26 de enero de 2023

UN CASSETTE PARA LA SIERRA

 

Hola Rosemary, he llegado bien. El viaje fue larguito. Estoy aquí en un campo extenso. Se llama Sierra de los Padres, es un sitio alejado de la ciudad, aquí estoy trabajando. Si tú ya has tomado la decisión de venir con los niñas, yo te voy a esperar aquí. Ya hablé con mi patrón. 

Prometo portarme bien mi Rosemary, sin diabluras ni tonterías. He prometido ante la virgencita ser fiel contigo. Quiero que lo sepas, mi amorcito. 

Aquí vamos a estar bien con las niñas. A ellas les gusta tanto el verde de Veracruz. Este es un hermoso lugar, vamos a andar bien, mi amor.

Te dejo este mensaje para que los escuches cuando prendas tu teléfono. Dibujé un mapita, ya… ¡ah! Para que lo imagines. Aquí en la piecita donde estoy duerme Ronald, es un compatriota de Santa Cruz de la Sierra. Él prontito va a recibir a su familia. Habló con una gente conocida del patrón que le dieron unos materiales y va a edificar su casita en un barrio, mi amor. 

Trabajamos la cosecha del kiwi, de aquí salen a toda la Argentina, me dijo Ronald. Es rico el kiwi, ya lo vas a probar.

Llámame Rosemary, llámame mi amorcito. Cuando venga el otro contingente te encargo unas cositas que olvidé traer. ¿Me podrías traer unos cassettes? ¿Tú me los puedes despachar? Es importante para mí. Escuchándolos puedo recordarte, Rosemary. Ahora que ya sale el sol a las cinco es lindo recordarte.

¿Te acuerdas de la feria de Sucre, ah? Te acuerdas de esa canción que escuchábamos. Bueno, voy a dejar por hoy este mensaje. Ultima cosita, mi amor. Es hermoso Mar del Plata; tiene sierra, praderas, mucho verde y mar. Todavía no lo he conocido, mi patrón me dijo que me va a llevar la semana próxima. Voy a sacar muchas fotos para ti y las niñas.

Vamos a salir adelante, mi pimpollo. Quiero que estemos todos alegres. Lo pasado, pasado, ah. Ya vamos a vivir juntos muy prontito, otra vez.

Dale un beso a las niñas ¿si? A Linda Flor y mi pequeña Bella Rosa. Diles que papi esta contento por su trabajo pero triste porque no puedo verlas.

Aquí hay océano, como el de los dibujitos que ellas miran. ¿Te acuerdas de la película del barquito? Ahora que mis ojos van a poder ver el mar, cuando lo vea por primera vez voy a silbar nuestra canción pensando en ti. Reencontrarme contigo es mí anhelo, reencontrarme con nuestra música es como reencontrarse con el primer amor, Rosemary. Tú eres mi primer y único amor, nunca lo olvides.

Besito, te quiero mi amor…Tukuy tiempo qanpi yuyaykuni, qanmi kanki pusawaqniy k’anchay 






* Pienso en ti a todo momento, eres la luz que me guía



19 de enero de 2023

LA SUERTE ESTÁ ECHADA



Si la razón nos hace hombres, el sentimiento nos conduce. Para el burgués con una mirada excesivamente racional el desamor arraigado es incomprensible. No hay mala fé, no lo vivió. Si lo vivió, fue de otra manera. Somos muchos los abajo firmantes, ludópatas del amor que ofrecemos el corazón desprovistos de armaduras y pagamos un precio altísimo.

Durante muchos años viví a dos cuadras del Casino. Ingresé solo una vez. Recuerdo que en los noventa la gente viajaba a Mar del Plata para apostar a la ruleta, al póker o al blackjack. Recién en el año ´99 se inauguraría el primer casino flotante en Capital Federal. Entre gallos turcos y medianoches aliancistas se rubricó la habilitación del Buque “Estrella de la Fortuna"

En Mar del Plata se caen de los bolsillos las historias de personas que perdieron todo por el juego. “¿Cómo vas a apostar un departamento en una noche?”. No lo puedo entender. Sin embargo, lejos de minimizar una enfermedad cómo la ludopatia, cuando el embrujo del amor te aprisiona, estas en problemas. No vas midiendo: "nada de embalarse, le pongo una fichita a esta relación y voy viendo" ¡No! ¡Vas con todo lo que tenes!



Si no funciona, paciencia. Es cierto que te quedas vacío, dinamitado cómo la manzana 115, inmaterial cómo  la vieja terminal. Cuándo no podes salir del scroll del enamoramiento no correspondido nadie te puede ayudar. Pocas la ven, no te ven en realidad. La manera de mirar moderna es ver fragmentos.


Al alcohólico o el adicto lo ves venir. Uno distingue cierto rasgo de avería — Al jugador no se le nota — me dijo la mujer del dueño de una inmobiliaria importante de La Feliz. 

Un día la mujer llegó a la casa, quiso abrir la puerta y no pudo. Le habían cambiado la cerradura porque el departamento estaba embargado. En cambio al enamorado contrariado, lo encontrás en un café lo más campante, mirando stories de instagram mientras pide un latte de vainilla. Por el semblante no distinguís que sentado en esa silla yace un hombre que amó y no lo amaron. Una remera que diga: Soy un amante contrariado, no tirar escombros.


Nene me decía — Perdí al amor de mi vida. Lo extraño. Estuvimos 65 años juntos. Dos de amigos, dos de novios y 61 años de casados. Ahora me siento un termo de agua caliente que se rompió por dentro — recordé cuando mí termo de San Lorenzo cayó al piso. Lo destapé y vi el interior hecho trizas. Nene no pudo ser más gráfica.


La suerte siempre parece estar en contra de las personas que dependen de ella. ¿Qué pasará con el amor? Es un misterio. Anhelo que la próxima vuelta marcharé sin sortija. No sé si caeré al vacío. Lo que sí sé es que iré al primer beso sin un as en la manga. Si no resulta, es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar.





12 de enero de 2023

SEMBLANZAS DE RADIO


En el último tiempo se dió un fenómeno inédito en la radio, tanto en AM como en FM. Los dueños de las emisoras convocaron periodistas, animadores, actrices y actores que han hecho su carrera mayormente en la televisión para sumarse a la programación de sus medios de radiodifusión.

Vivimos en una era donde la imagen tiene mucho más fuerza que la voz. Sin embargo, en la radio a diferencia de la tele, el uso del lenguaje es preponderante más allá de las artísticas, los efectos y los separadores. La elección de las palabras es lo que hace que la alocución tenga un rango mayor y por ende más escuchas.

La importancia de la lectura se plasma al momento de hablar en general y frente a un micrófono en particular. En ese sentido, la radio nos permite enfocarnos puramente en el discurso sin pensar en nuestra imagen. Por su parte, en los medios gráficos, las plumas de grandes escritores son la garantía de toparnos con textos de fuste, en muchos casos, de personas que no conocemos su rostro.

Somos muchos los que vamos detrás de una firma más que de un medio: Tamara Tenenbaum, Martín Rodríguez «Tinta Limón», Martín Zariello «Ilcorvino», Ezequiel Fernández Moores, entre otros, son periodistas que logran una semblanza de alto vuelo, como nos pasaba hace más de una década con las contratapas de Juan Forn en otro Página/12.

Soy de los que examina y busca encontrarse con una crónica con huellas de finura. Algo bien contado me cautiva. Somos oyentes ávidos que esperamos que nos cuenten una buena historia.


El micrófono nos deja expuestos, como el salto del escritorio al diván en las sesiones de terapia. La mirada del analista intimida. Sentimos que estamos rindiendo un examen.

En cambio en el diván, recostados mirando el techo, uno siente la sensación de libre albedrío. El pensamiento juega y se desliza en libertad. Podemos palpar las guaridas del inconsciente y es allí donde los síntomas afloran en párrafos descargados al techo y atenúan la angustia.

Algunos piensan que el grito de la multitud en un estadio es como un diván. Insultamos al árbitro, rechazamos un fallo pero en realidad no es el árbitro y no es el VAR lo que jode. Hay allí un malestar y un significante escondido.


Vuelvo a la radio. Para quienes estamos al aire, lo mejor que nos puede pasar es recibir una devolución de los oyentes “yo también me pregunto ¿adónde irán a parar las bolitas lecheras perdidas en las mudanzas?"

Lo asombroso de la radio es que lo dicho evoluciona hacia un lugar que nos resulta familiar. Imagino a la radio cómo los bodegones dónde todavía podemos ordenar un guiso de albóndigas con fideo moñito hecho en el día. Imagino a la radio como las almacenes de barrio donde aún nos topamos con un trato personalizado y una escucha sincera. Me imagino a la radio y pienso en los mensajes de Norma del Puerto, Paula de Chauvin o Josefina de Las Dalias.

En la radiodifusión hay algo de lo artesanal, de eso que tiene una dedicación y una gestación más cercana al orfebre que a la elaboración industrial.

Si todo terminara como presagian las películas de apocalipsis y tendríamos la opción de encontrarnos con un objeto, me gustaría que sea una Spika cómo elemento de resistencia humana y una voz transmitiendo en vivo. Nada grabado, porque hay algo de la magia del vivo que es irremplazable.

DELIVERY

Podemos pedir una pizza por una aplicación, incluso podemos solicitar que nos envíen un libro, pero no podemos pedir que nos manden un abrazo. 

El hecho artístico una vez más nos revela que la radio nos trae de regreso a la mesa larga, al café mano a mano para recuperar la conversación como una forma de curar las heridas, como una ambulancia que llega a los oídos y nos auxilia del tremendo silencio de la soledad. 

Voy a la radio con la esperanza de correr del centro de la escena a "lo no dicho". Ese señor pacato con pretensiones high class, con petulancias severas e impiadosas, crueles y categóricas. 

Para terminar diría que más tarde o más temprano llegará nuestra propia señal de ajuste. Espero que el silencio del final nos encuentre con un te quiero entre los labios. En definitiva el amor es el único sentimiento que nos salva. Un sentir más cercano al decir que al aparentar.

 










6 de enero de 2023

ASFALTO ROCIADO DE DISTANCIAS

 



Antes de ir a la radio rumiaba sobre ciertas fotos y cuando digo fotos, me refiero a las originales impresas. La de los álbumes anillados con un papel film ambarino ¿Cuál de las fotos ubicamos primero? ¿Cuál colocamos después?

Álbumes distinguidos que completan su imagen con fotografías reveladas sobre un papel de gramaje específico, mate, sin brillo, con la finura que nace de los bordes.

Fotos donde éramos felices sin saberlo. ¿Conscientes? ¿Felices? ¿Conciencia y felicidad es un oxímoron? 

En mi niñez no había nada que fingir. Lo que se veía en una foto era lo que pasaba, al menos en mi mundo interior.

Las fotos con niños son las más entretenidas. Un pibe hace una cara disparatada y desmantela el sainete. Esa postal buscada ya no formará parte del álbum oficial. ¡Raulito, otra vez! ¡Tía Rita fue a la peluquería, mecachondie!

A mí me encanta ver fotos. Es mí fetiche. Es un plan en soledad y un evento en compañía. No es lo mismo enviar archivos de imágenes escaneadas por WhatsApp qué preparar la mesa, poner la pava y disponerse a una panzada de evocaciones con el mate lavado. 

Allí, frente a nuestros ojos, reposan originales sin palabras, sin globos de texto. En ese juego, cada uno puede descifrar lo que pudo haber pasado ese día, esa noche. Es el soplo donde la fotografía se tutea con la poesía. Empuñan el volante de una bicicleta en picada y sin rueditas. El fotógrafo Robert Frank decía que “cuando la gente mira mis fotos quiero que sientan como cuando quieren leer un verso de un poema una segunda vez.”


Este es el primer programa de la segunda temporada de “La Hora sin Sombra”, dónde cada martes pensamos sobre lo que hemos perdido, sobre retratos que huyen en la brisa. Fotos que se perdieron en un disco rígido o en un pendrive con la cara de Mickey.

El avance de la tecnología nos da la posibilidad de acopiar más y más fotos pero se llevó consigo lo esencial, lo que podemos arrullar. Las voces no se pueden acariciar.

Solo me quedaron mil fotos de quienes partieron. Debo admitir que con solo mirarlas puedo arrancar cada mañana a enfrentar el asfalto rociado de distancias. ¿Quién las sacó? ¿Quién apretó el click? No lo sé. Quienes sacan fotos resuelven ser héroes anónimos de esta película, de esta sucesión de fotogramas, de este evento que se ennoblece en un “Digan Whisky”.

Cómo si fueran un tubo de oxigeno ante el ahogo de las voces ausentes, me abrazo sobre dos cajas guardadas por mamá con la leyenda “fotos de raulito” 

Atesoro en mi cabeza miles de imágenes que no forman parte de ningún álbum anillado con papel film ambarino.

Hoy en la radio las polaroids mutan en párrafos torpes. En definitiva “La hora sin sombra” dejó de ser un programa de radio para ser un bonito pretexto, un subterfugio para refundar aquellas cosas que hemos perdido.

Hoy mi hijo Julián, el muchachito que más quiero en este mundo, cumple 14 años. Le gustan los números pares. “Papi, nací un 2 de agosto, del mes 8, del año 2008”. Llegó al mundo por el amor de dos. 

July juega a la pelota, juega de libero, juega de “dos”. Digo pelota como podría decir fútbol porque las dos palabras tienen “seis” letras. Él es mi foto favorita.

Todavía quedan fotos por disfrutar que no hemos sacado. Sueño con obtener una en especial: mi pelo blanco y mi piel empachada de arrugas. Cuando mi hijo le indique al fotógrafo, - ¡Espere, espere, falta mi viejo! Está un poco lento. Tiene 80 mil fotos en el espalda! Ahora sí, maestro, saque nomás.






4 de enero de 2023

GRACIAS, VIRGINIA



Teniendo en cuenta la dimensión de los anfitriones de ésta noche, podríamos discurrir sobre cine argentino largo y tendido. Hablar de «La patota», «Juguemos en el mundo» o «la Raulito», «Fotos del alma» o «El verso». Incluso «Los bastardos», su última participación.

Si bien "La Hora sin Sombra” tiene como puntal la literatura, podríamos vincular las obras de teatro de dramaturgos como Bernard Shaw, Arthur Miller o Chejov con la carrera de Virginia Lago. Sin embargo, decidimos comenzar por la patria de todo hombre: la infancia. Un lugar entrañable donde no había una gran biblioteca y al cine íbamos a ver películas de Olmedo y Porcel. Se vivía así, en tiempo presente. Disfrutando el día a dia y recibiendo mucho amor. 

 

LA TELE

A principios de los ochenta la vedette de la cocina-comedor fue la televisión. Era nuestro tótem, un aparato bastardeado por la intelligentzia cultural, que en las familias organizaba la disposición del hogar.

— Yo no miro televisión — dice uno y espera que lo aplaudan.

— Esta bien, campeón. Yo no conozco Australia ¿y? — le respondería.


En mi adolescencia la radio  captó mi atención pero siempre fui televidente. En producciones como «Las 24 horas» y «La bonita página» asimilé las primeras generalidades sobre el amor y el desamor.

Así como en la década del 50 la radio se oía en familia junto al combinado, la televisión en los ochenta se miraba en el horario de la sobremesa mientras se servía el postre y el humo de los cigarrillos colorado corto de papá eclipsaban el ambiente.

La repercusión que tienen hoy las series de las plataformas, en aquel entonces se reducía a las telenovelas de la pantalla chica. Desde muy chico supe del éxito de «La familia Falcón» y en el año que nací “El amor tiene cara de mujer” era lo más visto. 


LOS NOVENTA

¡Si se pudiera matar el tiempo sin herir la eternidad!

Como un soplo llegarían los 90 con éxitos como “Cosecharás tu siembra” y “Más allá del horizonte” mientras me disponía para el viaje de egresados. Allí definiría mi outfit frente al espejo de la peluquería de mamá en la carrera entre el flequillo stone y el jopo de Jazzy Mel. Ganó el rocker, claramente.

Viajo a los 2000 y me veo con Julián en brazos siguiendo los pormenores de "Montecristo" en Telefé basada en la obra de Alejandro Dumas, hasta llegar a "Argentina, tierra de amor y venganza" (ATAV). Una historia sobre dos amigos españoles, Torcuato y Bruno que huyeron de la guerra civil española. Desde «El amor tiene cara de mujer» del año 1976 hasta el 2021 con ATAV, Virginia Lago habitó muy cerca de nuestros corazones a través de la pantalla. Allí mismo donde se reflejaba la figura de mamá hasta que partió hace pocos meses.

 

MUSIC HALL

Esta noche intentaremos desandar sobre el Music Hall “Gracias, Maria Elena”, sobre la relación de Virginia con María Elena Walsh, dos amigas entrañables. Dos que se amaron, dos que se aman.

Como en la obra maestra de Miguel de Cervantes Saavedra, en el musical dirigido por Héctor Giovine con música de Mario Corredera cohabitan la razón y la locura, la humanidad y la ternura. Esta adaptación teatral se estrenó en Mar del Plata y regresa este jueves 5 de enero.

Estoy sentado frente a una artista que franqueó toda mi vida con sus caracterizaciones en la pantalla chica y la grande. 

Fui criado por las historias de las telenovelas. Allí asimilé sobre desengaños y traiciones, lealtades y pérdidas. Ahora que lo pienso, no fui tanto el cine con mamá, no compartimos lecturas en común pero si me advierto tomando el Toddy y viendo telenovelas juntos.

Como marplatenses somos privilegiados de disfrutar a Virginia Lago con una obra que es mucho más que una adaptación musical. Es un homenaje a la amistad. 

Me pregunto, 

¿Hay alguna forma mejor que conmemorar a un gran afecto que a través del cuerpo, la voz y la actuación?

 

EL UNICO LIBRO QUE HAY QUE LEER

¿Quién será Don Quijote? ¿Quién será Sancho Panza en esta historia?

Hoy me sumo por unos minutos a la aventura de dos artistas que en su vida indagaron en la búsqueda incesante de toparse con su propia huella. Hoy vamos a hablar de una obra que vuelve al Centro Cultural «Osvaldo Soriano» un espacio que reabrió sus puertas.

En la tercera temporada de «La Hora sin sombra» comenzamos disfrutando de lo que nos hace más felices. Recibimos a dos artistas que comparten su vida desde hace más de 50 años: Virginia Lago y Héctor Giovine. 

Si la pluma es la lengua de la mente, nosotros escribimos sobre mármol: “Gracias, Virginia”