2 de agosto de 2010
11 de julio de 2010
FINALES
Hace
minutos finalizó el Mundial de Fútbol, un campeonato mediocre como lo han sido
los últimos cinco.
Pensaba
en la última final realmente emotiva, más allá del resultado, que fue la jugada
en Italia en 1990 y cavilé:
Football
es algo así como la traducción de balompié, convengamos que jugar con los pies
es antinatural, la mayoría de los deportes se juegan con la mano como el
básquet, tenis, voley, golf, etc. Pegarle bien a la bocha es cosa de pocos.
Recuerdo
el programa de televisión “Crease o no” donde presentaban fenómenos
paranormales, mostraban artistas que pintaban con los dedos de los pies o
tocaban el piano con la nariz, que sé yo. Realizar algo con la extremidad
inferior no es tarea fácil. Apretar el embrague o el freno del auto no tiene
mucho de artístico. ¿Estamos de acuerdo que realizar algo con los pies es poco
común y más aún si es un deporte?
Pensaba
también en el proceso de algunos jugadores, un proceso vertiginoso, donde
aprenden a pegarle a la pelota, cabecear, pararse en la cancha y de un día para el otro llegan a primera y son
el mejor. El mejor de todos.
En
muchos casos vienen de un barrio privado, privado de agua, gas, teléfono y
llegan a la cima del mundo. ¡Muchachos!, cualquiera que creció en un barrio
sabe de lo que hablo. Un piojo resucitado sin talento que acertó el Prode, cobro un subsidio del Estado, ganó un juicio o la
pega con un negocio que le cambia el statu quo deja de saludarte y dice
boludeces todos los días, pero no quedan registradas. ¿A veces no entiendo
porque tanta mala fariña con el 10?
Diego
no es peor que mi vecino de al lado, la diferencia está en que Maradona me dio
alegrías y mi vecino no.
Quizás
algunos profesionales del fútbol actual ignoren ésta imagen. Es el rostro de
alguien que sufría y vivía cada partido. Éste llanto es el mismo que irrumpía
cuando el vecino harto de sentir pelotazos en su puerta nos pinchaba la
pelota. Veíamos el balón sin vida y las lágrimas corrían por nuestra
mejilla. Lejos, muy lejos del fútbol actual. Solo espero que pronto
recuperemos la mística, la magia que desparramó el 10 en sus años de gloria en el campo de juego y recuperar el orgullo de vestir la celeste y blanca.
12 de junio de 2010
EL DUELO DE ORLY
Encontrar
a un familiar, a la primera novia o a un amigo de la infancia en las redes
sociales, está lejos de ser una aventura. Es poca o nula la injerencia del
azar. Asoma una foto, un botón azul que dice aceptar y de manera mágica esa
imagen contesta y se logra un nuevo contacto. Así de simple. Así fue como
llegué a Orly. Me invitó a ser su amigo y lo acepté. Tres días después recibí
un mensaje privado. El flaco me pidió que pase por el barrio para tomar un
birra y hablar un rato. Dudé al principio, pero finalmente acepté y quedamos en
encontrarnos en el pool de Tahuhichi.
A
Orlando lo conozco desde siempre. Se crió conmigo. Hace muchos años que no
sabía nada de su vida. Mientras viajaba en el remis recordé el baby fútbol, los
carnavales en el barrio, las bombuchas, Interama y los discos de los Stones.
Jugábamos juntos en el mismo equipo en los campeonatos Evita. Atajaba el flaco,
¡cómo olvidarse de esos partidos! Al subir a la autopista 25 de Mayo, irrumpió
el paisaje de la cancha de Las Achiras, rodeada de casas precarias. En el
entretiempo, traían al banco unos bidones de agua tibia, tomábamos con ganas y
terminábamos todos descompuestos. Como en todo barrio, había rivalidad, sobre
todo entre Vicente López y Sarmiento. Etapa de las primeras novias y la
conmoción del primer cosquilleo cuando una chica te gustaba. Era difícil
admitirlo frente a los pibes. Era una muestra de debilidad. Había que
enamorarse de queruza. Cada uno tenía su técnica. En mi caso, no la encaraba. A
la mina que me gustaba, le tiraba con las bombuchas a errar o me quedaba
inmóvil cuando me tiraban a mí o buscaba pelea todo el tiempo para demostrar de
un modo poco ortodoxo algún interés.
Finalmente
llegué al barrio. Pagué el remis y fui directo al pool. Saludé a Tahuhichi.
Busqué en las mesas, miré hacia atrás y ahí estaba mi amigo de la infancia,
parado sólo. En el mostrador, frente a Orly, tres botellas de cerveza vacías,
un papel, el cenicero lleno de colillas y un porrón recién servido. Me acerqué
a él muy despacio.
-¡Qué
hacés Migue!, tanto tiempo, tantos años, ¿no?- balbuceó.
-
¡Flaco!, ¿Qué hacemos, papá? ¿y eso? – le dije mientras le daba un abrazo.
- Una
carta Miguel, una carta. Me animé a escribir ¿viste? A escribir lo que siento
por Euge, por Eugenia ¿te acordás de ella?
Lo miré
y con algo de lástima que no pude disimular, le pregunté -¿A Eugenia? ¿Para
qué? Hasta donde yo sé, está casada con el loco Julio ¿De qué hablas?
El
flaco me miró con desconsuelo y continuó - Estoy enamorado de ella y decidí
escribir esta carta. ¿Te leo o me vas criticar vos también?
Entendí
en ese instante, que era un tema recurrente cada vez que se escabiaba.
-¡Dale
Orly! -le dije. No seas injusto conmigo, hace una banda que no te veo. Cantame
la justa.
- Está
bien, vos me conoces de pibito. No te rias, por favor. Léela, son cinco
minutos, cabezón- culminó.
El
Flaco Orly nunca creyó que iba a llegar ese día. En términos futbolísticos,
diría que tiró la pelota para adelante durante mucho tiempo. Convengamos que no
es fácil confesar el amor a una mujer casada, sobre todo para él. La palabra
nunca fue su fuerte. Mucho menos al momento de expresar sus sentimientos. En
dos ocasiones se animó a escribirle a Eugenia. Una en su estadía en Madryn y
otra en su parada en Quequen. Pero aquellas cartas no llegaron a ser enviadas
por miedo a la respuesta. Resignación o aceptación, no lo sé. Era más
placentero para él extender una espera perpetua, pero su ilusión chocó con la
realidad y llegaba a un desenlace.
Yo
estaba ahí, parado al lado de Orly, frente al pool, donde pasamos grandes
momentos de nuestras vidas, sin entender muy bien qué hacía. ¿Por qué me había
llamado a mí? Pensé en pirarme. Encontrar una excusa para irme, pero resolví
quedarme. Esa tarde fresca y nublada de otoño, Orly dispuso confesar todo su
amor por esa mujer, en una carta. Yo percibí que para Orly, esa tarde, no era
un día más. Esa tarde, de alguna manera, comenzaba su duelo. He aquí un
extracto de la carta escrita por mi amigo:
“… te
preguntarás qué diferencia hay con las otras veces que te escribí. Hay una,
ésta vez sólo tengo que decirte gracias. Gracias por este amor. Con la llegada
de mi primera hija, recrudeció una sensación de plenitud que había perdido, que
había desaparecido en mí. Amarte me convirtió en mejor tipo. Sentirme enamorado
me motivó, me dio fuerzas en los malos momentos, me hizo levantar cuando
parecía caerme.
En la
película Forrest Gump, hay una escena donde el tipo relata todo lo lindo que le
tocó vivir y Jenny, su mujer, le dijo -ojala hubiera estado allí contigo- y
Forrest le contestó – estabas.
Siempre
estuviste en mis pensamientos, Euge. En Madryn, en Quequen. En las guardias de
la colimba, cuando murió mi viejo, cuando nació Lourdes. ¡Siempre! Me di cuenta
que es más cómodo vivir en mi mundo interior, donde todo es posible. Pero
siento que se terminó.
Tenía
que convencerme alguna vez y empecé a aceptar que tu aprecio no es
enamoramiento y tu cariño no es amor. Reconocer de una vez por todas que lo mío
es una obsesión, una utopía que transformó mis días grises y opacos en colores
y brillo. Perdón, pero tenía que escribirte. Acá quedo expuesto. Desnudo ante
vos, pero esta desnudez es mucho más sana que el ahogo. Una ilusión que
transcendió y que durante mucho tiempo quise tapar. Me hace mierda verte, no lo
tomes a mal. Prefiero que no me contestes y dejemos todo acá. Es la única
manera que tengo de comenzar a transitar este duelo, de lo contrario voy a
quedar preso de mis sentimientos y no voy a poder superar que nunca… jamás…
serás mi mujer. Te amo. Orly”
Mientras
me reponía de las palabras del flaco, de su carta escrita con el corazón en la
mano. Orly me pidió insistentemente que yo se la entregara a Eugenia. Él no se
iba a animar. Acepté. La agarré y la guardé en el bolsillo del pantalón. Caminé
dos cuadras. En el trayecto pasé por la casa de mis viejos. Me dijeron que está
muy cambiada, yo no quise mirar. Llegué al Pasaje Púan, toqué el timbre de la
casa de Euge pero no funcionaba. Golpeé la puerta dos veces y me atendió el loco
Julio. Se sorprendió por mi visita. Estiré mi mano y le dije
-
Julio, estoy de paso por el barrio y no quería dejar de saludarte. ¿Euge? ¿Y
los chicos?
-Todo
bieeenn- me respondió – ¿ vo´, bien? la Euge no está, amigo.
Al
mismo tiempo que se sacaba un escarbadientes de la boca y se rascaba su
prominente panza. Con mucho cuidado, para que no distinguiera mi verdadero
propósito, volví a guardar la carta con el sobre, que había sacado de mi
bolsillo. Me despedí y me encaminé hasta remisería. Subí al auto y mientras me
alejaba del barrio, vi una pintada en un paredón que decía: Villa Celina es
como la marihuana. Se planta y pega.
Pensé en Orly, en sus palabras, en la decisión de comenzar su
duelo, en el bardo del loco Julio y mientras buscaba la carta en mi pantalón me
dije a mí mismo - En el barrio, todavía hay lugar para los poetas.
29 de marzo de 2010
CARETÒN

La
pregunta es: ¿Cómo zafamos? En
realidad todos queremos zafar en un punto. A veces queremos triunfar, otras
ganar. Yo prefiero jugar.
La vida te lleva por terrenos muy sucios. Un baldío que se descuida se llena de basura; la gente ve que nadie lo cuida, entonces es un buen escenario para sacarse de encima la mugre que generan.
El alma de mujeres y hombres cuando esta vacía se llena de mierda, todo depende de que te dieron en la infancia. Uno devuelve lo que le enseñaron: si te dieron prepotencia y soberbia serás prepotente y soberbio, si recibiste amor y comprensión no podés ser menos que una buena persona. En esa batalla interna estamos muchos cada día.
La vida te lleva por terrenos muy sucios. Un baldío que se descuida se llena de basura; la gente ve que nadie lo cuida, entonces es un buen escenario para sacarse de encima la mugre que generan.
El alma de mujeres y hombres cuando esta vacía se llena de mierda, todo depende de que te dieron en la infancia. Uno devuelve lo que le enseñaron: si te dieron prepotencia y soberbia serás prepotente y soberbio, si recibiste amor y comprensión no podés ser menos que una buena persona. En esa batalla interna estamos muchos cada día.
En cambio, el inescrupuloso, el garca, está siempre
sonriendo en las fotos, ¡hasta en la cédula! . Se queja por cómo subieron
los precios, mientras se come una pendeja en el asiento de atrás de su último
modelo.
Yo quiero jugar con las reglas claras. A veces me
pregunto ¿Quién es el careta? El drogón que necesita anestesiar su
impotencia, el que miente sistemáticamente escudándose en que está cumpliendo
un mandato superior/divino o el que le pone el pecho a las balas y enfrenta la
realidad sin nariguetazos… 
Noooo,
¡si estamos salvados! El modelo de noticiero rebelde de la década pasada (CQC)
que le preguntaba a Fidel "¿Para cuando otra Revolución?",
reventó un aguantadero en Villa Culo y encontraron un aire acondicionado/donado
mediante un GPS...
¡tranquilo muchachos! el watergate: un poroto.
¡Qué
incisivos!, ¡ahora si! Estamos en buenas manos, los que gobiernan y los
que no. Los que deciden y los que no; Moneta compró la Rock &
Pop y a los trangresores les tatúan códigos de barra.
Es como
en el teatro, están los actores y los espectadores, pero hay una raza que se
queda en el medio: los que critican y nunca generan nada. Los tibios, los
mediocres, su única moneda de cambio es la mentira, amigas y amigos: vayan a la Salada y compren una vida, están baratas. Además para
el regateo son expertos, para llorar son especialistas y en una de esas
consiguen algo que siempre buscaron: vivir por otro.
Farsantes
que levantan su índice exigiendo virtudes que no otorgan. El día
que paren un segundo y pongan su mente en blanco, les va a causar tanto dolor
su realidad que van a querer volver al teatro, para ver a quien defenestrar,
purgar sus miserias, exorcizar sus demonios y así sucesivamente…Mientras
tantoooo... ¡upa!, ¡te tengo que dejar!! Me hierve la pava. Me voy a tomar unos
mates y a vivir mi presente con la gente que quiero, con mis defectos y virtudes,
con aquellos que intentan salir de este circo de hipocresías donde los payasos
no hacen reír, donde los trapecistas caen y vuelven a levantarse. ¡Gracias
caretón!... Si no hubiese fracasado no estaría parado.
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