27 de abril de 2019

MANUAL DE PERDEDORES | 27 DE ABRIL


"Arrabales porteños de casitas rosadas donde acuna los sueños el rasguear de las guitarras" 

FM 107.1



Nos visitaron Susana Cordoba Julio B. HernandezGigi Suarez y Guillermo Martel con quienes conversaremos sobre Tango y poesía. ¿Cómo empezó la historia? Los orígenes del tango canción, la pluma de los grandes y música en vivo.
+ Feria del Libro 2019 + Lecturas + gacetillas


♪♫


♪♫♬ PODES ESCUCHAR EL CAPITULO 107 ♪♫
ACÁ 




20 de abril de 2019

MANUAL DE PERDEDORES | 20 DE ABRIL


FM 107.1


Manual de Perdedores delivery!



Nos visitó el escritor Carlos A Ricciardelli. Charlamos de los libros que lo han inspirado. De “El Matadero” de Esteban Echeverría al cuento Continuidad de los Parques de Córtazar. De Cemento, de Onetti y las obsesiones.
De su libro “Las recónditas ganas de quedarme aquí, nomas” y mucho más…

+ El adelanto sobre la Feria del Libro 2019 que comienza el 25 de abril al 13 de mayo de 2019 + Lecturas + gacetillas + Todo sobre Blues Motel en la Transtienda






PODES ESCUCHAR EL CAPITULO 106 
ACÁ 








14 de abril de 2019

MANUAL DE PERDEDORES | 13 DE ABRIL




FM 107.1


Manual de Perdedores delivery!
Brian Jones + Violencia domestica + Más sobre el BAFICI + Magali Tajes y su libro "Arde La Vida" + Semana del Arte + Edición número 28 de la feria arteBA + 30 años de Blues Motel



PODES ESCUCHAR EL CAPITULO 105 
ACÁ 







8 de abril de 2019

MANUAL DE PERDEDORES | 06 DE ABRIL



FM 107.1


Conversamos con el escritor Martín Zariello sobre el blog Ilcorvino y de los libros Sobre el Rock, No bombardeen Barrio Norte y el reciente 1988. El fin de la ilusión.
Mas sobre el Congreso Internacional de la Lengua Española. La cobertura del BAFICI y el recuerdo de El Pescador del Paranacito.


PODES ESCUCHAR EL CAPITULO 104 



7 de abril de 2019

BIG FISH






El viernes a la noche era todo. Era la cercanía al sábado, la víspera. Y siempre, como en el amor, en las vísperas todo se disfruta más.
El viernes a la noche veía «Titanes en el Ring» como aperitivo y ya más grandecito «Lucha fuerte» ¿Qué vamos a andar con secretos acá, no? Cuando llegaba el sábado, era el tiempo de ir a jugar a la pelota. Cuando llegaba el sábado todo era festejo. Era fiesta porque almorzábamos empanadas y tomábamos Coca. ¡Los sábados se tomaba Coca en botella de vidrio! ¡Mamita!

***

El sábado siempre fue mejor a la luz del sol porque de noche el barrio era oscuro, velado y sombrío. Se escuchaban grillos, el relinche de algún caballo y la marcha del tren bien a lo lejos. Los empleados del municipio de La Matanza eran como el Hombre Gato. Un mito más que una realidad. Las lámparas las cambiaban los vecinos.
Yo me quedaba en casa, era un gran plan. Salvo una escapada para echar una mirada hacia la esquina de Petete con la ilusión que se asume la morocha más linda del barrio. Ella, con sus ojos negros como el limbo en la previa del alba, era el resplandor del pasaje San Fernando.

***
.

El elenco rotaba muchísimo. La banda Haurat sonaba como un relojito. Nunca faltaba alguien caído en desgracia a quien albergar. Siempre había mucha parentela; una guitarra y un guitarrista que la tocara. Siempre había una pelota y alguien con quien jugar.
Con dos hermanas mayores marchaba bien la cosa. Un día, Kary, se puso de novia. La relación venía en serio. Fue así como José se sumaría a la familia. José “Many” tenía diez años más que yo. Era un abismo para mis cortos nueve años.
Con José caí a Tahuichi sin papá y aprendí a jugar al pool con bandas. Ensayé tirar caños con una técnica infalible y hacer goles sin remolinete. Experimenté además la aventura de la pesca en el Paranacito, a colocar la carnada. ¡Un flash! Con José y Kary conocí Pumper Nic, los cines de Lavalle y la Pizzería Roma. Me hice fan de las películas de Van Damme.

***
En “Sábados de Super Acción” presentaban comedias y aventuras de Hollywood. Nosotros optábamos por Canal 9 y las películas de Bruce Lee. Esas tardes me estimularon a practicar Chaiu Do Kwan, pero en mi primera pelea callejera me cagaron a piñas.
Entrada la adolescencia, José fue el compañero de copas de papá mientras mi viejo asimilaba la separación. Cuando empecé a fumar fue quien me convidaba de los suyos. Me llevó a la cancha (a papá no le gustaba mucho la idea). José es de River, pero de Chaco For Ever también, y así fue como conocí la cancha de Huracán, de Temperley, de Ferro y Deportivo Italiano cuando Chaco jugó en la A.
José trajo sus discos bajo el brazo: Aldo y los Pasteles Verdes, Salvatore Adamo, Omar Shane y Modern Talking (que conoció en Capital). José era un pibe que abordó el primer micro a Buenos Aires desde el Chaco y se mimetizó con el conurbano hasta embriagarse de los ochenta. Llegó a Retiro desde Resistencia y se deslizó por la pista de un Saturday Night Fever matancero con música de “Brother Louie”.

Yo quería ser grande, comprar ropa en Angelo Paolo y tener el corte de Rod Stewart. En la peluquería de mamá la permanente salía como pan caliente. Los sábados cenábamos enmudecidos mientras desfilaban los clientes con una toalla en la cabeza. Era una secuencia tragicómica. Salían uno a uno del baño enfundados en un paño sin poder levantar la vista. Mamá, como un comando parapolicial, sacaba a los lavados hacia un lado y los enjuagados hacia otro, directo al cono del silencio: la silla con secador de pelo. 
Nadie preguntaba nada, todos con la vista en la tele.
Mamá cenaba más tarde que nosotros. Papá le hacia la gamba mientras Kary y José se ataviaban para ir a “Juan de los Palotes” o “Fancy Live” y al tiempo que alistaba mis muñecos para jugar hasta quedarme dormido.

***
Más tarde anclaron los noventa y con la década mi partida de casa. Volví en 2001 y ahí estaba José. Testigo de la segunda mitad de mi infancia. El papá de mis sobrinos. 
Me comentó que escucha el programa, por eso no voy a decir nada triste porque sé que no le va a gustar. Por muchísimo menos de lo que está viviendo yo estaría con un humor de mierda, eso creo que lo aprendió de papá. Reírse de sí mismo sobre todo en las malas.
A veces la noche me da miedo, me pregunto ¿cómo voy a salir por el barrio oscuro sin ellos en casa?
—¡Pará, Raulito! Tenes que ser fuerte, July no puede saber que tenes miedo — me diría.
Es verdad. Tengo que mostrarme fuerte pero tengo un cagazo padre. Porque salir jugando por el medio con Higuain y Biain en el fondo sale cualquiera. Ahora tendré que pegar el pelotazo para adelante y que los delanteros se arreglen arriba. Quizá sea el momento de quemar los papeles, dejar la esperanza (y los miedos) de lado. Esta noche voy a echar un vistazo al pool de Sarandí y Avenida San Juan. A escuchar el golpe eficaz de la blanca al romper, la cortina de humo sobre el paño y la tiza golpeando el filo de la mesa como una manera de reencontrarme con un sonido familiar.

Uno tampoco tiene que andar por ahí dejando grandes preceptos, tirando postas o dejando legados. ¿Por qué? José tiraba caños, no postas. Es un gran jugador de pool (no lo sacaban fácilmente de los torneos en Tahuichi) y pescador del Paraná.

***

José es un pibe de los ochenta que no le encontró la vuelta al nuevo milenio. Con cinco décadas en el lomo y a mitad del viaje se le chamuscó el aceite y la junta del motor está dañada. Según mi GPS anda por Berazategui y no cree que alcance Hudson. ¿Qué saben esos aparatos? ¿Quién sabe?  Es la voluntad de creer que la vida es un milagro lo que permite que los milagros ocurran.
Busco mi doble cassettera para escuchar una canción, porque siempre los discos me sacan de estos bretes. Invariablemente voy a preferir quedarme ciego que sordo. Tantos discos, tantas canciones, pero había una melodía que José oía en silencio con un Malboro en mano. Ese muchacho de dieciocho años cuando yo tenía nueve era He-man. Pero una vez lo noté frágil. Lo vi mancarse, sólo una vez.
Una tarde viendo películas de Palito Ortega se quebró con una canción. Una cadencia tristona vecina a tipos como papá y Fatiga, dos almas que nacieron para volver a encontrarse.
El arte de la vida es el arte de evitar las penas y José le tiro caños desde que me acuerdo, siempre gambeteó a la suerte, pero la parca cerró las gambas esta vez y el hechizo quiere apagarse de a poco.

***

Debo empezar con este programa. ¡Un abrazo hermano! No te olvides de tirar la basura, papá te espera con una copa, la que quedó pendiente.
Cuando llegaba el sábado, llegaba la posibilidad de ir a jugar a la pelota, cuando llegaba el sábado todo era festejo. Hoy en la radio, ayer en el campo. Siempre pienso en volver al Paranacito. Pensar que muchos se van de pesca toda su vida sin saber que no es pescado lo que buscan. Que no decaiga, José. La Luna espera sonriente. Otro GRAN PEZ, otro Big Fish de los nuestros que retorna al río.







5 de abril de 2019

TIGRO NARVAJA





Corría el verano de 1988, Jesús Rodríguez, tramitaba a través de la Secretaria de Deportes la posibilidad de viajar a la Ciudad Feliz a muchos pibes de los clubes de la zona Sur.
Mar del Plata era la meca para nosotros: el escenario de las copas de verano, los partidos heroicos de Boca-River, la chilena del Enzo a Polonia, los Abuelos en Latex, Sumo y Virus en el Rock in Bali. Sobre todo el mar. Llegar al mar.
Yo me preguntaba como el agua se podía mover sin nada atrás, como un motor sin grupos electrógenos y sin generadores de luz. Debo confesarles que con la comitiva de clubes no alcanzamos el estadio mundialista ni los boliches de Constitución. Llegamos a una especie de Sunny Side. ¿Recuerdan esa guardería de Toy Story 3 donde todo parecía impecable? Eso sí, mucha amabilidad en el recepción y después, la realidad.
El asilo Unzue fue nuestro Sunny Side sin Loxon ni Bebote pero con la promesa de bañarnos en el mar pero cuando arrolló la noche todo fue diferente.

Habíamos llegado al antiguo hogar para niños y niñas pobres Asilo Saturnino Unzué. Tenía 11 años, ese verano cumpliría los doce. Todo se ve deformado a esa edad.
Por las noches una celadora recorría por los pabellones. Con una rama aporreaba las varillas de los caños de las camas cuchetas. El mensaje era categórico: había que dormir. Recuerdo que la comida era insuficiente. Al mar no lo veíamos ni en figuritas. 
Junto a Pochelo de José Soldati y Juanito de Lomas de Lugano, solicitamos llamar a nuestras casas. Disqué 6225790 y ¡chau! ¿Se acuerdan que el comisionado de Ciudad Gótica tenía un teléfono rojo que era atendido directamente por Batman? Bueno, más o menos fue así fue la cosa.
Cuando escuché la voz de papá me sentí el ruso Siviski tirando una pared con Insua. Fue como jugar con el cinco. Aquella experiencia en el asilo Unzue estampó el verano del 88. Empecé a apreciar las milanesas, las sábanas estiradas y el Sandy de chocolate de postre.

Después de cuatro días de tormento retornamos a Buenos Aires en tren. En Constitución salieron a nuestro encuentro los familiares de los que pudimos volver.
Fue el fatídico verano del 88, que tan bien retrata el escritor Camilo Sánchez en su libro “La Feliz”, un verano que puso a la ciudad en la palestra. Y así con ese sabor amargo terminaban los ochenta.
La paciencia y la oportunidad. Todo llega cuando tiene que llegar. 


LOS NOVENTA

Cuando promediaba la década del noventa retorné a la ciudad feliz después de los Juegos Panamericanos del 95. Fue Mar del Plata la que me sumergió en la lectura, mientras canal 8 emitía programa como “Botones y moños” y “dia D” que no era el de Lanata y el canal 10 repetía la programación del 13 de Buenos Aires. Video Clubs, libros y cartas. Y es acá donde quiero detenerme: las cartas, quizás “Relatos porteños con vista al mar” nació en aquel 95 cuando de modo usual concurría a la agencia de correo de Rawson y Sarmiento. Despachaba cartas donde relataba mi permanencia marplatense: Los Redondos en Go!, Dolina en el Torres de Manantiales, las clases de pintura en la Escuela de Artes Visuales Martin Malharro, donde conocí a tanta gente talentosa y cálida en esos inviernos crudos a fuerza de pedal.
Escribir sin tanto Púan en el lomo me proveyó la impunidad de los pibes que dibujan sin saber hacia dónde. Me formé para dibujar reconociendo hacia dónde ir, conjeturando donde impresionar, donde componer la tensión y sin embargo mis ilustraciones eran deslucidas, sin vida, sin tono.


LOS 2000
En la primavera de 2002 Seba Mulero, me propuso abrir una cuenta de para poder chatear por el extinto Messenger y allí parloteábamos horas.
Seba ya residía en Barcelona, ciudad que sería mi próxima estadía si no fuera por una posibilidad de laburo y la enfermedad de papá. Permanecí impasible con el pasaporte en la mano y opté con la cabeza de burgués mesurado, la posibilidad de un trabajo seguro ¿seguro?
Seba, desde Cataluña, fue el faro para cifrar mis días post 2001 donde se quemaron los papeles y con título en mano no conseguía hacer pie.  Recuerdo que archivaba en un diskette de 3 ½ “para Seba” y le reseñaba en no menos de cuatro carillas algunas anécdotas.
— Seba, la mina del bondi me pateo (6 carillas)
— Me separé de la mama de July.
— Contame un poco más — me decía por Messenger. ¡15 carillas!
Fui desarrollando un músculo que no se detuvo hasta nuestros días.

En octubre pasado llegue a Mar del Plata para presentar mis libros. Libros de relatos, cuentos y ensayos, y alguna poesía, sin embargo, debo revelar que en realidad fue una coartada para encontrarme con tanta gente que quiero, los mismos de siempre y nuevos amigos que se suman a este viaje.
Arribé a Mar del Plata después de 30 años y ya no demando un cospel de Entel para llamar al 6225790 y reclamar que me vengan a buscar, a solicitar un abrazo porque lo acerté en un encuentro literario.

Hallé en la escritura, el mejor abrazo al que puede aspirar un artista. Hace más de una década archivé mis lápices y mis pinceles. En la tarde previa a la presentación me reposé donde me gusta jugar: el Word. Esbocé estas líneas, porque en cada párrafo todavía sigo jugando como en aquel verano del 88, ese año que el Milan, de Arrigo Sacchi logró el Scudetto de esa temporada y Gullit, conquistó el Balón de Oro y Van Basten no paraba de hacer goles, “San Marco” y “El Tulipán Negro” ganaron la pared principal con esa camiseta formidable naranja veteada junto a la imagen de Tigro de los Thundercats, el ultimo muñeco que atesoré. Cuando me mude a mi casa, digo mi casa porque ya deje de alquilar, lo repatrié.

Tigro es mi Vaca Narvaja made in Tundera. Como en una contraofensiva ideada por Panthro desde Puerta de Hierro, viviendo con un Mum Ra vestido de Lopecito, pensé: “Qué bueno sería tener ocho años y jugar con los Thundercats a Walking Dead”. Como Martin Zariello con los Playmobil, cuando ingresé a la pubertad ya no pude jugar con los Thundercats. La última vez que lo intenté fue en el 88. Había pasado un periodo sin usarlos y quise hacer la prueba. Intuyo que sabía que la cosa no iba a funcionar pero una deuda moral con los muñequitos me obligaba a despedirme de ellos con dignidad. Hice lo que pude, pero ya no había química entre mi mente, mis manos y los muñecos. A la historia le fallaba el verosímil. Me gustaría escribir o leer un libro sobre la última vez que todos jugamos a lo que más nos gustaba jugar.

Pasaron tres décadas del 88. Tres décadas de las noches donde una celadora recorría por los pabellones y con una rama aporreaba las varillas de los caños de las camas cuchetas. El mensaje era categórico: había que dormir. Aun hoy no puedo dormir a oscuras, siento mi propio apagón, mi propio Ledesma, todavía no apago las luces de mi habitación para dormir en la oscuridad. Prendo aun mis velas para iluminar el plano, porque acá estamos. Dando testimonio. Demasiado jóvenes para morir y demasiado viejos para el rocanrol. No es fácil ser joven, pero ser adulto, tampoco. Yo, por lo pronto, hice un bollo con el plano... pero sigo buscando el tesoro…





4 de abril de 2019

GUAPA, ANDARIEGA Y VISCERAL








Hoy vamos a hablar de Carla Ritrovato, vamos a hablar de una mujer que alcanzó los cuarenta y diez y aún conserva el espíritu rebelde y libre que la convirtió en una de las voces femeninas más importantes de la Rock & Pop de los noventa, cuando la música no se conseguía apretando un botón y la radio era un lugar mágico.
Carla María Ritrovato, Carlanga o simplemente la rubia. Siempre guapa, andariega y visceral.
Si tendríamos que resumir su carrera profesional diríamos que ingresó en 1.993 a Rock and Pop y estuvo más de diez años al aire.
Condujo:
Rock al Frente en Much Music.
Lady Rock en C5N
BusCarla en D-Rock Mar del Plata entre otros

Carla es locutora nacional, va por el doctorado en comunicación social. Alguna vez le comentó su intención a Daniel Grinbank, director y fundador de Rock and Pop de estudiar locución, dijo Daniel “si vos vas a hacer la carrera de fonito te doy una patada en el culo y te mando por la ventana” Carla no es un fonito, ella tiene una voz muy personal. Yo la descubrí una noche de viernes en el Rock and Sex, en un momento donde el sexo era tabú. Ella pateó el tablero y sin agente de prensa avanzó y avanzó y… después ahí la seguí siempre en:

  • Sin Destino
  • Los 40 Criminales
  • Es lo que hay
  • Rock and Pop Ranking y el
  • Clásico de Clásicos

En un momento donde en la Rock and Pop, no se usaba la palabra machismo y abundaban las voces masculinas, hacia muy poco había salido Veronica Nakmias la turca Nakmias, la negra Vernacci andaba por ahí y Marcela Feudale, irrumpió una voz pujante e incomparable que desde el corazón de Lugano 1 y 2, con Soldado de la Frontera como punto de partida, con los Perales como escenario de esa escuela de la calle y varios discos bajo el brazo arribó a la emisora cuando aún estaba en Parque Patricios.

Un día Carla pasó de casualidad por la puerta de la radio. Iba en colectivo. Estaba yendo a otro lado y se bajó. Vió el edificio, ahí en la avenida Entre Ríos. "Vengo por la convocatoria", dijo. "No, eso fue hace un par de meses", le contesto el señor de la puerta. Insistió, pidió ver a Bobby Flores. Y la recibió. 
Estuvieron charlando un rato, hablaron de música. Ella tenía un disco en la cartera, de casualidad. Le jugó una apuesta a Bobby. "A que este disco no lo tenés", le dijo. Era Tumbaíto (caído de costado seria), de Arturo Sandoval. Carla ganó la apuesta y consiguió el trabajo. Carlita sabia de música antes de entrar a la radio y fue su know how para sostener semejante carrera. Cuando hablar de discos era porque los habíamos escuchados una y otra vez y sin Internet buscábamos data hasta debajo de las piedras. En la radio ella encontró un punto de anclaje.

Todavía recuerdo esa noche del Rock and Sex. La primera vez que la escuché fue en el kiosko de Miriam con una radio portatil. 
Puqui, Memo, el Richard y toda esa banda de Lugano la conocían. Fue lo más cerca que estuve de Carla: conocer a sus amigos. Otro habitué a la pizzería La Yapa era Cristian, un pibe de Piedrabuena, le decían el Pity. Tocaba en una banda que hacia temas de Chuck Berry y los Stones.
Ahí también conocí a Jimmy, que había cumplido su condena y me contaba entre birras: a Ritrovato la escuchábamos en el pabellón cuando estuve en naca. Todos ranchando y con la radio a pleno. Con la monada le mandamo´ una carta y le llegó, ¿podés creer? Le llegó de frente ma´... Y la leyó trascartón. ¡Imaginate! Enloquecidos. Quilombo… No comimo´una requisa mal… Los ortivas de los hermanitos nos mandaron al frent… Estábamos ahí, al toque de la radio. Queríamos saltar el yompa, loco!!
¡Claro! La radio estaba a metros de la ex tinta cárcel de Caseros… en Parque Patricios también.
La última vez que lo vi al Jimmy fue en Lugano. Lo último que supe de él es que piró. Estuvo un tiempo internado en el Borda.
El último recuerdo que tengo del chabón fue cuando me dijo con voz firme - ¿Sabés qué, Raly? Las mejores noches estando en cana eran los viernes…

—Porque, le dije
— porque escuchando la radio nos preparábamos para salir de ahí, tende? la cabeza y la imaginación… Salían de gira…

Así eran esos tiempos, llegar a los programas de casualidad, como Carla llego a Rock and Pop:

La más linda del amor decía que la radio le dio la oportunidad de decir cosas.
Hace dos décadas, trabajaba limpiando pisos. La Rock and Pop había llegado tres años antes a la Ciudad Feliz. En el horario del comienzo del programa “Es lo que hay”, llegué a Star Hall, el restaurant más careta del patio de comidas de los Gallegos. Enchufé la Taski, acomodé los cables y cargué dos pilas eveready al walkman que tenía sujetado al cinturón, pegadito al movilink y a un handy. Con el uniforme poco recatado de la empresa sumado a todos los aparatos colgados en la cintura parecía un superhéroe en la convención de Batman´s de Cha cha cha.
Tengo muy presente la primera noche que sintonicé Rock and Pop Beach. Tenía medio paquete de Boots y un cigarillo Malboro light con una pitada de mujer que rescaté de una mesa.
Esa noche Carla habló de la paciencia de la araña mientras la música de árbol colchoneaba el aire… Tiraba frases, citaba a Ozzy cuando decía: Black Sabbath fue una banda hippy. Porque estábamos en paz.
Eran cerca de las 3 de la mañana. Al llegar con la lustradora a Riadigos comenzó una melodía. El paño rojo se desplazaba como un trineo en la nieve. El piso del salón resplandecía más que nunca.
Al llegar a Sauro, por diagonal Pueyrredón, Carla mando la última tanda y expresó que sonaría un tema especial (hace poco supe que el tema en cuestión fue dedicado a ella) Me senté a la orilla de la fuente de agua, debajo de la escalera mecánica, frente a Express. Ahí donde las cámaras de seguridad no me podían tomar. Enrollé los cables de la Taski, prendí el Malboro light y lo pité con ganas. Me acordé de LA Yapa, de las fiestas mayas, de las caravanas del condon clu. Fue como si Buenos Aires y Mar del Plata, ensambladas por la rock and pop, fueran una sola ciudad, como si Avenida Luro desembocara en la esquina de Piedrabuena y Castañares y ahí acobachado sin poder ser filmado, pude soñar. Como quien se esconde ante las cámaras, ante la realidad de los monitores, ante el ojo que mira, ante la otredad que intimida y no nos deja ser. Una vez más la música y la radio me acompañaron en un soplo indisoluble. Sonaron los primeros acordes de “Oxidado" y yo fui feliz.
"Vuelvo a mi cucha, Carlita querida, rengueando estas ganas borrachas de volverte a escuchar. Carla Ritrovato, la voz del rock, del rock como todo llanto".




1 de abril de 2019

LOLLAPALOOZA


Mientras que en Córdoba se desarrolla el octavo Congreso Internacional de la Lengua Española, en el Hipódromo de San Isidro, miles de centennials sacaron la lengua frente a sus pantallas para inmortalizar en una selfie una instantánea de más de doce horas de shows en vivo.
Estuvimos gran parte de la jornada en el sector Kidpalloza, especialmente armado para los más pequeños. Allí los más chicos aprendían nociones básicas de batería, asimilaban como mezclar pistas en una bandeja y practicaban skate sobre una pista alucinante.
Después de la primera etapa de ajetreo, mientras disfrutábamos de una gaseosa fresca en el área de relax, escuché un diálogo de un grupo de pibes y concebí que las cosas no cambian; cambiamos nosotros.
—¿Qué onda, Wos?
—Ni idea, guacho. Vamos a ver.
—Toca en el Main Stage 2.

...
Cuando el sol irradiaba de lleno sobre el predio sin lugar a las sombras vimos el show de Wos. Formato de rock, actitud rockera pero no era rocanrol.
Como el águila que comienza a golpear con su pico en la pared hasta conseguir arrancarlo y finalmente, después de varios meses, sale con el pico nuevo para el famoso vuelo de renovación que le dará 30 años más de vida, el rock siempre necesitó sentirse muerto para poder resucitar.
La cultura rock, como la clase media, se repliega, se asusta y se vuelve conservadora, incluso cuando el trap pareciera tendiente a convertirse en el rock de los jóvenes centennials.
Cerca de las 19 horas, se presentó Khea. Uno de los artistas más jóvenes y con más talento del trap local. July me pidió verlo. Dejamos a Jorge Drexler en Main Stage 2. Atravesamos el predio de 250.000 metros cuadrados. Llegamos al Perry's Stage. En la segunda canción de Khea escaló al escenario Duki. Vi la cara de July y de miles de pibes con una alegría gigantesca y me pregunté:
¿Qué llega a ser Duki subido a la cima del trap? No hay que interpretar mucho, lo dice él mismo en una canción llamada, en forma elocuente, “Rockstar”.
...

En las palabras de Martin Zariello "Si el rock propuso casi siempre una vía alternativa, las letras de trap masivo van un paso más allá. Se trata de acceder a los bienes materiales del poder (...) En sus líricas, el trapero vive en el loop de una película de Scorsese. No está atravesado por una ideología, sino por su intuición. Si las clases medias y altas se apropiaron de la cumbia villera, el trap se apropia de la clase alta. Y ésta es la interlocutora omnipresente del trap argentino más trash, una entelequia careta, que ronda los círculos de privilegio". La mayoría de los asistentes al Lollapalloza no son necesariamente chicos marginales.

***

Lejos de los prejuicios, ayer vi pibes y pibas despreocupados y conectados entre sí. Con remeras de Twenty One Pilots, gorras del festival, cintas amarillas cruzando el pecho, jeans rotos y la osadía de quienes viven en estado de presente. Realizaban largas filas para cargar agua y marchaban de un lado a otro remontados a los cables USB enchufados al stand de YPF.

...
Además de la desfachatez de Duki y la potencia de Post Malone, el punto más alto del festival  fue la performance de WOS. El pibe demostró estar más que a la altura del desafío, desparramó palabras con una notable fluidez, mientras los músicos proponían un respaldo lleno de matices, cambios rítmicos con pases de hardcore incluidos. Lo más ovacionado de la tarde fue la improvisación. Allí donde se queman los guiones, donde el rock ya no encuentra un lugar Valentín Oliva (WOS) definió que el trabajo se prepara antes, pero luego siempre hay que improvisar.
Los centennials, fascinados y poco preocupados por el octavo Congreso Internacional de la Lengua Española, acertaron un lugar donde se disputan 119 reuniones de carreras de caballos al año.

...
Estas pibas y estos pibes que soplan con el viento, no buscan profetas ni líderes a quien seguir. Ellos son su propio movimiento. Levantan estandartes en sus grupos de WhatsApp, el foro de debate valido. Se encuentran en el Snapchat, el Instagram y el Uber para volver a casa como potrillos bravíos 2.0 a tan sólo un like de distancia.
A ciencia cierta muchos de ellos quizá no escucharon a Pappo cuando se preguntaba ¿Adónde esta la libertad? Si la libertad está en ser audaz, estos chavales lo entendieron perfectamente.
Pronto otras carreras pugnaran en el hipódromo, otros caballos correrán, mientras tanto hoy y mañana en el Lollapalloza miles de chicos como pencos sin espuelas recorrerán el predio porque no basta con ser joven. Es preciso estar borracho de juventud (con todas sus consecuencias)


Leído en Manual de Perdedores 30/03/2019