Nos
congregábamos en el olvidado cine Gran Lugano y arrancábamos en caravana a las
fiestas del Condon Clú o al Viejo Correo, siempre en bondi. Una noche despuntó por
Murguiondo un Citroen amarillo oriundo de Lugano I y II capitaneado por Martín Lauria. Ganamos las calles coreando canciones de
Sumo y escabiando vino blanco en tetrabrick. Martín detuvo el auto sobre Castro
Barros, descendimos copeteados y con el pecho inflado. La anécdota puede
resultar escueta y simplona, pero para quien escribe, llegar de ese modo a un recital en Capital Federal era todo un suceso.
Va
entonces esta pequeña evocación para La Cachirula, el Falcon del Tospar y en
especial para los pilotos que
maniobraban con el sol de frente en cada nueva alborada y alcanzábamos llegar a
casa sin tener que despabilarnos sobresaltados por la voz carrasposa y prepotente de un
colectivero que nos dijera “pibe, acá termina el recorrido.”
Primer día
de clase. A las corridas para llegar al acto de inicio del ciclo escolar. Con
los quilombos de todo ciudadano de a pie que sobrevive en una metrópoli como
Buenos Aires. Enredado en el stress y el tránsito de las grandes urbes.
El año
pasado, conversando con la señorita de sala de cuatro, a partir de una
notificación por un tema de Julián, supe la historia de Alejo. Su papá no vive
en Argentina. Su papá se fue un día y no volvió más.
En un
momento de la ceremonia, Julián se acercó hasta mí de la mano de un
compañerito. Era Alejo. Una ternura de pibe. Me saludó con un beso y me dijo
"hoy viene mi papá también". Lo mire y sonreí. Creí que su padre
vendría. Lo dijo convencido. Ingresaron los abanderados, entonamos el Himno
Nacional. Alejo curioseaba hacia la puerta de entrada de la escuela. Mientras
los padres y familiares cantábamos "sean eternos los laureles que supimos
conseguir", no podía dejar de
divisarlo y lo canté con más ímpetu de lo habitual. Yo no sé qué entenderá por
Patria un chiquito de cinco años, pero sí sé qué entienden por obstinación
cuando algo anhelan.
Salí del
colegio en camino hacia el trabajo. Subí al auto. En el primer semáforo en rojo
paré y al colocarse en amarillo dos bocinazos de un Volkswagen me hicieron
reaccionar. Debía poner primera y arrancar pero estaba algo aturdido. Miré por
el espejo retrovisor y vi a un hombre calvo, con el ceño fruncido y la cara
desquiciada. El tipo no podía esperar un segundo más. Pensé en Alejo, que a la
luz de los hechos y de su actitud de hoy, bien podría perseverar algo más que
el ansioso conductor del Vento. Hoy la mirada de Alejo me dejó en off
side, sentí que el niño que fui descuidó el registro de avizorar hacia las
puertas sondeando un horizonte en búsqueda de una utopía, de un sueño.
El trip me llevó hasta Estela de Carlotto de manera inherente e ineludible.
Recuerdo cuando dijo "No quería morirme sin abrazarlo y lo voy a
hacer"el mismo día que
iba a conocer a Guido, su nieto, después de 37 años.Fue
un modelo para mí cuando peregriné varios meses los claustros de los tribunales
porteños, en mucho menor escala, ¡claro está!, con la esperanza de lograr un
régimen de visita racional para ver a mi hijo. Recorrí, como en un cuento
kafkiano (sin la arquitectura gótica y romántica de la ciudad de Praga) juzgados
con escaleras estrechas, ascensores abarrotados de abogados, despachos repletos
de expedientes y eternas esperas en los pasillos con vista al techo de chapa
oxidado de un supermercado chino.
En tanto, a
cuatrocientos kilómetros, mi vieja aceptaba con hidalguía la situación.
Naturalizando la sinrazón para no levantar el avispero. Lejos de dramatizar
tejía chalecos, gorras y bufandas para el próximo invierno sin certeza alguna,
de cuando iba a conocer a su nieto"En
una de esas el frío continúa y se lo podes llevar. Por lo que ví en la última
foto que me enviaste el rojito que te terminé, le va a quedar medio
chicón" me decía por teléfono. Sólo Dios sabe por dónde
andaría su cabeza en esos dos largos años.
Pensaba en los hijos de puta que afloran
cuando la vida te pega duro. Los extras de la vida que se
presentan como en un casting de bajo presupuesto de película clase B, que buscan
en la convocatoria una oportunidad para lograr algo de notoriedad.
Confieso que hubo días que miraba alrededor y buscaba un guiño, una señal, un
asistente de cámara, al director que me dijera: "última toma...
Silencio... Grabando…". Pero no fue así. Allí estaban, los mediocres, los que se sacudieron como ratas por tirante para ver que ventaja
podían sacar, desfilando a tribunales a sumar su grano de
arena a un expediente engañoso y embustero, a separar -y esto es lo más grave-
a un bebé de su abuela. Los protagonistas, en cambio, supieron esperar y contemporizar para actuar
con discreción y mesura. Estela, sin dudas, forma parte del segundo lote y nuestro amigo Alejo, también. Él no renuncia a su causa y como un noble caballero sigue mirando hacia
la puerta de entrada en cada acto, en cada inicio del ciclo escolar.
Al Tano
lo conocí en la campaña presidencial del ´89. Fue mi primera colaboración en la
Unidad Básica "Facundo Quiroga" volanteando para el FREJUPO.
Mi papá
se llevaba muy bien con él. Mi viejo daba una mano y cooperaba con la
Asociación Vecinal que tenía línea directa con la U.B. El Tano vivía en Las
Achiras y alquilaba con Normita Agüero una vivienda en el pasaje Madreselva.
- ...
Los que perdieron tienen que razonar y dar un paso al costado. Luder se fue a
la casa, ¿no te acordás? - me dijo el Tano con un tonillo inquisidor cuando lo
crucé hace unos meses por el Congreso sin registrar que en el ´83 yo tenía 7
años. Creo que me miraba a mí y le hablaba a mi viejo.
El
cuadro que leía a Perón y no había terminado el colegio, que subsistió como
remisero y otros rebusques durante más de una década se sostuvo en la reclusión
política con estoicismo. El Tano no quiso entender, o entendió y no le cerró un
esquema que relegó a muchos peronistas como él.
Yo sé
que anda tirado, que no tiene un mango, sin embargo, me invitó a tomar un café.
Acepté. Cuando iba a pagar, se ofendió.
-No,
no, no pibe. Pará. ¿Qué diría tu viejo? ¿Somos compañeros o no somos compañeros?
Fui al
baño para disimilar la emoción. Durante años, algunos paracaidistas sub 30 con
el único mérito de ser "hijos de" se
cargaron a varios tipos como el Tanto con 30 años o más de peronismo en el
lomo. Díscolos que se enfrentaban con los jetones puertas adentro y defendían
el partido a muerte hacia afuera.
Hoy los
manuales de conducción política se escriben por whatsapp mientras se exponen
las ideas en los muros de facebook. Le dije que mi viejo lo admiraba y le
revelé que la militancia conquistó mi corazón gracias a su formación.
Al
ingresar al baño del bar mastiqué bronca. Me lave la cara y al salir advertí de
refilón como el querido Tano, el tipo que me formó de pibe, gatillaba con
billetes y monedas que sacaba del bolsillo. El chabón perdió mucho en la vida,
menos la dignidad.
"Y
así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los individuos sin ella son
esclavos." José
Ingenieros
En el
depósito del almacén de mi viejo encontré una caja con un par de fotos,
revistas y hojas sueltas escritas con birome. ¡Hay una que no se puede creer!
Estaba en un sobre, un sobre cerrado con una dirección. El tío le escribió una carta a una mujer. Pensar que mi viejo me decía que era
un chabón arisco al amor.
Papá
celaba al tío. Todo empezó cuando mi viejo lo llevó a
militar a un partido con nombrepedorro:El PI. - Yo soy del PI - decía el tío. - ¿De qué PI? - ¡Del pindonga! - me respondía y nos cagábamos de risa.
Me
contó mi tía, La Negra, que el tío Bernabé se hizo querer y respetar. Aprendió enseguida la onda de la militancia.Papá no
encajaba. Correctito y con sus maneras espantaba más que acercar a la gente. Participaba hasta ahí, sin embarrarse.Siempre con el deditoacusador levantado, chipi chipi. Un especialista en encontrar errores ajenos.
Me acuerdo
queunavecina,
la hija de Doña Marta, lo llevó al tío a la unidad básica del barrio. "Vos
tenes que militar con nosotros, Berna" le dijo.Ahí estaba en su salsa. El tío
flasheó con las ollas populares, el apoyo escolar y la murga. Eran chabones más normales.
Mi papá
criticaba al peronismo. Decía que "el viejo", por Perón, había sido un
traidor. El tío desobedecía los discursos de papá y se hizo peronista
sin darse cuenta. De a poquito fue metiéndose y llegó a trabajar como tutor de la JP adoctrinandopibes
de mi edad.
La tía
Negra guardó una foto del tío Bernabé con la Cristina en la Casa Rosada, mientras mi viejo, que la iba de pureli, no hacía
otra cosa que tirarle mierda. “No tenés vergüenza, ¿cómo te vas a sacar una
foto con esa yegua, hermano?”
Pero
todo eso no fue nada. Lo que más le jodió a mi viejo, según cuenta Bernabé en su diario, fue verlo llegar junto a una mina preciosa a un recital que hicimos por
Almagro. Papá no la podía caretear. Se lo veía molesto. Bernabé escribió en uno de sus
cuadernos que papá no dejaba pasar ocasión para impresionar y hacerse el galán
con la compañera. Eso al tío lo entristecía. “¿Cómo puede ser que mi hermano deseé una mujer que
está conmigo?” escribió.
Mi tío era el más
chico de todos los hermanos y no tenía el fuego de papá. Siempre le costó más que al resto. Mi viejo de pendejo era un crack, aplicado, buen alumno. Pintaba para
hacer carrera pero no llegó a nada. El tío, en cambio,se formó de a poco, perseveró y consiguió
realizarmuchos de sussueños: hacer radio,escribir libros, conocer un presidente y sobre todo, besar a la mujer de sus sueños.
***
Mientras
abría el sobre, recorrí con la vista la caja con papeles, facturas y anotaciones viejas. El tío, antes de morir, tenía dos proyectos: el armado de una radio por internet y publicar una novela que tenía terminada. La última vez que
hablé con él me pidió que ensayara un par de canciones para tocar en la presentación de su novela. “¿Conocés a los
Wawanco, Raly?” me dijo. "Armate algo con los muchachos". Wawanco
fueron sus últimas palabras. ¡Wawanco! Bajé un par de canciones y se las hice
escuchar a los pibes de la banda. Los vagos flashearon mal.
Una
pena como se dio todo. El tío había conocido a una mina, fotógrafa, de la que
estaba enamorado. Me contó la tía que pensaba en ser papá otra vez. Su hijo, mi primo el Ale, vivía en Chile. Se lo llevó la madre cuando estaba
embarazada. Los bogas chilenos no pudieron hacer nada y después
de quince años de batallar renunció a la pelea. La mala sangre que se hizo por no ver a su hijo, el
escabio y la diabetes se lo llevaron puesto. Así fue como un infarto de
miocardio lo dejó seco mientras escribía. No enteramos al día siguiente. Dejó unas palabras en forma de carta que no tienen desperdicio.
***
"Compañera:
¿Cómo estás? ¡Tanto tiempo! Te escribo
sencillamente para decirte: gracias.
¿Por qué? Porque mi vida no fue la misma
desde nuestro primer encuentro. Comprendí que era el momento para escribir lo
que antes no supe o pude poner en palabras. Sin etiquetas, sin compromiso y sin
promesas era nuestra lema ¿recordás? Bueno, creí que podría desempeñar con
lealtad lo acordado, pero no. Me enamoré. Sí, y lo advertí tarde. Por esa
razón, sabiendo lo que venía, decliné a persistir en la espera y resolví dar un
paso al costado.
Ahora que clareó y pude desensillar, sentí
la necesidad de rasguear unos párrafos. Hallé, cuando el embrujo y la
fascinación del enamoramiento se disiparon, una conmoción de alegría por la
libertad de alguien, o sea tu libertad, aunque esa libertad no me incluya a mí.
Siento que vivimos una historia muy bonita, a destiempo (quizás). Sin embargo,
disfruté de cada instante juntos.
Cumpa querida, me desenredaste los ojos. Mi
amor por vos fue una bocanada de aire fresco, como una lluvia repentina de
verano sobre un campo reseco. Comencé a desperezarme de a poco. En mensajes y
largas charlas primero, hasta confluir en confesiones y besos que nos brindó la
comunión del vino tinto. A partir de allí, salí a reanudar mis proyectos
pendientes. Al calor de nuestra relación retomé con la radio y la militancia,
dos pasiones que compartimos..."
***
-
Escuchá. Alta frase se mandó ahí: "... como una lluvia repentina de verano
sobre un campo..."
- ...
Estaría escabio, ey - ninguneó el Orly.
Dentro
del sobre había una fotocopia a color. El tío re joven con una mina hermosa.
Un papel escrito con fibra y una sola palabra: Ponele. Una etiqueta de cerveza
artesanal, un envoltorio todo arrugado de bon o bon y un ticket de un bar:
Estancia Antigua. Mesa 50/0; Mozo: 6, Juan. ¡Esa, tío! Decidí llevar la foto con la "compañera" al ensayo. La pegué en uno de los parlantes.
- ¿Cómo
se llama la mina? - preguntó el Lechu.
- No
sé. No la nombra, siempre pone "compañera".
- Tá
linda, boludo.
- Eh,
no te zarpes, logi. Era la novia de mi tío.
- ¡¿Qué
sabés si era la novia?! Capaz que la quería conquistar con esa carta, gil - tiró
el Lechu.
- Si
esa muñeca lo inspiró a tu tío... Capa que no inspira a nosotro también –
ironizó el flaco Orly.
- Un
crack, el chabón - dije de afuera hacia adentro.
- Alta
morocha - batió el Lechu.
- ¿Por
qué no le habré dado bola en vida al Berna, loco? – tiré mientras probaba el micrófono,
creyendo que no escuchaban.
-
Bueno, Raly. Ya fue - dijo el Orly - Tampoco te enrosque, amio.
- Por
suerte encontré ese sobre ¿no? - dije buscando un consuelo.
- Má vale - me tranquilizaron a coro.
- ¡No
sabés la bocha de libros que dejó!
- Y
leelo – me recomendó el Orly - Capa que si pinta de leer má... La Mica, en
una de esa...
- No
entiendo – lo interrumpí mientras colocaba los platillos.
- ¡Lee
má, tigre! Escribí y escribí y te sale una cartita así...
El
flaco me sacó del bajón con esa salida. Me quiso decir, a su manera, que la
lectura de todos los libros de la biblioteca del tío Bernabé me llevarían a escribir
una buena carta a la Mica. Los pibes le festejaron la ocurrencia. Prendieron un
faso y comenzó la ronda de fumata. Antes de arrancar con el primer tema,
necesité la opinión de mis compañeros de banda.
- ¿Vos
decís de escribirle?
- Ni
hablar - dijo firme el Orly.
-
¿Pensás que me puede dar cabida?
- Sí,
Raly. ¿No vite cómo te mira, loco?
- ¿Vos
decís?
- Sí,
boludo. Escribile. Yo sé lo que te digo. Dejate de hinchar lo huevo.
-
¡Joya! - dije entusiasmado.
- ¡Viva
Perón, carajo! - dijo el Lechu y destapó una cerveza.
-
¡Viva! - dijimos todos juntos.
-
¿Arracamo Raly?
- ¡Sí!
Va... un, do, tre...
***
Estuve
todo el domingo pensando qué hacer con la carta. Le pregunté a mi
viejo. El chabón, como siempre, me cortó el mambo menos diez: "¡¿Qué sabés si vive ahí, todavía?! ¡Qué correo, ni correo! Andá a buscar laburo mañana, hijo.
Haceme el favor."
El
lunes temprano, mientras me clavaba una birra para bajar de la gira, el Lechu
me convenció de ir hasta el correo. Me dijo que no tenía sentido conservar esa
carta. Que tenía que cerrar la historia que quedó inconclusa. No hablamos de
otro tema. Me preguntó toda la noche "¿cuánto falta para las
diez?". Enfilamos para Oca y entregamos la carta como si fuera algo re
importante. Sentí que había hecho algo groso, groso posta. Lamenté que mi viejo
no me bancara en esa. A la tarde me puse con
la criolla a sacar los acordes de La piragua. Sentí un alivio bárbaro, no sé, qué sé
yo. En la
cena hablé con mi papá. No le conté nada de la carta. Antes de levantarse para
ir a dormir, me ofrecí para atender la verdulería que pusimos en la entrada del almacén. Mi viejo había cobrado una indemnización después del despido en el colegio. Me quedé solo en la mesa y releí el final de la carta que había
copiado de puño y letra.
***
"... Para concluir, y siempre en
sentido de gratificación. Me llevo el frenesí de nuestras caricias, el destello
de nuestras miradas, el bálsamo de tu piel, la suavidad de tu voz. Fuiste muy
especial para mí. Confieso que jamás volví a hablar por teléfono desde las diez
de la noche hasta las siete de la mañana con nadie. Me encantó haber transitado
parte del camino juntos, de jugar en la misma vereda por un rato. Suena
"El tiempo me enseñó" en el equipo y siento que estuvo bien, muy
bien. Fui muy feliz a tu lado. ¿Cómo no agradecerte? Ahora sí me despido como
Dios manda. Ahora estoy en paz. ¡Salud compañera!"
Me topé en youtube con esta
versión de Route 66 cantada por Jimmy Rip*, Junior de La 25 y
Facu Soto de Guasones. Dos embajadoresdel rock bonaerense fueron elegidos por Rip para grabar un clásico, un verdadero
himno rocanrolero de la década del cincuenta.Siempre supe que en la escena
local tenemos músicos que no tienen nada que envidiarles a los de afuera.
¡Cuántas veces ninguneado nuestro rock argento!, ¡Cuántas veces comparado con
el anglosajón! Ese miramiento cool de creer sólo por ser británico un
músico es mejor que un argentino.En esta versión, que Pappo
tradujo al castellano hace unos años, las voces se tutean; las tres
guitarras se fusionan y suenan con un groove que sacude el piso.
* Jimmy fue guitarrista de Mick Jagger, Jerry Lee Lewis y Debbie Harry. Tocó en "Wandering Spirit" el mejor disco de un Stone solista hasta el momento ( para mí).
"Lo que
jamás me sorprende de la naturaleza, de la vida, es esa pequeña y sabia lección
que todas las tardes nos repite como una sabia maestra de escuela del Estado. Con la insistencia propia del que se sabe poseedor de la posta, todas las tardes,
casi a la misma hora inevitablemente, inmediatamente, siempre, después del
cenit viene el ocaso.
Todas las tardes, desde el comienzo de los tiempos, cada
vez que el sol llega su punto más alto, comienza el descenso. No se conoce el
caso de ninguna tarde en la que el sol haya subido más alto de lo que debe, o
que el sol se nos quede ahí arriba hasta el día de mañana.
Todos
los días la vida nos enseña que, después del cenit, indefectiblemente viene el
ocaso." Bobby Flores