27 de junio de 2018

AZULES EN EL DECK





Después de la separación de los Kuryaki, Dante Spinetta decidió grabar un álbum titulado "Elevado". Suena cool y elegante. “Elevado”. Elevarse no es como señalaban en el barrio, agrandarse. Es tomar vuelo. El bueno de Cabral exigía volar bajo y yo recuerdo que era la terraza el escenario donde remontábamos los barriletes, forjábamos los incipientes asaltos y los tíos improvisaban una parrilla para el asado de los domingos.

Es una terraza íntima el escenario, el deck que nos delinea el universo de Diego. Una terraza inmortal de madera natural elevada sobre el terreno que nos estimula a trepar, acostarnos sobre el madero y observar al cielo azul.
Un deck a medida de los melómanos, con bebidas, libros y un winco enlazado a un triple de varias bocas. Vinilos añejos que se desplazan en el aire y emergen de su embalaje e ilustran cada lado de este disco triple. Un All things must pass made in Buenos Aires. Un viaje musical alucinante y literario al aire libre.

En el Deck, una milenians recién llegada susurra una canción de Intoxicados y un hipters rectifica la letra en su iPhone «…pero ahora no quiero hacerte pensar porque pensar tanto no es bueno». Juntos van a buscar la canción en algún vinilo. No la encuentran, pero queda botando “pensar tanto no es bueno”. A propósito de los pensamientos, cavilo ¿Acaso estos discos fueron la banda de sonido de tan buena poesía? Mientras aguardamos al anfitrión de la velada, me sirvo un campari y estudio cada una de las canciones que inspiraron este Lado A. Diego representa historias y revela que canción lo imbuyó a escribir. Es como un random ensoñado donde taconea una radio sin operador. La voz de Diego nos musita al oído sin ponerse colorado lo que brota de sus tripas, del alma, del corazón.

Busco en la discoteca del Deck mis coplas para emprender la escritura del prólogo mientras arriban los concurrentes. Vienen de a una las copas, los simples y las expresiones. Diego se ríe de sí mismo y juega con el lenguaje con un joint faso finito troncho caño fasito chino churro univercho maría la tía damián hachís cannabis marihuana neones en la mano. Tomo otro sorbo de mi campari para restablecerme. Sentí en la primera poesía como un solo de doble bombo de Bonham en el pecho, golpe a golpe.

Recorro y disfruto del Lado A. Agradezco que existan escritores como Diego, con sus frases, su eficacia poética que pacifica el vacío de la noche cuando estamos solos en la cama y empezamos a mirar el techo; y en el techo no hay nada. Hay solamente un techo. Esa distancia entre mi casa y una farmacia de turno en la madrugada con un RP sellada con aceptados y recetados psicotrópicos alplaxes rivotriles tranquinales foxetines quetiazics clonagines clonazepanes atenixes trapaxes somits lexotaniles ¿rohypnoles? Me pregunto ¿existen aún?

Llegan los primeros asistentes, y quedo retemblando mientras paso del campari al tinto al tiempo que la alzo la púa. Sinceridad, insolencia y discos. Veo los simples celosamente ordenados en un modular emplazado al lado de un macetero morrocotudo. De a uno se van sumando los oyentes, los lectores, los parroquianos. Tendrán que revelar solos, trepando las escaleras hacia el Deck; abriendo las puertas de la percepción de un combinado para ir jugar el  universo Tedeschi Loisa.
El primer track del lado A comenzó a repiquetear y con Azules en el Deck bajo el brazo, un efectivo lenitivo para el dolor, los espectadores se apropian de los rincones. Desfilan entre las estrofas: Leonard Cohen, Joe Cocker, Tina Turner, Sinead O’Connor & Rick Wright. David Bowie y Peter Gabriel. Quedo sacudido.
— El problema de ustedes es que se toman todo muy en serio — me dijo la milenian mientras corría mi índice por debajo de mi ojo derecho al tiempo que el hipter sonreía. No quise ser mal educado. La miré fijo y le dije — A estos pibes los vimos en vivo. — ¿A quiénes? — A Keith Richards, Rod Stewart y a Elton John. Vos no. ¿Entendés?

Contamos con esa ventaja. Podemos apreciar la poesía de Diego con todos los sentidos encauzados al escenario, a las fibras más íntimas y al pasado sonoro de un tiempo que perdura en cada párrafo.

Diego, escala mansamente, permanecemos mirando embelesados. Reposa en un sillón de mimbre. Nos invita a leer. Un tío que quedó allí, del tiempo de los barriletes, que no renunció a aliñar el último asado, lee en voz alta. “¡La puta madre! cuántas veces tendré que morir para ser siempre yo”. La lírica de Diego sublima la poesía con descargas a 220 y el adaptador del I phone del hipter no aguanta la andanada. Estalla. Diego traza apuntes marginales desde su pluma y el tío lee con ímpetu “las palizas de mamá los encierros y palazos de papá. A nadie ya le importa mucho más que enrejar la vida poner cerrojos a la esperanza”.

Garúa, pero la celebración no se suspende. Antes que repiqueteen Yoko Ono, Jeff Lynne y Tracy Chapman tomo la posta del winco y pongo un tango. “Como si Goyeneche afilara un algodón con el adoquín de su garganta sin anestesia sin compasión” Caras de extrañeza, no fue oportuno. Manotazo de ahogado y ensayo con algo de Madonna. Llega un muchacho cuarentón. ¡Tengo con quien hablar! y expresa “un pelo de Cobain trae más risa que esa música electrónica”
Diego observa hacia abajo. Aguarda a alguien. Masculla “yo no te poseo no jamás, poseo mis discos mis libros mis películas” Cry baby cry. El Deck no resistirá por mucho tiempo. El lugar está colmado de gente “mientras las mesas se llenan de palomas de tragos de sinrazones”.

No pienso irme, saboreo de este ciclo (algo insólito) de lecturas. En casa me aguarda el desierto. “Hoy ahora por un ratito puedo hacerle un guiño a la memoria… aunque duela aunque llore aunque sangre aunque no pueda ya pararlo más”

Suena “I got the blues” de los Stones. — Una declaración de amor en tiempo y en espacio fueron tres cálidas maneras de despedirme de tu sombra — recita el hipter y la milenians queda hechizada. Estoy solo, “soy agua me hago vinito un rato para escapar del horno de la verdad”. Desentierro el escritorio de mi trabajo, evoco la mierda en que la se acogió mi rutina y solicito a Diego leer “la traición es no comunicar es decir sí mientras firmás un pero”. Agradezco el gesto.

—Es tiempo del LADO B— lanza Diego — Este lado del libro convendrá leerlo solos— Es hora de salir. Lo saludo y le recuerdo que Peter Frampton y Ron Wood audicionaron para el disco “Black and Blue” de los Stones cuando buscaban un substituto a Mick Taylor. Quedo Wood por onda no por destreza. “cuando empezás a darte cuenta que la gente se va ya es tarde”

—Seguime— le indica la mileans al hipter — ¿cómo querés que encuentre tus pisadas?—expresa el. Mientras taconea Stevie Wonder a punto de caer. No creo que vuele nomás. Son las doce
llueve en Buenos Aires. Suenan los sueños. Subo al 84. Cuánta chatura y me acuerdo del tema de Porchetto… toda mi vida fui un rolling stone. Envío un snm porque este ostracismo le dio color a esta vuelta de página. Releo en el colectivo. Llega el LADO C. Llego a casa me acuesto a dormir y a salvo de todo lo que hace daño.

Titubeo si efectivamente estuve en el Deck y “desde el llano todo suena tan rockero todo suena tan real” Quizás fue “algo más que un sueño”

Me acuerdo hace veinte años. Estuve en un ciclo de lecturas y discos. Un hombre de unos cuarenta era el DJ. El tipo colocó un disco de Tom Petty. Ella “te garantizo que se parecía a un ángel”. Fue “amor a primera risa”. Eso fue en el 2018, en la presentación de “Azules en el Deck” de Diego Tedeschi Loisa y desde entonces pienso en vos solo pienso en vos despuntando desarmando desangrando desenvolviendo desempolvando mientras los vientos tiñen estas páginas de azul.



Prólogo escrito para el libro "Azules en el Deck" de Diego Tedeschi Loisa
( textosintrusos, 2018)





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