Mostrando entradas con la etiqueta Lugano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lugano. Mostrar todas las entradas

23 de octubre de 2025

UN MAESTRO QUE ENSEÑÓ A MIRAR





Hay maestros que enseñan materias, y hay maestros que enseñan a mirar. El profesor Luis Casinelli, desde aquel primer año, hizo del pizarrón un horizonte, no un muro. Julián aprendió literatura, sí, pero aprendió algo más grande: que la pedagogía es un arte, y que enseñar no es llenar cabezas, sino encenderlas. 

En estos tiempos donde se les pide a los chicos que dejen sus pantallas, pocos se preguntan qué les damos a cambio. Casinelli lo sabía: les dio palabras vivas, preguntas abiertas, una voz que valía la pena escuchar. Por eso todos miraban al frente, no porque debían, sino porque querían. Porque usted hizo del aula un lugar donde todavía vale aprender. 

Se lo va a extrañar mucho, profesor. España gana un maestro, pero en Villa Lugano queda su huella, su modo de enseñar, y un alumno que lo recordará siempre.




7 de mayo de 2017

VIVIR Y DEJAR MORIR




Sacudido por la noticia del fallecimiento de Hugo Cani decidí reenviar el mensaje a mis ex compañeros de trabajo, todos me respondieron con demostraciones de dolencia similares: «Era una gran persona». Después de la muerte de su madre hace seis años, según me contó el Bocha, Hugo subsistía inmerso en un pozo depresivo. Comenzó a debilitarse, estaba muy flaco. Yo no era su amigo, ni familiar, pero cuando muere un buen tipo me genera mucha tristeza y aflicción. Ale me reveló: «se lo llevan porque arriba lo deben necesitar más que acá abajo».

Huguito fue uno de los pocos que nos adoptó cuando desembarcamos al CGP de Lugano. Nos trató de igual a igual. Se incorporó como chofer a la Dirección General y unas semanas era uno más del equipo. Se puso la camiseta y nos llevaba siempre predispuesto en la Partner asignada a la dirección. Huguito no precisaba gps, conocía las calles de la Comuna 8 de pe a pa. «Raly, devolvé ese Duna, está hecho pelota» me decía cuando alcancé a comprar mi primer auto y no se equivocó. Cuatro años después lo entregué como chatarra. 

El navarrense ingresaba a las ocho de la mañana pero no tenía horario de salida. Modulaba por handy con dos golpes de bip como contraseña para saber si estaba todo bien ante un corte de calles o algún quilombo que nos tocaba ir. Si la respuesta era un solo bip acudía con premura. Gonza, a quien conocí como asesor de la DG, me recordó pesaroso que al morir Castello, Sabina se preguntaba al aire por radio Mitre «¿porque será que los hijos de puta son tan longevos y la gente buena se muere tan joven?»

Huguito estaba desanimado. Lo operaron y no pasó la cirugía. Un domingo de lluvia mohína tripulo la última curva. Decidió detener la marcha para retornar a sus pagos. No habrá velatorio. Los hermanos lo llevan hoy a Navarro donde yacen los restos de sus padres. Parafraseando a Paul McCartney «Vivir y dejar morir», es lo único que me sale rasguear en este momento. Hoy sucumbió un gran tipo, así, con todas las letras. Hugo Cani ya duerme en el sueño de los justos. El mismo día de un nuevo aniversario del natalicio de Eva Perón. ¡Hasta siempre Huguito, saludos a la jefa!







14 de agosto de 2016

RUN CACHIRULA RUN




Lugano I y II. Bs As. Argentina
Nos congregábamos en el olvidado cine Gran Lugano y arrancábamos en caravana a las fiestas del Condon Clú o al Viejo Correo, siempre en bondi. Una noche despuntó por Murguiondo un Citroen amarillo oriundo de Lugano I y II capitaneado por Martín Lauria. Ganamos las calles coreando canciones de Sumo y escabiando vino blanco en tetrabrick. Martín detuvo el auto sobre Castro Barros, descendimos copeteados y con el pecho inflado.


La anécdota puede resultar escueta y simplona, pero para quien escribe, llegar de ese modo a un recital en Capital Federal era todo un suceso.
Va entonces esta pequeña evocación para La Cachirula, el Falcon del Tospar y en especial para los pilotos que maniobraban con el sol de frente en cada nueva alborada y alcanzábamos llegar a casa sin tener que despabilarnos sobresaltados por la voz carrasposa y prepotente de un colectivero que nos dijera “pibe, acá termina el recorrido.”






3 de junio de 2015

JIMMY SIN FACE






Jimmy sabía lo que era la soledad. La soledad lo es todo cuando no tenés nada. Paraba en la estación de Liniers. El amanecer lo topaba en algún rincón, acobachado pernoctando en una escalera. El vértigo de lo indeliberado, la esperanza de un nuevo día lo hallaban entre cartones. Dormía cuando tenía sueño y no cuando había que dormir. Nunca lo vi de día a Jimmy. Siempre de noche. ¿Cómo sería su vida? ¿Su resaca? ¿Acaso alguna vez supo lo que es comer en una mesa rodeado de gente? ¡Cómo podía saberlo! Una vuelta, en confianza, se lo pregunté.
- Desayuno con un porro. Un porro en la estación. Hay dos pibito´ que conocí en Babilonia que pegan, arman y convidan. A las doce voy al shopping. Espero que salga el camión de basura por Montiel y le arrebato un par de cajita´de Macdonal para el bajón. En Falcón y Carhué, ¿viste?, hay un bolita copado que me regala frutas.
Una noche, entre tucas y tetrabrik, a la salida de las Fiestas Mayas, me contó cómo llegó a vivir en la estación. Resultó que el papá, un borrachín, llegó escabiado a su casa y quiso abusar de su hermana. Jimmy, al entrar, vió al viejo con los pantalones bajos. Su primera reacción fue de asombro y sin pensarlo dos veces se le tiró encima y le partió una silla en la espalda. Buscó en la cocina un tramontina y le metió dos puñaladas en las piernas y se fue llorando sin rumbo, para no volver nunca más al barrio San Javier de Virrey del Pino.
Luego de su relato violento continuó hablando con la naturalidad de un pibe curtido que no se detiene ante la fatalidad.
- Mi hermana, la Lore, era igualita, igualita a la Carla Ritrovato. ¿Te acordás de ella? Paraba con el Richard y toda esa banda enfrente del Don Orione de Lugano. Vos que sos de ahí, capaz que los conocés.
- Sí, los conozco - le respondí - Un amigo laburaba en la pizzería de Castañares y Piedrabuena.
- ¿Posta? ¡La Yapa!
- Sí.
- ¡Qué buena pizza, loco!
- Riquísima.
- ¡Mira qué casualidad! ... Bueno, la Lore era así como Carlita, bonita, bien pulenta. Fumaba la guacha...
- ¿No la viste más? – lo interrumpí.
- ...
- ¿Por dónde anda tu hermana, Jimmy?- insistí.
Mi amigo miró al horizonte con una contemplación disipada. Hizo un silencio seguido de un suspiro breve y continuó como quien se cuida de tocar una llaga, una herida recóndita y evadió mi pregunta. El quilombo es que yo salí con la Lore. Jimmy no lo sabía. Si se llegaba a enterar me pegaba un tiro en la pata sin dudarlo. La celaba mucho. Jimmy me miró fijo. Sentí miedo, fue como si leyera mis pensamientos.

-La Lore andaba mambeada. No había nada que hacer. Una madrugada fue dada vuelta a la Villa 1 11 14 y le tocó perder.
Quise decir algo y no pude. Jimmy hizo silencio y siguió con su relato.
- Era igualita a la Carla, loco. A Ritrovato la escuchábamos en el pabellón cuando estuve en naca. Todos ranchando y con la radio a pleno. Con la monada le mandamo´ una carta y le llegó, ¿podés creer? Le llegó de frente ma´... Y la leyó trascartón. ¡Imaginate! Enloquecidos. No comimo´una requisa mal ¿tende´? Los ortivas de los hermanitos nos mandaron al frente… Al frente… Esos putos… Estábamos ahí, al toque de la radio. Queríamos saltar el yompa, ¿tende´, Chirola?

La última vez que lo vi fue en la esquina de Rivadavia y General Paz, en la puerta de Remolino. Nunca supe su verdadero nombre. ¿Cómo buscar un Jimmy en facebook? En aquella época no necesitábamos de las redes sociales. Se paraba en un kiosco o en una pizzería y ahí te encontraban, en los recitales o en alguna esquina. Lo último que supe de él es que piró. Estuvo un tiempo internado en el Borda.
Todavía puedo recordar sus ojos con esa mirada triste y hostil, tierna por momentos, filosa por otros. Los párpados caídos y una cicatriz límpida que le franqueaba el ojo y su sonrisa chillona que solo descubría después de un par de secas. El último recuerdo que tengo del chabón fue cuando me dijo con voz firme - ¿Sabés qué, Chirola? Todavía sueño con la Lore, la extraño ¿viste? la extraño una bocha, loco.
Jimmy bajo su cabeza en cámara lenta con esa cadencia de quienes están cansados de tanto empardar. La vida lo tenía entre cuerdas desde pibito. La cárcel le había quitado la libertad pero no los recuerdos.




* La Ex unidad carcelaria 16 de Caseros en el barrio de Parque Patricios estaba a unas cuadras de la vieja Rock & Pop.





18 de mayo de 2013

TRAICIÓN






Subí al colectivo. La línea 101 a las once de la noche circula con pocos pasajeros. Sobre todo el lunes. Busqué en mi bolsillo la tarjeta Sube pero no la encontré. El colectivero creyó que lo iba a manguear.
Mientras buscaba en mi mochila escucho la voz del chofer: -¡Ey flaco! ¿Hasta dónde vas?
-Hasta San Cristóbal- contesté.
- Son $ 2,35- me dijo con mala onda y arrancó de golpe.
- ¡Aguantá que no encuentro la tarjeta campeón!
Hicimos un par de cuadras y llegamos a avenida Cruz. Un grupo de pibas y pibes pararon el colectivo. Salían de laburar en Jumbo. Encontré mi billetera y pude sacar el boleto. Fui hasta el fondo y me encontré con un amigo de la infancia.
-¡Qué hacés, Jujuanchiii!, ¿taannnto tiempo loco noo?- balbuceó.
El Flaco Orly estaba en pedo. Le di la mano y le respondí: ¡Flaco!, ¿Qué hacés, locura? ¿Y eso?
-¿Qué cosssa? ¿Esto? No diga´nada, hace mucho, hace mucho que no nos vemosss. Mi vida no fue, mi vida no fue fácil. Ando choreaaannndo.
Lo miré, vi su estado y con algo de lástima que no pude disimular le pregunté: - ¿Te parece, Flaco? ¿Para qué? ¿Y tus viejos que dicen?
El Flaco me miró con tristeza y me confesó:- No me haaablann loco, no diga´ nada, me encamé con mi cuñada y se pudrió el rancho ¿tendesss?
Comprendí en ese instante que era un tema recurrente cada vez que se escabiaba.
-¡Dale, Orly! -le dije. ¿Por qué no te bajás, vas a tu casa, te das un baño y te dejás de joder, loco?
-¿Qué, me vasss a dar con… Consejos vos tambiénn?- expresó Orly alzando la voz.
- No, amigo, pero estás en pedo y podés hacer cagada con eso- y eché un vistazo hacia la cintura donde tenía el fierro.
- ¡Salí de acá, barrilete!, ¿qué que te paaasa ortiva?- apuntó el Flaco con voz firme y me tiró una mano.
El colectivero miraba por el espejo. Al escuchar que la discusión era cada vez más enérgica decidió intervenir.
-Ey, muchachos, ¿qué pasa ahí?
-¡Qué salta´ botón! - le respondió el Flaco. Yo trataba de tranquilizarlo, pero no había forma. El colectivero detuvo el bondi, sacó un palo que estaba debajo de su asiento y se nos vino al humo.
Traté de persuadirlo pero estaba encarnizado con mi amigo de la infancia. Uno de los chicos que subió en Jumbo sacó su blackberry y llamó a la policía. Asimismo yo busqué mi celular para llamar y en ese instante recordé que el Flaco estaba enfierrado. Las manos me temblaban. De los nervios se me cayó el móvil por la escalera donde descienden los pasajeros. En ese momento se escuchó un disparo y todos bajaron. Lo último que me acuerdo es que vi el palo del bondiero que iba de un lado para otro y me calzó en el medio de la frente.
En síntesis: El Flaco venía de una salidera, tenía dos causas abiertas. Antes de tomarme las declaraciones me llevaron a la enfermería. Con la venda en la cabeza y todavía ofuscado por los hechos me sometieron a un interrogatorio.
- ¿De dónde venían, muchacho´? ¿Dónde dejaron el auto robado?
Yo no entendía nada. Hice un silencio y volvieron las preguntas.
-¿Cuál es su vínculo con el Señor Orlando Ruiz Díaz?- insistió el policía.
¡El Flaco Orly!, pensé mientras trataba de abrir los ojos encandilados por el tubo fluorescente. ¡Pobre chabón! Estaba hasta las manos. Pero si decía la verdad me dejarían ir a casa.
El Flaco es mi amigo de la infancia, se crió conmigo, hace veinte años que no lo veía. Compartimos muchas cosas. Antes de responder al oficial recordé todo lo vivido con él: el fútbol, los carnavales, Interama… Jugamos juntos en el mismo equipo en los campeonatos Evita, atajaba el Flaco, ¡cómo olvidarse de esos partidos!
-Muchacho´ ¡no tenemo´ todo el día! ¿Cuál es su vínculo con Ruiz Díaz?
- No lo conozco, oficial - respondí. Tartamudeaba y tenía la boca seca. - Quiso robarme -continúe- traté de defenderme, oficial, y me pegó con un palo en la cabeza- así finiquité mi relato.
Salí minutos después de las doce de la noche de la taquería, habían pasado menos de una hora y cuarto desde que subí al 101, sin embargo me pareció un siglo. Al Flaco lo trasladaron a la Unidad Carcelaria 43 de González Catán. El colectivero al conocer mi declaración, ratificó mis dichos y se fue a su casa. 
Llegué al hotel a la una de la mañana, no tenía hambre. Tomé dos vasos de agua y me acosté sin sacarme la ropa. Al día siguiente me levanté y limpié mi herida. Dejé la pieza a las ocho y cinco de la mañana. No podía quedarme un minuto más ahí. Era muy factible que “la banda” del Flaco Orly supiera mi paradero.





La decepción, y la traición causan el mismo dolor










26 de abril de 2011

DERROCHANDO COPLAS




                                   



No se si existió alguien 
que sintiera el fútbol 
como Pedro Durán.
El asador de Floresta.


"Que buena anécdota
me hizo recordar,
tardes del Tenis Club
con el amigo Duran.
El gol de Pedro " y de caño"
es de lo mejor del año.
Asador me despido
como en esas noches de verano,
usted ahora está en Floresta
pero siempre será de Lugano."








Si a rimar a mi me llama
tenga seguro amigazo
que si me mando otro asado
le reservo un buen pedazo
Chorizo, morcilla o tripa,
ironiza algún Pellón (1)
en un asado agentino
en homenaje a Perón





(1)Pellón: apellido de familia numerosa de Villa Lugano, que se caracteriza por sugerir homosexualidad ante la aceptación de cualquier parte del asado, Ejemplo: si ofrecen un chorizo a un comensal y este acepta, "los pellones" corean al unísono: "te guuuusta puto eeeeh". Lo notable es que no sólo utilizan esta respuesta para achuras de connotación fálica sino para cualquier elemento que pueda ser ofrecido en una mesa.
Tira tiros 



Marcelo Pellón dijo...
Les gusta putos eeehhh!
Uno de ellos 




Tiratiro usted está ducho
en el arte de la rima,
aguarde y prenda un pucho
que esto no termina.
Agradezco el asado
en homenaje al General,
usted reinvidica el pasado
y el saber popular.
Recuerdo a los "Pellones"
¿Cómo voy a olvidar?
Si jugaban por la Coca
Y te querían voltear.
Ofrecían un chorizo
con la doble intención,
el Wi no era sumiso
me lo contó Spontón.
Me despido tiratiro
mis saludos a turulu,
Cristina lo tiene decidido
su candidato es Vudu.







" No tienen verguenza "





Ilustraciones: Sebastián Mulero



Dedicado a Mora y Lucía


16 de febrero de 2011

AGRADECIMIENTO











Quiero agradecer públicamente a NOTICIARIO SUR en especial a Victor del Vento Grela por la gentileza de dejarme compartir con todos los lectores del diario mi impresión sobre las tomas en los terrenos del Parque Indoamericano.





2 de agosto de 2009

AGOSTO DE PARTO




4:40 am. Empezaron las primeras contracciones. 5:00 am, son regulares cada cinco minutos y duran entre cuarenta y sesenta segundos. Es tu primera señal. No habíamos armado el bolso. Busco el talco. ¿Le gustará cantar o bailar?  ¿Las toallas dónde están? Mientras tu mamá descansa de la primera contracción encuentro debajo de la cama las pantuflas y pienso en las miradas de los padres que esperan a sus hijos al salir del colegio.
 
5:15 am, querés salir pero tenemos que esperar dos horas de mínimo para ir hasta la maternidad, tal cual no aconsejaron en los cursos de preparación para el parto.
El óleo calcáreo está en el baño. Muy pronto veré la bici en el patio y las rueditas que ayudarán a que no te caigas. En el segundo empujón tomarás envión y nunca frenarás. Asomarán tus primeros dientes. Te tragarás una japonesa y correremos hasta la salita. Marlon Brando simula su muerte mientras juega con su nieto... Querés nacer y sigo buscando todo para no olvidarme de nada: el registro, la factura del último pago del seguro del auto, aceite, agua, líquidos de freno. La cuarta no entra bien. Pasado, presente y futuro se entreveran y no querrás que me vaya. El comienzo de jardín no será tu mejor día. Llorarás al vernos ir y no voy a querer dejarte pero tendré que hacerlo. 

7 am, es el momento de partir.
Sábado de agosto frío, Lugano desierto y vos a punto de habitar nuestras almas para siempre. Manejo de la manera más prudente que se pueda. La onda verde me favorece por la escasez de tránsito. Atravieso Villa Soldati y veo volar figuritas europeas del padre Luis.
Una nueva contracción al llegar a San Pedrito. El semáforo de Varela está en rojo. A mi derecha el nuevo Gasómetro y pienso en las tardes de fútbol que vamos a compartir en el estadio. Los Camboyanos corren por Cruz y el flaco Rifourcat me levanta las cejas y vos a punto de nacer. Sigo por Chiclana. Parque Patricios es un obrador, la avenida Caseros está en reparación.
Llegamos a la Maternidad Sardá. El espíritu de Bonavena riega el barrio con tu recalada. Pastore es todavía una promesa y San Lorenzo colmado de figuras es el Milán.
Nos recibe el camillero y cada vez estás más cerca. Quisiste salir un sábado como todo pibe, ¡no te olvides de nada!: Llave, documento y pañuelo. ¡Qué tridente! 

Las llaves las tenías en las manos y abriste nuestros corazones. Los documentos no eran necesarios, traés el legado en tu nombre: Julián como tu bisabuelo, Raúl como tu abuelo y tu papá. Las lágrimas irrumpen en mis ojos. El reloj del hall marca las 10:25 am. Busco sin éxito mi pañuelo en el bolsillo.

-¿Dónde está? ¡Tenía todo antes de salir! – dije en voz alta sin pensarlo.
-¿Quiere una carilina, papá?- me pregunta una enfermera. 
¿A quién se refiere? ¿A mí, acaso? Es la primera vez que siento que alguien me dice `papá´ de una manera tan natural y entiendo que todo es así, tan natural como verte en mis brazos.






.