón. Sé que estás con él, sé que estás conmigo.
Hay momentos del día que siento tu presencia, como un ángel guardián. Me
enseñaste a ser perseverante y paciente, ¡el tiempo dirá! decías, ya lo creo.
Me educaste a través de tus hechos y no de tus dichos. Hoy estoy rodeado de
dichos y pocos hechos. Los de tu generación se van de a poco y a mi -como a
muchos otros- nos queda sólo el testimonio de un pasado perfecto.
Gracias por la simpleza. Cada día
trato de ser un poco mejor. Es difícil, muchas trabas, con pelota dominada te
pegan de atrás. «Tocá de primera, jugá con el cinco, tocá y desmarcate» era el
aliento desde el banco. Intento aplicarlo en mi vida, pero en el equipo cada
vez quedan menos que juegan de primera y al mirar al banco veo el vacío que
dejaste. Pregunto por vos y me dicen que te fuiste al vestuario, otros que
miras el partido desde la tribuna. La versión que más me convence es que seguís
el partido desde el cielo donde siempre estuviste a pesar de tu excursión por
estos barrios.
Cuando me preguntan ¿Qué sos? Respondo: hijo. Yo soy lo soy porque me criaron mi viejo y mi vieja. Pelusa y Maru. Cada uno con su historia. Pero soy eso, soy hijo. En ese lugar me paro siempre.
Ella selló una etapa
esencial de mi vida dónde las columnas de la infancia fueron
forjadas de puntales, tensores y abrazaderas que se
embutieron en un hormigón de guata. Cuando mamá se fue mis estribos no
habían fraguado. Sin embargo, ingresé a la adolescencia rengueando y ocultando
el revés de su partida. Desde entonces, poseo la habilidad de cubrir lo que no está. Disimulo
con destreza la consistencia del dolor. Las idas de mi madre fueron gestación y preparación para la etapa más triste de mi vida.
PALOMA
Dos carteles de venta ubicados en el balcón francés solo trajeron una novedad: una paloma deslucida que encontró su hogar entre un macetero y las rejas con restos de oxido donde retozan dos crías en forma de huevo kinder.
La falta de oferentes interesados en el departamento revela la
cantidad de oferta y la falta de demanda. ¿Acaso es una prorroga para apalear el duelo? Me siento como el soldado
japonés que fue encontrado en las selvas de Guam, después de sobrevivir durante
tres décadas tras el término de la Segunda Guerra Mundial. Nadie le aviso que
dejara su puesto. Aquí
estoy como un centinela de algo que ya no
es y que tiene fecha de vencimiento estampado por el códice inapelable: «Se vende»
RADIO
Cada domingo voy a la radio como una
forma de cobijar el tormento. Resido en un distrito de libros nuevos aunados con otros que atravesaron el siglo pasado. Todos me
envuelven y me traen fragancias que estrujo para no hundirme en el fango. Un contenedor en la calle me invita a volcar pedazos de historia como
gotas que se desploman de un suero de hospital. La cocina con ollas de mil tucos es el lugar menos explorado. Allí, mamá y Pancho preparaban grandes platos. Fueron una dupla culinaria sin igual.
Una puerta lleva al lavadero colmado de recipientes con productos que tuve que googlear para rotular y no cometer un infortunio. En el cuarto acerté con cajones atiborrados de estampitas, en especial de la Virgen
de Schoenstatt. Este año fui a conocer el santuario, un lugar donde encontré un poco de paz ante tanta oscuridad.
TERRITORIO
Un día
me llamarán de una de las inmobiliarias para decirme que apareció un interesado. Allí
negociaremos y se concretará la operación. Ese día tendré que levantar mis
cosas e irme. Me gustaría mudarme cerca, porque en estas calles aún encuentro el territorio de Maru y Pancho.
¿Por qué se fueron tan
pronto?
¿Me estaban esperando para partir?
¿Algún día leeré los libros que han dejado?
RAULITO
Fui
protagonista de un evento extraordinario: conocer a mi madre y a quien fuera como
un padre. Hoy, en medio de tanto festejo, me gustaría hacer un programa pum
para arriba, pero todo en demasía puede ser resbaladizo.
Ante el pitazo final de Szymon Marciniak en el Estadio Lusail comencé a llorar como un chico. Quizás por el recuerdo de la alegría del que fui: Raulito modelo ´86, el niño con las columnas de una infancia firme y sin amenazas.
Es
difícil disfrutar del todo cuando te falta un pedazo de vos. Sin embargo, el
domingo después del partido de la final fui a la radio y al salir me encontré con amigos para vitorear por el obtención del tercer campeonato mundial de fútbol.
Se puede justificar el desánimo, pero jamás abandonarse a
uno mismo. La poesía, se encarne donde se encarne, tiene que trabajar
recuperando la alegría.
Preguntas
rumeadas mientras miro la extensión de los campos al costado
de la ruta 2:
·¿Estarás con Kralise?
·¿Qué habrás aprendido hoy?
·¿Te reíste a carcajadas? ¿Alguien te hizo
llorar?
·¿Serás feliz? ¿Qué onda ATAV? ¿Te gusta la
historia?
·¿Te acordarás de la plaza del monstruo?
·¿Sabes quién es Fito Páez?
·¿Cuál es tu recuerdo más bello? ¿Cuál es tu
sueño?
·¿Boca Campeón o ganar la liga intercolegial?
·¿Qué sentís cuando haces un pase para que
Agustín convierta?
·¿Extrañas ser un niño que adoraba escuchar
cuentos?
·¿Sos feliz?
·¿Qué significan Juani y el Colo para vos?
·¿Qué pensarás cuándo papi te pide un abrazo?
·¿Te resulta vergonzante?
·¿Sos amigo de tus amigos?
**
Señores
del jurado:
No quiero respuestas. Solicito más preguntas porque son
la ventisca que enseña los dientes en este sinsentido.
No busco certezas, solo
una incertidumbre que me ubique con vista al mar para no abandonar mi pulsión de
vida pegada con cinta scotch.
La única certeza que me atraviesa el pecho es que quiero a ese muchacho. Si el destinatario de mis preguntas llegara a firmar en discrepancia lo amaré aunque su felicidad no me incluya.
La crianza no es un reembolso, el amor está muy lejos de ser un plazo fijo.
Lo
único que me importa en la vida es ser un buen padre.
No puedo decir que la
oscuridad desaparezca del todo. Sigue ahí pero nunca me he visto tan cerca de
la luz como en estos tiempos.
Un cartel reza, General Guido, 100 metros. Mientras miro la extensión de los campos al costado de la ruta 2.