2 de junio de 2016

DISEÑO EN EL ABASTO







- ¿Entendés el inglés cuando cantan, Frank?
- Sí, bueno, maomeno. 
- ¿Maomeno? 
- ¿Ya empezás?
- ¿Ya empiezo con qué, nene? 
- Dale, Claudia. Dejame terminar por mi maqueta y ponés lo que quieras.
Ella canturreó “we´re worker ants, or we´re ants whit wings?”.
- Cantá conmigo - le exigió.
- No sé cantar, me da vergüenza. 
- Dale, animate - balbuceó la mujer que no paraba de menearse por el comedor. 
- Tengo la entrega mañana. ¡Ya te expliqué! Hoy me tengo que quedar toda la noche, por favor te pido.
- Jodete, ¿quién te pidió que estudies diseño? – le dijo y abrió una botella de vino.
- ¡Dale! No me molestés. ¿Por qué no te acostás? No tomes eso. El Resero es para cocinar. Te va a hacer mal por tu panza. Mira por tus pies. Están hinchados – le objetó.
- ¿Quedó algo de Seven Up o te la tomaste toda? 
- Está la de ayer, yo no tomé. ¿El médico acaso no te dijo que no tomés gaseosa?
- ¡Qué sabe ese! Acá está. ¡Pero no tiene nada de gas esta mierda! La cerraste para el culo.
En serio te digo, Frankie. ¿De qué vas a laburar cuando te recibas, amor? - le preguntó burlona mientras servía la semen up en un vaso, al tiempo que lo trataba con dulzura y violencia de manera alternada. Como un niño jugueteando con plastilina.
- Ya veremos. Es una carrera nueva en la UBA. Tiene futuro, dicen.
- "Dicen". Pensalo bien, "dicen". Vamos a tener un hijo y con esos dibujitos no vamos a poder comprar pañales.
- ¿Por qué sos así conmigo, Claudia? ¿Qué hice mal, me querés decir? ¿Por qué me judeas así? Trabajo todo el día para traer el dinero, terminar una carrera, ser alguien…
- “Ser alguien”, rojaijú - interrumpió irónica.
- Y sí. ¿Acaso pensás que voy a estar en la obra de por vida? Meta y meta, maza y cortafierro, ¿eh?

Claudia contuvo su mirada sin pestañear sobre el tablero. Inhalaba socarrona el pegamento de contacto y reproducía los gestos de un adicto al poxiran moviendo los ojos como encolerizados. 

- ¿Para qué sirve esto?
- Es un adhesivo para papel. 
- ¡Caregua! - dijo a las carcajadas.
- ¿De qué te reís, decime? Es para pegar las piezas del maquetado.
- ¡Caregua! Rima con paragua.
- No empecés.
- ¿Rima o no, paragua?
- ¡No me digas paragua! Ya te lo dije. Suena humillante.
- Bueno, bueno. ¡Qué sensiblón! ¿Acaso tu mami no nació en Paraguay, papito?


***

Francisco llegó en 1985 de Encarnación a terminar sus estudios secundarios en Chivilcoy. Se albergó en casa de una tía fotógrafa que había quedado viuda hacía tiempo. Cuando cumplió con sus estudios, su tía Stephanie (única familia en Buenos Aires) le confirió algo de sus ahorros para estudiar en la facultad.
Francisco llegó a San Telmo a principios de 1987, en búsqueda de un futuro mejor y de compañía en el ascetismo de la gran ciudad. Conoció a Claudia por intermedio de un compañero de Proyectual, su primera cita fue en la cancha de Los Andes, en un recital de rock. 
Ambos cursaban el CBC*; coincidían en la cátedra de Filosofía de Ciudad Universitaria. Claudia, que había leído mucho en su adolescencia, impresionó al recién llegado. Se mostró muy afectiva y comprensiva en el inicio de la relación. Tejió una telaraña con estoicismo durante años, sin apuro y sin pausa. Cuando supieron del embarazo, empezó una pesadilla para él. A partir de allí, ella se expuso tal cual era, según los versados: una psicópata adaptada. 
Una noche, mientras Francisco se disponía a preparar la primera papilla a Luca, recibió un crua chan sorpresivo en la frente al levantar la mirada. 
- ¡Se te pasó! ¿Qué le haces a mi hijito? Sos un inútil - gritó Claudia enfurecida. 
Francisco cayó, en ese mismo instante, que había sido vapuleado de manera sistemática durante los nueve meses del embarazo y los seis meses de vida de Luca. Un golpe, que podría ser la puerta de entrada a una vida de sumisión, por el contrario, operó como un despertador. Un trampolín para salir de un ambiente que lo oprimía. 
Francisco sintió desolación. Iba a ser papá, algo soñado por él, pero el sueño se transformó en una pesadilla. Tuvo el sobresalto de ser parte de un cuento de terror sin banderitas ni globos.
- Viví "Del crepúsculo al amanecer" durante quince meses - bromeaba años después entre colegas, en referencia a la obra de Quentin Tarantino, que comienza como una road movie y de un batacazo transmuta en un film de vampiros.

***

Los vampiros no pudieron con él. Francisco salió fortalecido, pudo exorcizar los demonios. En cinco años se graduó y tres años después su portfolio contenía clientes de primera línea. Finalmente, luego de varios vaivenes, decidió emprender su propia agencia.

- ¿Estás contento, mi amor? 
- Sí, no lo puedo creer, te juro. Lástima que no pudimos traer a Luca.
- Era obvio que esto iba a pasar. ¡Disfrutalo vos! ¡Ya está!
- Todavía no puedo entender. ¿ Porqué tanto enojo, Sil? Esto es para bien de todos. Para el
futuro de la criatura. ¿Qué pensará esta mujer?
- ¿Querés qué te diga que piensa? 
- Decime.
- Que todo esto lo conseguiste gracias a ella. Que viniste muerto de hambre del Paraguay...
bla, bla, bla. ¡Te va a ningunear como lo hizo siempre, mi amor! Es una psicópata, entendelo. Psi-có-pa-ta - le reveló Silvia, su nueva pareja y accionista.
- Tenés razón, Sil. ¿Tenés un cigarrillo ahí?- expresó Francisco para cerrar el tema. Frank pitó el faso mientras marchaban a la apertura de Abasto Design, la flamante agencia de Diseño Gráfico que abrieron juntos en la esquina de Gallo y Humahuaca.







Ciclo Básico Común


1 de junio de 2016

COMPAÑERA

                                                                                                       

                                                                                                          Buenos Aires, 1 de junio de 2016




¿Cómo estás? ¡Tanto tiempo! Te escribo sencillamente para decirte: gracias.
¿Por qué? Porque mi vida no fue la misma desde nuestro primer encuentro. Comprendí que era el momento para escribir lo que antes no supe o pude poner en palabras. Sin etiquetas, sin compromiso y sin promesas era nuestra lema ¿recordás? Bueno, creí que podría desempeñar con lealtad con lo acordado, pero no. Me enamoré. Sí, y lo advertí tarde. Por esa razón, sabiendo lo que venía, decliné a persistir en la espera y resolví dar un paso al costado.
Ahora que clareó y pude desensillar, sentí la necesidad de rasguear unos párrafos. Hallé, cuando el embrujo y la fascinación del enamoramiento se disiparon, una conmoción de alegría por la libertad de alguien, o sea tu libertad, aunque esa libertad no me incluya a mí. Siento que vivimos una historia muy bonita, a destiempo (quizás). Sin embargo, disfruté de cada instante juntos.
Cumpa querida, me desenredaste los ojos. Mi amor por vos fue una bocanada de aire fresco, como una lluvia repentina de verano sobre un campo reseco. Comencé a desperezarme de a poco. En mensajes y largas charlas primero, hasta confluir en confesiones y besos que nos brindó la comunión del vino tinto. A partir de allí, salí a reanudar mis proyectos pendientes. Al calor de nuestra relación retomé con la radio y la militancia, dos pasiones que compartimos.

Para concluir, y siempre en sentido de gratificación. Me llevo el frenesí de nuestras caricias, el destello de nuestras miradas, el bálsamo de tu piel, la suavidad de tu voz. Fuiste muy especial para mí. Confieso que jamás volví a hablar por teléfono desde las diez de la noche hasta las siete de la mañana con nadie. Me encantó haber transitado parte del camino juntos, de jugar en la misma vereda por un rato. Suena "El tiempo me enseño" en el equipo y siento que estuvo bien, muy bien. Fui muy feliz a tu lado. ¿Cómo no agradecerte? Ahora si me despido como Dios manda. Ahora estoy en paz. ¡Salud compañera!









29 de mayo de 2016

MADE IN LANUS




Felicitaciones a Lanús por el campeonato. Apenado como hincha y con una pulsión enorme por escribir. Las paradojas de perder el título de esta manera. Escribir siempre motiva en las perdidas. Las tardes de domingo como hoy ratifican mi amor por el Ciclón. Extrañamos a Ortigoza, Mercier arrancó mal y Belluschi no acertó con un socio. No hicimos pie en el medio y no conseguimos llegar al arco de Monetti con claridad. Lejos de buscar pretextos al equipo de Almirón esta tarde le salieron todas; fue realmente superior a San Lorenzo. 
El fútbol argentino tiene un nuevo campeón con viento del Sur, camiseta vino tinto, jugadas de baby fútbol y la vuelta de dos hijos pródigos. ¡Salud Granate!







ADIÓS







No se puede vivir conteniendo el aliento indefinidamente, como tampoco se puede guardar vida para más adelante. Vivir es soltar.





22 de mayo de 2016

CINEMA SAN LORENZO




Fui al cine Gaumont a ver Hijos Nuestros. La película es como Héroes pero al revés. Directores como Campanella o Juan José Jusid hubiesen sentido el impulso de invocar a desmedidos golpes bajos en el guión para garantizarse un éxito de taquilla. Fernández Gebauer y Suárez, por el contrario, apelan a jugar bien por encima del resultado y consiguen como corolario un manifiesto involuntario: en el fútbol, como en la vida, nadie gana, nadie pierde; hay que pugnar por cada pelota y en cada jugada.

En Hijos nuestros prevalece la expresividad en el rostro y los gestos del protagonista como columna vertebral del film. Escenarios identificables, diálogos verosímiles, personajes que tienen más para decir que lo que cuentan hacen al todo y convergen en una obra costumbrista y emotiva con un registro propio. En tiempos de meritocracia, reivindicar a los que tienen "la cancha inclinada hace rato" es para ponderar. 
Hijos Nuestros es una película áspera y atormentada con una actuación destacadísima de Carlos Portaluppi, que interpreta y desentraña a un taxista cuervo hasta las muelas. Hugo, el protagonista, es un tachero abatido, adicto a los palitos de la selva que no puede atender ni siquiera un potus que le dispensó su mamá y se pierde de su única cita en meses por San Lorenzo. 
Victor Hugo decía que el infierno está todo en una palabra: soledad y el cuervo de Hijos nuestros lo sabe mejor que nadie.









14 de mayo de 2016

ROMANCE EN LA BARRA





En un bar de Boedo
- Cuando era chico jugábamos por la coca, ¿sabes lo que era tomar una coca, July? 
- ¿Qué era, pa? 
- ¡Era la gloria! 
- ¿Me compras una? 
- Ahora no, vamos a tomar la leche. 
- ¿Pa? 
- ¿Qué? 
- ¿Es difícil jugar como Ortigoza? 
- Sí, es muy difícil pero si la querés a la pelo ella te va a querer a vos. 
- ¿Cómo? 
- No te la saques de encima, cuídala, acariciala.
- Es una pelota, pa.
- Sí, ya sé hijo. Mirálo al gordo cuando juega... Donde cae la pelota, hay juego. 
- La pelo lo quiere, pa.
- ¡Sí, claro! La pelota siente paz.


Pedí dos medialunas, una para cada uno. Me parece que a partir de hoy la caprichosa y Julián comenzaron un romance. La pelota pasó de ser un juguete a una amiga que de ningún modo hará nada que él no le pida.







SEXTA TEMPORADA





PARANORMALES | 6TA TEMPORADA
Le gambeteamos al dial y volvemos a hacer lo que más nos gusta: Radio.
Desde el 16 de mayo te vas a encariñar con los lunes
Cuentos, música y algo de parloteo, lunes 20 horas por:












28 de abril de 2016

TAN AZUL COMO EN MIS SUEÑOS







Una mañana primaveral, luego del traslado masivo ordenado por el director del penal, el pabellón principal estaba desierto. Esa noche me dormí temprano, me levanté a las 8:15 am. En ese horario tenía que estar preparada para servir el desayuno a las internas. Logré un lugar en el comedor. Me gané el puesto a fuerza de trabajo. Rita, mi niñera de toda la vida, me enseñó algunas recetas. Chana, jefa de la cocina, me dió una oportunidad.
Esa mañana estaba somnolienta en mi celda. Dormir bien en la cárcel es una tarea ardua. Sólo lo conseguí absorbida por un cóctel de pastillas. Quedé desmayada. Así, arruinada como estaba, la uruguaya intentó violarme.

- ¿Qué haces hija de mil puta?
- Para Tati, tranqui. Disculpa, no pasa nada, che.
- ¿Qué no pasa nada? ¡Me ibas a empernar, uruguaya hija de puta!
- Te pido disculpa, amiga. Ahora te consigo un par de anfeta.
- ¡Un par de anfeta!, ¡Un par de anfeta! ¡La concha tuya! ¿Por qué no buscas otra pendeja, uruguaya hija de puta? ¡Te voy a pinchar, puta!

No lo podía creer. Quedé shockeada, miraba para todos lados, nadie me daba cabida. Sabía de los abusos en la tumba pero vivenciarlo de cerca me dejó paralizada. Sin preludio y en silencio, la uruguaya, entongada con la celadora, estuvo a punto de ensartarme.

Esa noche, cuando bajé del mambo y del mal trance, recordé mi primer sueño en la cárcel. El bautismo de Sofía, la hija de mi viejo, se desenvolvía con total naturalidad. Mercedes, la mujer de papá, estaba más hermosa que nunca. Relataba con ademanes sobre su viaje a Roma y todo lo que le costó decidir sobre los padrinos.
- El padrino será Carlos - dijo orgullosa.

Mi viejo me observaba con la mirada sostenida. En sus ojos había una combinación de apatía y desazón. Parecía como si supiera que entre Mecha y yo había algo más que el cariño y el respeto de hijastra a madrastra. Rita sirvió torta de frutilla, nos miramos y sin titubear le convidé un bocado. Ella se aproximó, empinó su cabeza de un modo muy sexy y mordió sin empuñar la porción de torta. El fresón americano tenía restos de crema, sus labios rosados se fusionaban con el blanco cremoso y me incitaban a besarla. Toda la escena transcurrió ante la mirada de la abuela Leonor, la mamá de mi papá. La vieja observaba del otro lado de la mesa. No vi con claridad su talante. Había más imperturbabilidad que bronca en su expresión. Era como si su sola presencia pretendiera amedrentarnos.

                                                                                 ****

A la uruguaya la saqué del calabozo a patadas en el orto. Miré el reloj. Eran la 9:02 am. El horario en que ingresan las internas al comedor. Me calcé el delantal y salí al patio. A las 9:12 am ya estaba en mi puesto lista para preparar el mate cocido en unas ollas viejas de acero inoxidable.
- Acá, piba, tené que venir a horario ¿tendiste? - me dijo Chana.
Vanesa me distinguió al pasar. Le debo plata y ya no puedo esquivarla más.
- Tati, Tati. No te olvides de la mía, nena, ¿eh?
- Tranqui, Vane. Esta semana lo arreglamos.
- Más vale que sea así...
- Así va a hacer.

La Vane es el arquetipo de rocha de la vieja escuela. Es la poronga del rancho. Me provee de pastillas, algunos libros y privilegios. Me cobra más que al resto. Hay una animosidad hacia mí, un resentimiento de clase más que personal. Durante dos semanas nadie me tocó un pelo. El día dieciséis no tuve más remedio que ceder a sus brazos para sobrevivir, mientras la uruguaya facinerosa observaba por una hendija. Un desaire o una deuda impaga era argumento de sobra para sucumbir ahorcada en mi celda o desangrarme por un puntazo en la ducha.
Luego del desayuno regresé a mi calabozo, intenté retomar la lectura de "Más que amigas". Volví a dormitar. En el penal hay poco para hacer. Jugamos al truco para matar el tiempo, hablamos de las causas, comemos, nos bañamos y a dormir. Cuando se duerme hay que estar alerta. Esa mañana de primavera logré soñar y recrudeció en mi mente la sonrisa de Mecha.

La última vez que la vi fue en Torres del Lago, una semana antes del golpe a la financiera. Raulito, mi compañero, falló en una esquina mientras nos acorralaba la cana en pleno microcentro. La hermanita de Raúl hizo de campana. Vivi cayó abatida. La pendeja espantada salió corriendo y le pegaron tres corchazos, dos fueron letales. Mi compañero le dió a un muñeco de seguridad y salimos cagando. A las tres cuadras nos pusimos la moto de sombrero. El boludo quiso esquivar un perro de la calle y no pudo mantener el control "No puedo matar un perrito, loca", me explicó en la enfermería.

El hijo de mil putas había matado a un cristiano de carne y hueso un minuto antes de un tiro en la cabeza y me dice muy suelto de cuerpo: "No puedo matar un perrito, loca". Cuarenta lucas gringas desparramadas en el piso y el perro de mierda que me lambía la cara salpicada de sangre mientras un rati obeso y colérico me esposaba en la vereda.

                                                                                   ****

Un viernes antes de navidad desperté con el oficio del tribunal oral federal 1 de La Plata que resolvió mi excarcelación. Siempre aluciné con robar a lo grande, era un desafio para mí. Quería impresionar al forro de mi ex. Era una forma absurda de demostrarle que lo seguía queriendo. No me dió el piné.
Mercedes, versada en el circuito de las financieras, nos pasó el dato. Ella esperaba buenas noticias. Cuando supo que habíamos fracasado me bloqueó del whatsapp. Raulito estaba hasta las manos. "Homicidio en ocasión de robo". Papá, junto a sus colegas más experimentados, prepararon una coartada: yo no conocía a Raúl y había sido secuestrada mientras hacía un trámite para el estudio de mi papá. Mi viejo se aseguró de presentar mi recibo de sueldo y los comprobantes del supuesto trámite.

Yo trabajaba en blanco hacía cuatro años como cadete del estudio. Papá costeó la fianza y en dos meses, tres semanas, cuatro días y ocho horas recuperé la libertad. Mi viejo envió a su chofer. Quería que pase las fiestas con él y que conociera a su nueva novia.

- Dale Tati, sabés que estás en falta ¿no? Venite a pasar las fiestas con nosotros. Maite te va a encantar - me dijo papá por teléfono mientras salía del penal hacia el hotel.
- ¿Maite? ¿Quién carajo es Maite, papá?
- Mi novia, Tati. ¿Quién carajo va a ser?
- Decime que tiene más de treinta, papá - le reclamé a mi viejo y deduje que ya no estaba con Mecha.
- Es una buena chica, te va a gustar.
- Ah, es una pendeja.
- No es una pendeja, che. Pronto va a cumplir treinta. Lo único que te pido es que no le tires los galgos.
- ¿Cómo le voy a tirar los galgos a una mujer que está con vos, papá? ¿Sos loco?
- ¡Tatiii!
- Papá…
- … Dale, vení. ¿Qué vas a hacer en ese hotel? Ahí, sola, como un perro.
- ¡No me hablés de perros, por favor! Bueno, dale, voy – dije con desgano.
- Tratá de venir bien, ¿me explico?
- Ey, ¡si ya no me drogo más! ¿Qué decís?
- Escuchame - dijo papá ignorando mi respuesta -. Tengo un vinito para vos… Catena Zapata 2007.
- Bien ahí, viejo. ¡Por fin rompiste el chanchito!
- Dale, chiquita. No me hagas hablar que estoy empeñadísimo con la que le tuve que desembolsar. Ah, comprá un juguetito para un nene de cinco años, después te explico.

                                                                                  ****


Antes de hospedarme en el Plaza Hotel Buenos Aires pasé a comprar regalos por el Shopping. Papá me envió cash en un sobre. Yo estaba inhibida. Llamé a Mecha pero nunca me respondió. Al llegar a casa me recibió Maite, una morocha preciosa, melena corta por debajo de los hombros, un estilo muy Peleritti. Me saludó cordial.
Mientras me restablecía ante tanta hermosura, de la cocina se precipitó un pibito poseído con un revolver de juguete en la mano y averiguó suspicaz:
 – Ma, ma. ¿Ella es mi hermana Natalia?
“¿Mi hermana Natalia?”. ¡Esto es una joda! ¡Si yo no tengo hermano! ¿La pepa me pegó mal? Pendejo corta mambo me bajó del trip en dos segundos.
El pibito se sentó a mi lado. Apoyó la pistola en la mesa y me dijo:
- ¿Después de abrir los regalos, jugamos?
Me quedé en silencio. Yo tenía otros planes. Vanesa me pasó el dato de un laburo: una buena papota, en poco tiempo y sin riesgos.
- ¿Qué le pediste a Papá Noel?- interrumpió “mi hermano”.
- Le pedí estar con mi papá.
- ¿Qué le pediste de chiches? - insistió el pendejo que a juzgar por los rasgos norteños salió al padre.
- No le pedí chiches. Ya estoy grande para eso. Además, no me porté bien este año. ¿Cómo te llamás? - pregunté para cortar con el tono inquisitivo de la criatura del demonio.
- Jano.
- ¿Jano? - consulté sorprendida.
- Sí.
- ¿A qué querés jugar después de la doce, Janito?- ironicé.
- No me digas Janito...
- ¿A qué queres jugar después de la doce, Jano? - le repregunté mientras se acercaba Maite, que se acomodaba el pelo y caminaba hacia nosotros como en puntas de pie.
- Al policía y el ladrón - me respondió el mocoso inoportuno -. Tengo más pistolas ¿sabés jugar?
- Sí, sé jugar.
- Sos la mujer policía, entonces.
- ¡No!, vos sos el policía - le respondí, mientras papá buscaba el Catena Zapata de su vinoteca, Maite me servía el postre que ella misma había preparado y yo observaba con diplomacia los turgentes pechos de mi nueva madrastra.

Terminé el postre, Jano se durmió. Maite y papá subieron al cuarto. Aproveché y salí con el auto del chofer. El contacto de Vane me esperaba en Dock Sud. Descartamos el auto y me tomé un saque. Repetí como un mantra: Ocho minutos y chau, ocho minutos y chau. Tengo la esperanza de que el Pacífico sea tan azul como en mis sueños.




Solamente en los sueños somos libres. El resto del tiempo necesitamos el sueldo.



26 de abril de 2016

CARA AL CIELO





Volví al barrio. Cargué combustible para el alma, una dosis de buena energía que no encontré en ningún spa, ni en aguas termales.
Estaba nublado, Doña Marta me dió un fuerte abrazo y me dijo entre mates que ya nadie tira la pelota en su patio. ¿Dónde estarán los pibes un sábado a la tarde? ¿En sus casas por la lluvia, acaso?
Me despedí y al salir puse un disco de Cafrune, sonó este track. En ese momento emergió la luz del sol entre las nubes a pesar del pronóstico. Afloró un rayo de sol en el parabrisas al llegar al mercado, al pasar por la iglesia me persigne. Fue como reintegrar el gesto. Resplandeció Avelino Díaz y concebí que los de arriba chamuyan así, sin contraseñas.














23 de abril de 2016

A MIS TREINTA Y DIEZ







El tiempo pasa. Es una verdad inobjetable. Mientras me amoldaba a ciertos rituales me topé con mis treinta y diez, como diría el gran Joaquín. 
Decido hurgar en mi biblioteca, a revisar los libros que me conmovieron de chico para ver donde estoy parado con respecto a mis sueños. Resuelvo llevar un libro a la mesa de luz para leer antes de dormir. Observo en la esquina del anaquel del medio la colección de “Elige tu propia aventura” y concluyo reacomodarlos por número. Esta serie fue la tarjeta de admisión al universo de los librojuegos hasta concluir el viaje en estación "Rayuela". Sigo, “Cuentos de la Selva”, un ejemplar curtido de tantas mudanzas y pegado con cinta scotch. Horacio Quiroga me introdujo en un mundo de fantasías a partir de historias protagonizadas por animales. La Gama Ciega desembarca en Disney y le gana por knock-out a Mickey Mouse con un cross a la mandíbula. 

En el estante de abajo, una edición en tapa blanda de “Niebla”. Miguel de Unamuno fue fundamental para mi formación. Bukowski. El desparpajo. Una prosa insolente y un registro que nos calzó a medida. Después de "El cartero" todos queríamos escribir sobre nuestros despidos laborales. A la izquierda, “Patas arriba” de Eduardo Galeano, el poeta y ensayista que nos abrió las cabezas con "Las venas abiertas de Latinoamérica". “Así habló Zaratustra” y “Un mundo feliz” uno al lado del otro. Los libros de Nietzsche y Huxley los compré por siete y nueve pesos respectivamente en el parque Rivadavia un sábado a la mañana. Dieciséis pesos alcanzaron para cambiar mi percepción del mundo de manera radical (y peronista). Venía de caravana después de salir del Viejo Correo. Me comí el viaje lisérgico de un Morrison de conurbano sin Pam, sin banda y sin pantalones de cuero. 

Veo varias biografías. “Life” de Keith Richards, que me regalaron este año, la de Miles Davis escrita por Ian Carr, increíble, y recuerdo la de Anthony Kiedis en primera persona, la más recomendable por lejos, ¡Que no está! La presté y nunca volvió.
Está bueno llevar un registro de lo que prestamos y ¿por qué no de lo vivido? Una especie de diario de viaje. Confieso que hace más de veinte años que escribo en cuadernos con algunas interrupciones, llámese pereza, ocupaciones, parejas, matrimonio, bobadas de treintañero. Una costumbre de contar que fui adaptando como hábito. Los dos primeros años de Julián los tengo asentados en más de seis cuadernos escritos de puño y letra. Apuntes que tomaba en las eternas esperas en un juzgado civil. Pero siempre vuelvo a la lectura. 

Leer es maravilloso. Como esas noches de sobremesa en el viejo barrio donde la falta de luz nos dejaba al descubierto, expuestos ante el silencio y allí en esa morada serena, en la patria de todo hombre, con las manos debajo de las piernas y la cabeza apoyada en la mesa, me gustaba escuchar las conversaciones de los grandes. Hasta que un día, cuando creí que mi vida comenzaba a marchar sobre ruedas, sufrí un desamor. El desafecto es una gran fuente de inspiración para crear. Allí emergió la necesidad de poner en palabras emociones que debía plasmar antes que la desazón me quite el aire. Una voz extraña que no pide permiso. Empuja por salir, moviliza y sacude la maraña con aspereza y sin sopor.
Continúo con el anaquel de los escritores argentinos, de izquierda a derecha la novela “Dudoso Noriega” de Sasturain, que comencé a leer el verano pasado y dejé inconclusa, “Poesía reunida” de Juan Gelman, un regalo de cumpleaños, “Cuarteles de invierno” de Soriano, “Titanes del Coco” de Fabián Casas, los de Arlt hasta llegar a “Bestiario”, de Editorial Sudamericana, tapa verde fluor. Lo compró mi vieja, usado, en una época donde la guita no sobraba. Lo analizamos en las inolvidables clases de Lengua y Literatura de cuarto año del secundario capitaneadas por el profesor Héctor Omar Saldaña.  

Recorro la última repisa, allí están mis mayores tesoros. Por un lado "Ana Karenina" de Tolstói, la novela más extraordinaria que leí en mi vida. La desocupación del año 2000 fue una excusa para irme a vegetar al libro. Recuerdo tardes de lectura en la playa al tiempo que cobraba el seguro de desempleo. Leer a Tolstói es marchar a vivir otra vida. Fue mi Netflix durante más de dos meses. Por otro lado, pegadito, "Crimen y Castigo" de Dostoievski, otra joya, tapa dura, marcada en la página doscientos y pico desde el año 2004. Convendría terminar de leer la historia de Raskólnikov antes de morir, no sin antes cumplir el sueño de ver a San Lorenzo con mi hijo, juntos, en Boedo.

Tengo que tomar una decisión. Me dispongo por “El Libro de arena” de Borges, uno de los `accesibles´ y “Bestiario” el primer libro de cuentos de Cortázar. Los dos a la final. Inicio por "Casa tomada" y combino con el "El Otro", hasta que me gane el sueño. 
En la vigilia un pibe de más o menos once años intenta hablar con un hombre de unos cuarenta. Le pide la pelota que cayó en una habitación contigua. El veterano se niega, tapona la puerta y desoye el reclamo. El niño intuye que a ese tipo lo activa sólo el dinero. El cuarentón rechaza un austral que le da el niño. El pobre no comprende que el pibe busca complacerlo. Decía Freud que uno es feliz cuando realiza sus deseos de pibe; por eso el dinero no da felicidad, porque los niños no sueñan con dinero.



                                                                                    ¿Qué pensaría tu yo niño del adulto en el que te has convertido?