20 de noviembre de 2013

BAJO FLORES










Ariel tiene 28 años y todavía vive con su madre. En su habitación atesora cientos de discos grabados en cassettes y videos musicales. Tocaba el bajo en una banda de heavy metal.
Su papá es vendedor y viaja todo el tiempo. Su mamá vive al cuidado de su hermanita menor que padece osteogénesis imperfecta. Ariel comenzó varias carreras. Hizo el CBC cuatro veces pero sin ninguna pasión. Sólo por mandato.
Comenzó a tocar la guitarra a los doce años. Se inició en el folclore. Con zambas y chacareras aprendió sus primeros acordes. Ya en la adolescencia continúo con el típico cancionero de rock nacional hasta que Martín, su amigo guitarrista, le acercó un disco de Black Sabbath. De ahí en más, quiso tocar el bajo.
Ariel vive en el tercer piso de un edificio antiguo sobre Avenida Directorio, a pocos metros de San Pedrito. Un departamento de cuatro ambientes, sin grandes lujos pero bien amplio, con una terraza considerable.
Junto a Martín decidieron armar su propia página de facebook y publicar un aviso solicitando un batero de heavy metal o trash metal. Se presentaron cuatro muchachos. El segundo de ellos, que era el de menos onda, fue el admitido. Su batería, la más completa de los postulantes, tiene doble bombo y platillos Zildjian, sabe leer música y vive a siete cuadras del  departamento de Ariel.

- Tenés razón, no era el mejor - expuso Ariel. Tiene el pelo corto. No da heavy, pero… ¿De qué me sirve un chabón que vive en Luis Guillón? ¿Cómo hace para venir a ensayar hasta acá?
- Pero este pibe parece un oficinista - dijo Martín.
- Eso se puede corregir. Le ponemos los pantalones chupines para los shows.
- ¿Y el pelo corto?
- Una peluca, de última. No va a ser la primera vez, ¿no?- expresó casi sonriendo.
- Sí, que sé yo. Además es profe en el colegio de mi hermana.
- ¿¡Queeé!? ¿cómo sabés?- inquirió Ariel saltando de su silla.
-Ayer le envié una solicitud de amistad. Me aceptó al toque. Y le stalkeé la página.
- ¿Qué hace ahí?- insistió Ariel.
- Da clases de música en tercer año. Le pregunté a Sol. Me contó que es re deforme, pobre. Onda que todos se ríen de él. ¿Escuchaste cómo habla? Es re aparato.

El papá de Ariel le compró a su hermana la parte del departamento que le correspondía a ambos. Es una herencia de sus padres escribanos.
Américo, encargado del edificio, conoce al papá de Ariel y a su tía desde que eran chicos. Los cuidaban junto a su finada esposa cuando los escribanos trabajaban. Como no tienen hijos, fueron como los tutores de las dos criaturas. Américo no es ningún santo. Le conviene hacerse el sota con la familia por los vinos que recibe del papá de Ariel cada vez que viene de Mendoza y alguna propina cuando les cuida la casa. Américo es un bebedor empedernido y desde que quedó viudo se baja dos botellas de vino por noche. Tiene setenta y dos años. Es amigo de un gremialista de peso en el Sindicato de Encargados de Edificios, el mismo que truchó unos papeles para congelar su jubilación. Retirado y jubilado perdería la vivienda, los tongos con la administración y está prendido en la cometa con los arreglos en el edificio, llámese plomeros, gasistas y electricistas.
Américo, como cada mañana, salió a limpiar la vereda. Ariel lo encaró.
- Américo, ¿todo bien? ¿Qué onda, cagaron otra vez los perros del segundo?
- Sí. Ya hablé con la señora pero parece que no entiende. ¿Qué le cuesta salir con la bolsita, no?
- Es verdad. Américo, una consulta. ¿Usted tiene todavía el contacto con la gente esa de Suterh?
- No entiendo, Ariel.
- Los chabones del gremio. Los que alquilan el anfiteatro. ¿Se podrá arreglar con ellos para tocar ahí?
- ¡No, Arielito! El anfiteatro del gremio es para charlas y conferencias. No es un sitio para que toquen los conjuntos, ¿comprendés?
Ariel lo miró, pensó e improvisó un argumento.
-¿Sabe qué pasa, Américo? La onda sería hacer un recital benéfico para juntar fondos para los chicos con osteogénesis imperfecta.
- ¿Oste qué?
- Osteogénesis imperfecta, Américo. Es un trastorno genético. Los huesos de quienes sufren la enfermedad pueden fracturarse de la nada, por el mínimo golpe. Lo que tiene mi hermanita.
- Mira, Ariel, no seas picarón. Con la enfermedad no se embroma y menos de un familiar. Tenés que madurar alguna vez. Tu padre a tu edad ya era todo un hombre. Hecho y derecho.
Ariel no insistió. Américo sabe por diablo pero más sabe por viejo.
A la semana siguiente, la mamá de Ariel recibió un llamado de la empresa donde trabaja su marido. El papá de Ariel manejaba su auto por la ruta nacional 7. Antes de llegar a San Andrés de Giles un camión que venía en sentido contrario se pasó a su carril y lo chocó de frente. Aparentemente el camionero se habría quedado dormido. El Peugeot 206 quedó aplastado. El padre de Ariel murió al instante.
Ariel pensó en encerrarse a tocar el bajo y escuchar música al mango para olvidar lo sucedido. Pero fue inútil. Recordó la última charla con su papá. Más que palabras fueron como fotos, como polaroids de sensaciones. Imágenes que emergen ante lo fatal. Un flash back ineludible.
De ahora en más su vida ya no sería la misma. Descartó la posibilidad de continuar con el proyecto de su banda de rock. Su mamá junto a su hermanita, desamparadas y sin recursos, necesitaban de su ayuda más que nunca. Él debía cambiar su forma ver las cosas, ponerse al hombro la familia. Buscar un trabajo para pagar los gastos que su madre no podría solventar sola.

Un mes después de la tragedia pudieron vender el departamento de cuatro ambientes por un contacto de Américo en una inmobiliaria y se mudaron a pocas cuadras, sobre un pasaje, a un PH de dos ambientes. Ariel, antes de mudarse, tomó la decisión de tirar muchas cosas valiosas para él. En la nueva casa ya no habría tanto lugar. Se deshizo de más de quinientos cd´s de audio grabados y cientos de videos. Se quedó con unos pocos a modo de souvenir.  Fue doloroso para él. En cada compact disc se iba una anécdota, una historia, una vivencia además de una melodía. Sin mucho esfuerzo podía recordar quién fue la persona que le grabó cada uno de ellos, la imagen de un viaje en tren de una punta a la otra de la ciudad en busca de un nuevo disco. En la mayoría de cd´s reconoció su letra manuscrita. Es ahí donde pudo visualizar cómo modificó su forma de escribir con el paso de los años. En el grafismo pudo ver la dedicación y la importancia que tenían esos discos para él. No fue nada fácil ver todos esos años de material dentro de una bolsa de consorcio.
Luego de la música le llegó el turno a los apuntes de todas las carreras que comenzó y no terminó. Durante años pensó  “los guardo porque alguna vez voy a volver a leerlos”. Ese día nunca llegó, pasó más de una década y ahí estaban, amarillentos, con polvo y algunos casos hasta ilegibles.
Concluyó la tarea con una pila de papel seleccionada a un costado del living. Le llevó toda una tarde de domingo. Afuera lloviznaba, lo que le daba un clima más conmovedor y épico al asunto. Mientras tanto, su madre inventaba un nuevo juego con su hermanita y la pava apoyada por enésima vez en la hornalla calentaba el agua para unos mates.
Separó y seleccionó entre diez y quince hojas de decenas de apuntes. Kilos de papel que en cada mudanza son lo que más pesa junto a los libros. Abrió de a una las bolsas de consorcio y quedó todo listo para tirar.

- A veces, desprenderse de las cosas del pasado es un signo de madurez – decía su papá.
Todo tiene su etapa y alguna vez tuvo que llegar esa tarde. Todo ese material se fundió dentro de unas bolsas de residuos y formó parte de la carga de un cartonero que pasó por la puerta del edificio de Directorio y ese domingo logró una cantidad de papel que en el pesaje final sumó unos mangos más para llevar a su casa.
Cuando paró de llover, Américo salió a la vereda a colgar las jaulitas de los canarios y encontró a Ariel en el hall con lágrimas en sus ojos.
- Y pibe, ¿cómo te sentís?- indagó sin poder disimular su emoción.
- Bien Américo. Creo que bien – contestó Ariel cabizbajo.

El encargado histórico del edificio de Directorio, donde se crió el papá de Ariel, lo miró mientras se alejaba hacia las escaleras y pensó en lo orgulloso que estaría su padre de ver a su hijo tomando los rieles de la familia.
Américo, en realidad, es medio hermano del abuelo de Ariel. Pero como no había estudiado una carrera, no había terminado ni siquiera la primaria fue marginado a la portería. En el barrio dicen que mastica la verdad desde hace más de cincuenta años. Su hermano, el abuelo de Ariel, le pidió que nunca hablara sobre el asunto y a cambio lo acomodó en el sindicato. Sentía vergüenza de Américo y su mujer. Los esquivaba y evitaba que los vieran juntos. Quienes conocen bien la historia comentan que su mujer, primero, y el vino, después, fueron los únicos testigos de su dolor.
El profesor de música de la hermana de Martín volvió a sus menesteres. Si bien lo siguen cargando por su forma de hablar, él parece no darle importancia al asunto. Es un músico de conservatorio que adora enseñar en los colegios. La adolescencia es un momento de la vida, donde la crueldad de nuestros actos y nuestras palabras no mide las consecuencias a corto, mediano o largo plazo. Al menos ahora tiene una alumna de tercer año que estará de su lado, la hermana de Martín. Sol lo vió tocar en la sala de ensayo y cambió su forma de pensar a partir de ese día.
Mientras tanto, la promesa del rock pesado, Ariel, el bajista de Flores, le daba la bienvenida a una nueva etapa. Antes de salir de su viejo cuarto miró hacia un rincón y descubrió una frase de una canción escrita en liquid paper sobre una pared pintada de negro que decía: Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.

Ariel encaró hacia la puerta, se colgó el bajo y cerró su habitación para siempre.                                      






17 de noviembre de 2013

CUERVOS












-¡Qué linda pendeja!- me dijo Richard al salir de su oficina–. Esta clienta no tiene un mango pero la atiendo igual. ¿Viste lo que es?
- Sí, la verdad que es hermosa. ¿Sabés a quién me hace acordar?.
-No, ni idea.
-A Selva, Richard. A Selva del Condon Clú.
-No podés... No podés acordarte de esa mina, Abelito.
-¡Cómo no me voy a acordar, doc! Si era un bombón.
-Dale, dale Abel. ¿Me esperás dos segundos que tengo un cliente más y vamos, sí?

Selva era preciosa. Una noche de lluvia en la puerta de la Federación de Box decidí encararla. En la charla, Selva me contó que vivía en una pensión. Se había ido de la casa del padre cuando tenía catorce años. El viejo la cagaba a palos. Me dijo que no le diera bola, que había fumado mucho.
-Mirá, yo pensé en pegarme un viaje... Lo pensé posta, boludo... Y en un tiro escuché una canción en la radio ¿entendés?, ¡y ya loco! me quise quedar un toque más, ¿entendés?, un toque – me dijo Selva como deletreando sus palabras.
Tarareó la melodía del tema, afinaba muy bien. Me sorprendí al escucharla.
Nos vimos dos veces en la semana. Un día lunes en el hotel de la calle Yerbal donde me hacían una rebaja y nuestro segundo encuentro, creo que fue un jueves, en su casa de Barracas. Tenía dos perritas. La más chiquita se había encariñado conmigo. Se llamaba Joni, como Joni Mitchell.
Selva preparó la mesa y cenamos sin hablar. Pasamos al living y la charla comenzó con total naturalidad. Me acuerdo que sus piernas contrastaban con el sofá color ladrillo. Paseamos por muchos temas. La música notoriamente, la política, la literatura... Cuando llegamos a la Revolución Cubana surgió alguna que otra polémica. Teníamos dos o tres tópicos en los que solíamos discrepar. Salteamos el postre y un café doble bajó los decibeles. La púa del disco se detuvo y el silencio no estuvo nada mal. Busqué mirarla pero no lo logré. Parpadeaba muy seguido al hablar, estaba tan sumergida en sus pensamientos que ya no le interesaba el interlocutor. Cuando los párpados recuperaban su ritmo natural, sus ojos se apesadumbraban. Pasamos la noche juntos y quedamos en vernos el sábado siguiente en el Viejo Correo. Ella no fue, nadie supo decirme dónde estaba o no quisieron decirme. 

-¿Me aguantás un segundo, Abel? Atiendo a este pesado y vamos a buscar a los nenes, ¿dale?

Richard es colega. Fanático de San Lorenzo como yo. Lo conozco de la adolescencia. Tiene su propio estudio y le va muy bien. Además es el papá de Lautaro, el mejor amigo de mi hijo Bernabé.

-Listo, Richard. Dale tranqui mientras reviso los mails.

Me senté en uno de los sillones del estudio. Fingí mirar mi celular pero no podía dejar de pensar en Selva. Me acuerdo que la mina paraba con unos pibes de la hinchada de Huracán en un nudo del barrio Espora. Los quemeros no veían con buenos ojos a los que les zarpaban minitas de su banda. Yo era un pichón de burgués, jugando a ser rocker. De excursión por la vida marginal de los sin jopo en el auge del uno a uno. Ella vivía de lunes a lunes de gira, sin preocuparse por nada. Me contaron que una noche en la villa de Cobo le tocó perder.
Busqué en mi iphone la canción, la que tarareó Selva en la Federación de Box.
Me puse los auriculares y decidí dejarla un toque nomás... Sólo un toque como ella decía. El fraseo de Joni Mitchell me trasladó a esa noche de lluvia cuando la conocí. Entendí que ahí, en la calle, sentados en el cordón, mojados, sin sillas ni manteles, me sentía vivo, sin la necesidad de caerle bien a nadie. Era el que quería ser, tomando un vino con una mujer que escupía su verdad y me invitaba a patear tableros. Selva era de esas mujeres que se van sin despedirse y nos dejan rengos de buenos momentos entre tanta gente sin swing.

Richard salió de su oficina y mientras despedía a su último cliente del día, miraba su celular con mucha ansiedad.

-Bueno señor, quédese tranquilo. Mi socio va a llevar su caso, ¿eh?. Es lo mejor que tenemos en el estudio en materia de Derecho Penal. Un jurista prestigioso, no se preocupe. Hasta luego.
- Vamos Richard, los chicos ya salieron del club– le dije mientras cerraba su oficina.
- ¿Qué hora es? ¡Uh, no! Se me hizo tardísimo. ¿Te puedo pedir un favor? ¿Podes ir vos por los chicos? Estoy hasta las manos.
-Pero, ¿por qué? ¿Qué te pasó?
-Me olvidé que tengo que ir a buscar a Yazmín.
- ¿Yaz qué?
- Yazmín. Es una pendeja de un juzgado que conocí ayer. ¡No sabés lo que es! Un caramelo.
-¿Y qué le digo a Silvia?- le pregunté.
-Sos mi amigo, ¿no? Inventate algo, que sé yo. Che, ¿sabés qué estaba pensando…? Tenés razón, la clienta de hoy se parece mucho a Selva. Te conté, ¿no?
-¿Qué cosa?
-Ah, ¿no te conté, Abelito?. Ella estaba enamorada de mí. Cuando se fue a vivir a Córdoba me pidió que no te dijera nada. Hizo trascender ese episodio de la villa y todo eso para que no la busques.
-Richard, la puta madre que te parió. Vos sabías y no me dijiste nada. Yo la quería en serio.
-"La quería en seerio". Vamos, pasaron veinte años, Abel. Dale, dale. Dale que los pibes se preocupan. La histérica de Silvia empieza a mandarme wassapp. Solucioname este quilombo, por favor. ¿Puedo confiar en vos? Hoy por mí. Mañana por ti ¿no?... Hola, ¿hola? ¡hola!, ¿Yazmín? Sí princesa…, sí, sí, tuve un quilombito... Estoy a cinco cuadras.











14 de noviembre de 2013

ROBERT JOHNSON






Columna musical del 2/5/2013 en Paranormales, 
programa emitido todos los jueves de 0 a 2 hs 
en Radio Gráfica 89.3 Mhz 





Hasta la vida y habilidades de algunos grandes músicos tienen como trasfondo leyendas que explicarían porque llegaron a estar en ese firmamento de estrellas elegido para unos pocos. Este es el caso de uno de los mejores guitarristas del mundo y cantante de blues, Robert Johnson, cuya leyenda habla de un pacto con el diablo.
Robert LeRoy Johnson nació en 1911 al sur del estado de Missisipi. Nació fruto de una relación esporádica y Robert tardó años en saber su verdadero apellido. Fue el undécimo hermano de una familia negra en una época y lugar muy complicados para alguien de color.
La música comenzó a atraerle a una edad temprana y comenzó a tocar el arpa y la armónica y a faltar a la escuela y un problema de la vista fue excusa para que abandonara las clases definitivamente y se centrara en la música, en la que era más bien mediocre, y en las mujeres, una pasión que le obligó a huir y a cambiar de nombre más de una vez ante maridos celosos. En la adolescencia comenzó a tocar la guitarra con idéntico poco virtuosismo.

11 de noviembre de 2013

¿PORQUE LOU REED?





Porque su forma de cantar es única. Si bien no es un gran cantante su voz suena a bourbon y cigarrillos negros. Salió del cliché de las canciones de tres minutos con intro-puente-estribillo. Sus temas son extendidos y épicos, nos describió la idiosincrasia de los barrios de Long Island como nadie. Caminó por el lado salvaje durante toda su vida.
Es uno de los artistas más influyentes de la segunda mitad del siglo pasado. Junto con Bowie y Marc Bolan fueron los fundadores del glam rock. Movida de la que comieron muchos artistas de los setenta. ¿Qué sería de Kiss, Alice Cooper, Iggy Pop sin el glam?

Influenció a muchos músicos de nuestro país. Uno puede escuchar su riff característico en canciones como "Nada es mejor" de La Portuaria, "Down" de Guasones, "Calavera" de La Mancha de Rolando por dar algunos ejemplos. Juanse, líder de los Ratones Paranoicos, copiaba el look de Lou Reed (circa 1974) a fines de los ochenta. Ropa de cuero, teñido de pelirrojo y lentes Ray Ban.
Sumo solía tocar en vivo un tema del neoyorkino. Leave Me Alone (Dejame en paz). Luca admiraba a Lou Reed. Trajo sus discos bajo el brazo al llegar al país, brazos que supieron de la adicción a la heroína. A fines de los sesenta; mientras Litto Nebbia y compañía construían su balsa, Lou Reed, sumido en su adicción, le escribió a su dealer (I´́m waiting for the man).

Porque me recuerda al polaco. Hoy en el umbral de los cuarenta me permito una analogía con el 2x4, ahora que estoy más cerca de "Tinta Roja" que de "Brown Sugar" con el gran Roberto Goyeneche. En sus primeras grabaciones con Salgán y con Troilo el polaco fue un correcto cantor de tango. En cambio en su etapa de las presentaciones con Piazzolla en el Teatro Regina, en el albor de los ochenta, interpretó como pocos los viejos clásicos con su impronta, su fraseo. La voz de Roberto se apagaba pero encontró un estilo que tiene, a mi entender, dos etapas bien marcadas. Yo prefiero la segunda, donde la interpretación es lo que cuenta. Goyeneche, al final de su carrera, se corrió del biotipo acartonado del cantor que hace de la técnica su fuerte. Disolvió la Velvet en su mejor momento y se fue a Europa. Se instaló en Berlín y nunca fue el mismo. Se reinventó y lanzó al mercado uno de sus mejores discos, Transformer.

Como la banda de punk rock 2 minutos con su disco Valentín Alsina, Lou Reed tituló a su producción de 1989 : New York. Su ciudad, su inspiración, la gran manzana, la ciudad más cosmopolita del mundo. Repleta de galerías de arte, de museos, de músicos callejeros, de rascacielos, de homeless, de sordidez y de crack. Pintó su aldea y conmovió al mundo. ¿ Acaso que otra cosa es el arte sino conmover?







28 de octubre de 2013

ALICA ALICATE







Francisco de Narváez reconoció su derrota: "Me cabe a mí toda la responsabilidad de este resultado". El colorado construyó a partir de sus recursos económicos y de la publicidad. Gastó mucha guita y se quedó con un magro 5% de los votos en la Provincia de Buenos Aires. De Narvaez es un empresario, no es un cuadro político. Como tal, no armo un espacio estratégico a largo plazo, con visión de futuro. 
Parece ser que Don Francisco compró la biblioteca de Perón y se creyó el filósofo de Lobos. Muchos empresarios como el, que se acercan a la política como un negocio, terminan yéndose por la puerta de atrás u operando en la sombra, llevando negocios al Estado. Desembarcan, pasean por los canales de televisión haciendo lobby para sí mismos, ven la posibilidad de invertir, (como si se tratara del boom del parri-pollo y las canchas de paddle) ganan una elección (como en 2009, nada menos que a Nestor Kirchner) y piensan: - ¡Ya está! Y en realidad no está nada, allí comienza la historia. 
El boom Alica/Alicate fue eso, un boom. Efímero, falto de contenido y pasajero. Un candidato que se hizo popular a partir de una imitación televisiva.
Salir en "lo de Tinelli" no fue suficiente. Cuando se acaba la fama ( que no es lo mismo que el éxito) cuando se agotan los recursos y la magia ya no está, como en el cuento de cenicienta, se acaba el hechizo.









20 de octubre de 2013

LA MARU



18/05/2010 
Primer encuentro de mamá con Julián

Esta imagen la tomé en el momento en que July y mamá se conocieron. El mira desconfiado, extiende su brazo y duda en agarrar la botella pero con la certeza de que esa mujer no le hará daño. Cosas que uno naturaliza. Impedimentos, trabas e iniquidades que solo pasan en las películas, hasta que te pasan a vos.

En este caso, una película bizarra de bajo presupuesto con actores grotescos y miserables que vieron en la convocatoria una oportunidad para lograr algo de notoriedad. Confieso que hubo días que miraba alrededor y buscaba un guiño, una señal, un asistente de cámara, al director que me dijera:
- última toma... silencio... grabando…- y que terminara la pesadilla, pero no fue así. 

Hay films que duran una hora y media, dos como mucho. En este caso tuvo muchas horas más, muchos fotogramas más: veintiún meses para ser más preciso. 

Días y noches interminables, como en un cuento kafkiano sin la arquitectura gótica y romántica de la ciudad de Praga como marco. Las locaciones, en este caso, fueron los claustros de los tribunales porteños. Juzgados con escaleras estrechas, ascensores abarrotados de abogados, despachos repletos de expedientes y eternas esperas en los pasillos con vista al techo de chapa oxidado de un supermercado chino.


Fuera del set, a cuatrocientos kilómetros estaba mi vieja que aceptaba con hidalguía la situación. Naturalizando la sinrazón para no levantar el avispero. Lejos de dramatizar tejía chalecos, gorras y bufandas para el próximo invierno sin certeza alguna, de cuando iba a conocer a su nieto. 
– En una de esas el frío continúa y se lo podes llevar. Por lo que ví en la última foto que me enviaste el rojito que te terminé, le va a quedar medio chicón- me decía por teléfono. Sólo Dios sabe por dónde andaría su cabeza en esos casi dos largos años.


Para terminar y con perdón de los Sociólogos en la sala. Creo hay dos clases de personas: Los espectadores y los protagonistas. Los espectadores son aquellos que tienen el conejo más grande que la galera, los que se suman al desconcierto para ver que ventaja pueden sacar. Los que desfilaron a avalar una mentira ya sea por envidia, miedo, obediencia o conveniencia. Los que fueron a sumar su grano de arena a un expediente embustero y con una actitud cobarde 
a separar (y esto es lo más grave) a un bebé de su abuela.

Los protagonistas en cambio, son los que ante una situación delicada observan, esperan y saben contemporizar. Desensillar hasta que amanezca, como dicen en el campo, para actuar con discreción y sensatez. Mi mamá pertenece al segundo lote. A veces siento que para vivir en un mundo mejor todos deberíamos haber sido criados para criar.  
La suerte son los padres - decía Facundo Cabral. Comparto su opinión, en ese sentido yo tuve mucha suerte: mi vieja, la Maru, la que me acompaño a transitar ésta pesadilla con un final feliz. 








11 de octubre de 2013

LA PROMESA










Geneviève llegó al cementerio de Montmartre con un ramo de flores y una caja en su mano acompañada por su nieta.
- Abuela, aquí está el sepulcro de Edgard Dubois.
- ¿Estás segura, Dominique?
- Sí, abuela.
-Muy bien. Coloca éstas flores junto a su tumba, por favor, y dime la fecha de su muerte.
- 19 de abril de 1986.
- Gracias, mi cielo. Fue hace muy poco ¿no es así?
- Sí, abuela, casi tres años. ¿Estás bien? Estacioné a pocos metros de aquí. Cuando tú me lo digas, volveremos a casa.
- Estoy bien, Dominique. ¿Puedes dejarme a solas?
- Abuela, no te dejaré sola. Estaré aquí a pocos metros.
Geneviève, no veía bien. Hacía años que su visión sólo distinguía siluetas. Tenía una promesa que cumplir. Su juramento estaba allí en sus manos. Una caja de multilaminado de cedro muy bien conservada.

Edgard decía que en ese cofre podía entrar todo. – Esto es sencillo, esta caja es algo extraordinario. Vamos a poder guardar las joyas. Las perlas no se van a perder. Esta es la solución a los problemas de dónde depositar las perlas de los collares. Tome nota, Geneviève.
Geneviève hacía muy poco que escribía a máquina. Su dactilografía era insuficiente. Edgard le pidió, le suplicó más bien – Mire, Geneviève, necesito que tome nota con precisión.
Edgard continúo -Por favor, presten atención. Esto es importante para el diario. Le Parisien necesita incrementar sus ventas. Sus salarios dependen de esta noticia que será la portada de mañana. Tú, el fotógrafo ¿puedes sacar esas fotos después de la reunión? Esa luz nos distrae, se lo pido por favor. Bueno, como les decía, el material de la caja es de multilaminado de cedro. El cedro es un tipo de madera muy noble. Las perlas allí dentro no harán ruido. Hay algo llamado telgopor...
-¡¿ Telgopor?! Interrumpió Adrién tomándose el mentón entre sus dedos.
- Sí, así se llama. Se le dice Telgopor por el fabricante, el nombre genérico es poliestireno expandido- contestó Edgard con propiedad. Este material pronto solucionará el asunto de los golpes y las roturas, en una palabra, darán respuesta a la demanda del choque entre las perlas almacenadas en arcas de mala calidad.
 Geneviève lo miraba con secreta admiración.
- En principio- reanudó Edgard- fue pensado para las perlas, pero la idea es avanzar en las alhajas, joyeles y filigranas. Podemos ubicar esta caja en el dispensario del baño, en la alacena de la cocina, en el aparador del cuarto. Escriba Geneviève, por favor.
La nota sobre la caja para depositar reliquias publicada en la portada del Le Parisien, sería todo un éxito y una bisagra en la carrera de Edgard. Muy pronto se convertiría en el periodista y publicista más famoso del matutino y poco tiempo después de la élite parisina de la segunda mitad de la década del ´20.
En ese momento irrumpió Etienne, jefe de la redacción del Le Parisien – Yo no entiendo cómo aquí pueden reunirse once reporteros y creativos para redactar una nota. Hoy es un día histórico. Hoy llegará a la redacción lo que esperamos tantos años: ¡Las máquinas de escribir Remington! ¿Ustedes toman dimensión de lo que eso significa? ¿Y usted qué hace ahí? Por favor termine de una vez con las fotografías. El ingenio se dispersa, mis colegas trabajan en una crónica muy importante del periódico ¿acaso no entiende? - giró su cabeza y miró fijo a François y a Maurice que estaban en un rincón- Y ustedes dos pueden salir. Hay mucho personal en este sector.
Etienne envidiaba a Edgard, hacía todo lo que estaba a su alcance para obstaculizar su faena. Sin embargo, Edgard, quería demostrar a sus pares, a sus condiscípulos de otros medios gráficos de París y a los lectores del Le Parisien que estaba para grandes cosas. Edgard era un talentoso. Él lo sabía. Alguna vez dijo mientras fumaba su pipa de brezo - El talento escondido no produce reputación- y no se equivocó.

-Vamos abuela, ya estuvo bien. Deme ese cofre que se va a mojar.
-No, no Dominique. Déjalo junto a las flores.
-Pero con la lluvia se echará a perder.
-No importa.
-Pero abuela, lo ha atesorado por más de sesenta años.
-No me interesa Dominique. Lo conservé tantos años para traerlo hoy hasta aquí.




"Las verdaderas promesas son aquellas 
que se hacen con el corazón y se cumplen en silencio"







5 de octubre de 2013

NOCHE DE MILONGA




Hoy nos quedamos acá. ¿Tenés ganar de salir, vo´? Llamá a la pibita, el gatito ese y explicale. No, no, no, pará. Pará un poco. El que fue a pegar fuiste vos. No me quieras enroscar a mí. Yo te avisé que con los peruanos estaba todo bien... y además a ésta piedra la juno, ¿es de la gente de Acuña, no? ¡Así la embalan estos putos! No, no me mires así, la gente de Acuña la corta, se zarparon mal. ¿Qué no sabías? ¿Cómo qué no? A los pibitos de la nueve boludo, la gente del Horacio, esa, sí, esa. Fueron y pegaron base y tenía más tubo que pasta. Dale, te hacés el logi... Acá... Conmigo. ¡No podés ni hablar, Maurito! Mirate loco, mirate. Sí, estás ahí mandibuleando y no podés armar una frase... Bueno, a los pibitos del nueve los garcaron, fueron por un pipazo y se dieron vuelta como una media. ¿Por qué? ¿Por qué, qué? ¿Qué ponés caras? Coooorta la bocha. Porque la gente de Acuña, tu amigo Acuña cortó de más. Ahí lo tenés, a tu amiguito Acuña matando pibitos ¿viste? Sí, sí, no mires con esos ojos. Y pará un poco. Virulo va, virulo viene. Mirá que la noche es larga, loco, eh. Ponete pillo. Viene un barrilete de estos y vos... ¿y vos qué haces? No la ves Mauro, ¡no la ves, amigo! Maurito, Maurito si te viera tu vieja, boludo. La dejaste tirada, se te venció el título y fue a parar a una fosa común. Maurín. Pará de carretear, es la verdad, Mauro. ¿Qué te pasó, loco? ¿Dónde quedó el pibito que yo conocí? Rescatate un poco. Salí, salí de esta gilada. Dejá un poco. ¿Qué mirás? ¿Yo me persigo? ¡Vos te perseguís! Sí, vos. No, no. Vos te perseguís que yo me persigo. Pensar que eras un pibe de primera: Blazer, camisita y zapatitos de Grimoldi. Mirate ahora, Mauro. ¡Pará, pará! Despacio que la noche es larga, loco. ¿Te acordás en la casa del laucha, la noche que quisiste probar? “Parece el olor al dentista” decías. Cómo te enroscaste, Maurito. ¿Hablaste con el boga? ¡Tenés que hablar, loco! Llamalo ¿Ves cómo te colgás? Dame un toque, ela, ela. ¿Qué pasa? ¿Qué chispeás para afuera? No pasa nada, Maurín, este lugar es seguro. Es el ruido de una ambulancia, loco. Tanto quilombo por una sirena. Abrí la birra, dale. ¿Tenés un cigarro ahí? Mirá qué lindo encendedor pegaste, botón. Ja, claro, se lo caminaste al logi de Acuña. Con razón vas seguido ahí. Te cabe la hija y le choreas los encendedores. Maurito, Maurito. Vos sos como yo, por eso, por eso te aprecio.