27 de mayo de 2022

FILBA NACIONAL


Lectura: El mar y yo.

Carolina Bugnone Matias Capelli Guillermo Martinez Matías Moscardi Tamara Tenenbaum y Mauro De Angelis


Con talleres, catas de libros y paneles, se largó el Filba Nacional desde Mar del Plata

Durante tres días, la ciudad cobijará al festival de literatura.






Hermoso encuentro con la colega Triana Kossmann y los escritores Sebastian Chilano y @ Mauro De Angelis en el #filbamardelplata.




25 de mayo de 2022

LHSS | AUSENCIAS | CAP 41


Este martes nos visitó en La Hora sin Sombra Javier Chiabrando Músico y escritor, autor de novelas. Editor de Gogol Ediciones. Director del Congreso (Festival) Azabache.

Tuvimos un informe sobre el #FILBA2022 Mar del Plata y mucho más...






24 de mayo de 2022

LHSS | LA MEJOR CANCIÓN ES LA QUE VENDRÁ | CAP 40

 

A veces sucede, a veces la trasmisión franquea el éter y dejamos entre renglones la grilla y la hoja de ruta.

Desde el mar que arde, a donde estés te invitamos a oír una charla firme y paciente, donde el fango y la academia se tutean, donde nos rendimos antes las canciones en estado puro, descobijas de todo efecto.

Cincuenta minutos de la épica de dos primos hermanos jugando en la plaza Uruguay con una esperanza latente.

¿La mejor canción es la que vendrá? No lo sabemos pero la charla con Mariano Malvica y Simon Ezequiel Garcia de Invade Kamchatka será difícil de empardar.

Gracias a Paola Galano







AUSENCIAS

 

En un contexto donde la pandemia invita a que muchos sectores logren adaptarse y se reinventen en busca de una nueva normalidad, el sector bancario, por ejemplo, busca digitalizarse por completo. Debido a la pandemia de COVID-1 presenciamos clases de manera remota. Un contador público va una o dos veces a la oficina de manera presencial. Los escritos de un letrado se envían a través de una mesa de entradas virtual, vamos perdiendo el contacto, desaguando cierta vecindad tan necesaria, tan vital.

El 18 de mayo, día del CENSO NACIONAL DE POBLACIÓN, HOGARES Y VIVIENDAS, salí a la cancha después de doce años. Estuve censando y en contacto con varias personas.

Hablé con Eligia de ochenta y ocho años. Ella fue la primera que me recibió en la calle Brown. Llegó de Siracusa, Italia en 1955. Estaba con su hija que la asistía. En 2021 murió Paolino, su marido. Eligia estaba tomando su mate cocido con pan — Mangio solo il pane in un flauto  — dijo y me trajo un aire de su Siracusa natal que arremetió por ruta 2.

Salí y me topé con Rodolfo, 63 años, albañil y jubilado. Reside con su  mujer de 46 años y dos hijos de su primer matrimonio.

En la tercera casa que cense acerté con Antay, psicólogo, vino de Uru Chipaya, Bolivia en 1972. Estudió su carrera en La Plata “en aquellos años tan bravetas” me dijo mientras me convidaba un alfajor de chocolate. Antay fue muy amable, al tiempo que completaba los puntos sobre ¿Cuál fue el nivel más alto que cursó?, le consulté de manera maquinal  ¿Cuál es la relación o parentesco con el jefe del hogar?

— El hombre de la casa soy yo, joven. Mi señora me ayuda y mis niños han crecido y alzaron sus alas, ya — en tanto que sus ojos se llenaban de lágrimas. Eran las nueve de la mañana y concebí que censar no era sólo completar casilleros.

Al finalizar con el tercer domicilio, un grupo de vecinos me esperaba como niños debajo de la piñata. Tenía sus censos en hojas impresas. Se me dió una racha maravillosa. En total trece hogares realizaron el censo de manera digital, y eso me permitió seguir conversando y conocer más gente.

Promediando la recorrida di con la casa de María Delia. Ella estaba pintadita, perfumada y con un solero elegante. Compartimos al menos media hora. Su televisor de veinte pulgadas estaba prendido y pude escuchar “yo que he aguantao al indiaje, no aguanto un malón de ausencia”— Te estaba esperando— me dijo y allí supe que María Delia, como el tango, siempre te esperan.

—  Todavía me acuerdo cuando murió Pichuco — me dijo al tiempo que un programa conmemoraba que el 18 de mayo de 1975 moría Aníbal Troilo.

—  ¿Sabes porque le decían así?

—   No — le respondí.

—  Por "picciuso", que en napolitano quiere decir "llorón". No viste que Troilo hacía pucheros.

Mientras comenzaba a completar la planilla, María Delia, que al igual que Eligia, tiene ochenta y ocho años me reveló que su hija le escribió “al chirimbolo este”. Se refería a su teléfono celular.

—  Estos numeritos te sirven, nene.

—  Sí, ¡claro!

Su hija completó todo el censo. Tenía la clave censal. Me había servido un café doble y tenía el alfajor de Antay. ¿Cómo me iba a ir?

Cuando María Delia me confesó que le gustaba mucho el tango, le dije que en el Bar Argentino el sábado siguiente habría un homenaje a Homero Manzi. Ella no conocía el lugar y le expliqué cómo llegar.

— Nene me dibujas el camino, para el remisero, ¿viste?

— Claro, ¿Cómo no? - Le dije. Ella me alcanzó un volante con el reverso en blanco. Maria Delia repasó la mesada de mármol con una valerina húmeda al menos cuatro veces en cinco minutos.

Viendo tantos retratos color sepia escoltados de velas y estampitas, una pregunta me quedó repiqueteando, ¿Cómo se sigue después de tantas perdidas? Quizás sea una pregunta para otro Censo Nacional de Población, Hogares, Viviendas y Duelos pero no era tiempo de pálidas. Había que seguir.

Junto a las hornallas de María Delia estaba bien protegido del frío. Al salir sentí el viento helado. Mi pechera me quedó de babero. Se había levantado un tornillo importante. Hay un momento de la mañana que la temperatura desciende. Atravesé un mini campito y así fue como llegué a la casa de Zunilda, paraguaya, 44 años, oriunda de Caazapa, un pueblo al sur de Villarica.

Ella vive sola, le pregunté si hablaba guaraní y me dijo “muy poco”. Me contó que en su pueblo hay un registro, como un argot que ni siquiera ella reconoce —  mis sobrinos son los que hablan por el, ya no se le entiende naaa —  y si de idiomas que se van perdiendo se trata, me di cuenta que María Delia con sus ochenta y ocho abriles habla en un castellano en extinción. Un castellano sincero, sin especulación que le pone el oído al otro. Todos somos sinceros a solas; en cuanto aparece una segunda persona empieza la hipocresía.

La familia de Zunilda aún vive en Paraguay. Fue la única censada que me atendió desde la cerca de una casilla muy humilde. Zunilda no me miró a los ojos durante el cuestionario. Como si tuviera vergüenza al responder. Al escucharla fue cómo si se me hubiesen tumbado las ganas de irme del país, algo que pensé muy seriamente. Había un dejo de inhibición en su mirada. Ella trabaja como empleada doméstica. 

— ¿Te descuentan para la jubilación? —  le consulté.

Me dijo que sí, y cambió su talante. Alzó su atisbo, y en esa subida distinguí la dignidad en el resplandor de sus ojos almíbar. Zunilda hace dos décadas que reside en nuestro país. Sueña con traer a los suyos de Parabay, Villarica.


Llegué al final del censo e hice una parada para ordenar los papeles. Un rastrojero me tocó bocina. Levanté la mano. Ya era famoso en el barrio. Sentado en el césped donde los restos de escarchas se iban disipando y las de pintadas de Alvarado engalanaban los postes de luz; alcancé un pasillo con tres departamentos tipo PH.

El primer censado: Marcelo. Nació en 1972, el mismo año que Antay arribó a La Plata, con una visible ternura en sus ojos supe después que tiene un retraso madurativo.

— ¿Hay alguna persona que tenga dificultad o limitación para caminar?

— Si, yo.

— ¿Para subir escaleras?

— También.

— ¿Recordar o concentrarse?

— Y mucho no me acuerdo, ¿vio?

— ¿Oír?

— No escucho de ete oído, mi viejo me molía a palo.

— ¿Usas audífonos?

— Eque.

Marcelo vive solo y hace changas. Es el encargado del mantenimiento del pasillo del PH. Tenía muchos cassettes, pude ver rápidamente uno de Whitesnake. Marcelo me recordó la canción Pepe Lui.

“Cajones de los misterios / Melodías de Pescado

Siempre sonarán/ En lo del flaco Pepe Lui”

El escucha cassettes. En la calle Brown todavía hay gente que escucha cassettes, como melómano es un dato que me conmovió. 

La última casa por censar fue la casa de Marita. Allí desayuné por segunda vez, con tostadas y mermelada de durazno con queso Mendicrim. ¡Cuántos olores me trajo este censo!

Marita vive con su hijo de 31 años. Ignacio fue internado dos días antes. Ella misma lo denunció. Lo último que le había robado era una licuadora. Los pocos electrodomésticos que le quedan, están bajo llave al lado de su cama. 

La mamá de Ignacio me relató que cada vez que se levanta, pisa un ventilador o un calentador eléctrico para que su hijo no lo venda para consumir. 

— ¿Cómo es un día en tu vida como madre de una persona adicta? —  le pregunté, mientras el censista le daba paso al periodista.

— Un día intranquilo siempre pasa entre pensamientos de inseguridad, miedo, preocupación y ansiedad…


Marita vino de Baradero en 2015 creyendo que salir de la ciudad le permitiría a Ignacio dejar su adicción. Al traerlo a Mar del Plata la situación se acentuó, mientras iba completando la planilla, Marita me repetía que tenía que haber más leyes, que no puede ser que el CENARESO no tenga lugares para internar. La mujer se deshacía en lamentos, al tiempo que Florencia, mi jefa de fracción me llamó y me pregunto cómo iba todo. Eso me permitió continuar con el trabajo. Le dije a Flopy que había censado a trece personas, claro, sin contar que otras tantas habían realizado el censo de manera digital, y los que tenía anotados de los celulares alcanzaban un total de veinticinco más las casas que estaban deshabitadas.

Cuando miré mi reloj eran las 14 horas. Tenía muy avanzada mi fracción. Tenía que volver al Escuela Municipal Nº13 "Eva Perón", para completar mis planillas. 

Dato curioso para neutralizar la movida de haters en las redes: Una chica me pasó su celular por la reja para que anoté el código. Confianza absoluta.

— Recién estuve con María Delia.

— ¿Qué dice esa loca?

— Ahí está mirando la tele, se maquillo para esperar el censo — le dije a una vecina.

— No, si ella es así.

Escuchar a la gente y sus historias de vida son una usina para narrar. Salvo Marita ninguno de los censados me habló de cuestiones de alcance municipal.  Nadie hizo mención a la basura que se amontona, ni a una fotocélula que no enciende. Me hablaron de sus pasiones, de sus seres queridos, de sus países de origen y de los que ya no están. Me brindaron lo mismo que ellos estaban desayunando. Es mucho cariño para alguien que recién conocen.

Los bancos están pensando seriamente en despersonalizar la atención, cada vez hay menos gente haciendo trámites. Sin embargo, yo me quedo con Maria Delia, con el alfajor de Antay, con el homenaje a Pichuco, con un tango, con un guaraní en extinción, el cassette de Whitesnake; con eso que todavía sobrevuela en Brown al ritmo del 2 x 4.

Lo único que puedo decir es que dentro los 47.327.407 millones de censados hay dos personas menos: Maru y Pancho. Lo pensé durante todo el día, porque todo lo que me pase de acá en adelante va a estar atravesado por esas dos ausencias. ¿Los recordaré con este dolor para el próximo censo? 


¡amalhaya lagrimones! que brotan de mi conciencia,

yo que he aguantao al indiaje / no aguanto un malón de ausencia.

Canta el Polaco con fervor y Pichuco asiente haciendo puchero.

 



11 de mayo de 2022

LHSS | SELVA | CAP 39



"La música es la taquigrafía de la emoción"

Nos visitó el cantautor y poeta Franco Barberon

Publicó Julia y el teorema de Pitágoras en 1995, participo en numerosas antologías poéticas, fundo el circulo literario 13 de junio en Punta Alta, como músico popular creo un servicio público de serenatas en bahía blanca, sus canciones son de alto contenido poético, edito en tiempos de babel en 1995, republica mujer en 2003, el desierto de la idea en 2011, actualmente reside en Mar del Plata






9 de mayo de 2022

LHSS | DESCANSO ETERNO | CAP 38

 ARA GENERAL BELGRANO

 

A 40 años de la mayor tragedia naval en la historia de la Armada argentina este martes 3 de mayo desde las 20 horas: especial en La Hora sin Sombra

Tuvimos el testimonio de Ale Almirón periodista y tesorero del Club Social y deportivo 2 de Mayo Nos visita Jorge Luis Fernández profesor de historia y periodista. 

“Lo que más te destruye es el olvido, por eso no hay que olvidar” Julio Aro FundaciónNomeolvides










2 de mayo dia nacional del crucero Ara general Belgrano en recuerdo de todos los tripulantes que murieron en el hundimiento

 

Amparo, son las cuatro de la mañana. Estoy frente al monitor con una copa de gin tonic esperando la conexión. Si, volví a beber. Acabo de considerar tu proposición. No es mala idea.

Para empezar, te confieso que ayer fue se cumplieron 40 años del hundimiento y me costó escribir en mis cuadernos

La evocación expira en mi memoria quebradiza. Se van soltando los eslabones de la cadena que nos unía al crucero. Retumban con fuerza en su caída perforando el meollo de este berretín, destruyendo la coraza, el ensamblaje de aquella unión. 

Tomo psicótropos y barbitúricos recetados para dormir pero mi desvelo persevera. Estoy sin un mango. El viejo Omar ahora me paga mil pesos por sumario. Es una changa que me consiguió Marcelo. Me cuesta concretar una nota, tengo algunos ahorros pero es lo único que me sostiene. 

La relación con Valentino es un desastre. No me responde. Está en otra. Un mensaje suyo es casi un milagro. Mi novela no prospera, los personajes se retobaron. No quieren hacer nada por su cuenta y una novela sin acción es como una canción sin estribillo. Quiero dejar de narrar y que comiencen los conflictos de una vez. Pero no, los señores deliberan, reflexionan, puntualizan una escena fotograma por fotograma. Son una asamblea permanente debatiendo sobre el valor conveniente para las fotocopias de la Facultad de Sociales. Soy un fiasco como novelista. Toda una página para referir una sesión de terapia ¡Un bodrio!

Camilo será el editor. Me preguntó cómo venía con los capítulos. Le mentí. “Bien, Cami, en dos semanas la termino si o si” Mentira, todo mentira, Amparito.

Son las cinco de la mañana. Siempre son las cinco de la mañana.

Escribo un borrador en estado calamitoso. Luego tomo la medicación y corrijo el mail. Ya sedado te envío la última versión. 

Te escribo y transcribo en mis cuadernos: 

Buscar escapar de la pesadilla

el triste recuerdo no me da salida.

Campos desolados en donde arde el fuego

se ensaña con ganas sobre mi pobre pueblo.

Mi procedimiento es como bracear en el barro. Siempre en sigilo y sin sonidos. Recordar a solas es enamorarse del silencio, un silencio con humo y espejos.

Amparo bonita, con vos me desnudé. Te quiero preciosa. Pocas personas me han conocido tan a fondo en tan poco tiempo. ¿Cuántas veces me viste sobrio? 

Mi última compra fueron seis botellas de vino y un pack de cerveza. En el supermercado un hombre grande que andaba amargado me chocó el carrito, me gruñó unas disculpas y entonces le dije mirándolo igual de serio "me va a tener que pasar los datos del seguro" y lo hice reír. Ya estoy en la edad de chistes de pasillo de supermercado.

La china me cobra sin pronunciar una palabra. Ayer creí que me habló “Cuídate ¡Nada es tan grave! Mírame a mí, no entiendo nada de lo que dicen y acá estoy, a diecinueve mil kilómetros de mi país. Crio una hija y asimilo palabras como birra, inflación, morrón y Kicillof”.

El gordo Ozzy, ¿te acordás de él? Fuimos a su casa a cenar. Ozzy me recordaba la fascinación de Luca Prodan por las marcas como Wellapon y Nesquik. El pelado solía incorporar a sus letras palabras con la "ch": chabón, cucurucho, Chivilcoy. Son como terminologías salidas de un universo paralelo. Yo me siento así, como la expresión cucurucho. Construido de retazos, inconcluso. Surrealista en los contornos. Un croquis amorfo con yerba de ayer.

Jóvenes muertos por un ideal

otros mutilados por siempre han de estar.

Del Chaco a Malvinas tuvimos que ir

y sin un sentido tener que morir.

Me cuesta mantenerme sobrio. Mi psiquiatra dice que no es grave. Vos al menos tenés un norte, una familia. Si, ya lo sé. Está Valentino, es cierto. No sé si voy a volver a verlo. Rezo por él. Voy a misa todos los domingos. ¿Podes creer que San Expedito cumplió? No te rías, parece que te veo. Ya te contaré. Hace dos meses que no deposito la cuota alimentaria. La pension no alcanza. Valen no quiere saber nada de mí.

¿Ya te dije que mi viejo nunca me llevó a la cancha, no? Él decía que el patriotismo es la pasión de los tontos. Además le daba vergüenza tener un hijo cojo. Nunca me acepto sin una pierna.

Como salteado. Ya guisé fideos en todas sus formas: moño, fusilli, ñoquis y espagueti acompañado de queso, manteca, aceite, solo ¡Qué noble el ñoqui, te avisa cuando está listo! Sale a la superficie, flota, te dice: acá estoy, listo para que me comas. Un kamikaze de la alimentación. Nada como un buen plato de fideos a las 6 de la tarde ¿Es almuerzo? ¿Es cena? ¿Es síntoma de depresión? Nadie lo sabe.

El clonazepam mezclado con el alprazolam me permite adormecerme doce horas. Lo bueno de empeorar es saber cuál es la copa que me deja inapetente. Deliré con mi viejo ahora que lo hemos estado nombrando tanto. Estábamos en un paraíso ampuloso, él ebrio y yo empepado, más cerca del Parque San Martín que de Strawberry fields.

¡Qué delirio ir intoxicado por un sueño juntos! Lo lloré tanto a papá que ya empiezo a creer que los lamentos acuden en cuenta gotas. Me quedé unos minutos observando el retrato de papá. Todavía recuerdo cuando deserté para ir a las Islas.

Mi viejo me llamó para cenar.

—Ya voy, pa. No me siento bien — fingí un sollozo para que me deje solo.

Papá se aproximó y me dijo — Hay albóndigas...— Al verme reposado con los hombros hundidos me reanimó — Dale, cabezón. Te va a ir bien, y si las cosas no van bien pedís de volver…¿Cuál es el problema?

Que ingenuo. Yo Estaba desconsolado. Todos los cambios, aún los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía. Papá me extrañó cuando me fui. En el pozo escribí unas líneas…

Luchas desiguales en campos lejanos

ver sangre correr de mi propio hermano.

El frío cortante se hacía sentir

sin abrigo y hambre todo era sufrir.

 

Si vamos ganando ¿por qué preocupar?

!Hundimos un barco del trono imperial!

Mentira tan solo para conformarnos

mientras los soldados se están congelando.

Esto nunca te lo conté, a mi padre le cortaron una pierna por una avería en los nervios y mala circulación a causa de su diabetes. Yo que me aterraba ante un corte de piel menor aprendí a remediar su muñón en carne viva. El tiburón de mi papá fue la tristeza. Se lo comió de a poco. No había forma de sacarlo de esa profundidad desamparada de barcas y marineros. Mi padre le hizo pito catalán al enalapril y el lotrial. Curar su sobreinfección fue en realidad ubicar gasas con antiséptico a mi propio dolor.

Más los grandes jefes en sus gabinetes

nos mandaban ordenes muy lejos del frente.

Se cubría la tarde con un gran andamio

y se oía sus voces sólo por la radio.

 

Escribirle a Amparo es una continuidad de mi diario. No hay diferencia, Todo fluye. Hay cosas que solo Amparito y yo sabemos. Con la salamanquesa tenemos una complicidad notable. Un entendimiento que excede las distancias. Amparo es una guerrera de delantal y descosidos.

 

Muy abrigaditos comían gustosos

otros con hambre en un pozo de zorros,

Deshonra y frío sobre la trincheras

todos encimados en una ratonera.

Ha pasado el tiempo y se han olvidado

que allá en las Malvinas cayeron paisanos,

Muertos por las balas de un vil invasor

que sobre criaturas salió vencedor.

 

Siento al recordarlos una pena honda

cuerpos destrozados por la grandes bombas,

Madres sin consuelo solas con su rabia

van al campo santo a llevar plegarias.

 

Recuerdo una salida con Amparo en Buenos Aires. En el bar nos desvestimos con las miradas. La última vez salimos tambaleando y abrazados. Tomamos un taxi. En cinco minutos estábamos bajando en casa. El reloj se aligeró. Ingresamos a mi departamento a los besuqueos y arrancándonos lo puesto. Recuerdo que me caí redondo en medio del living al querer sacarme los pantalones achupinados. Nos reímos a carcajadas en el piso. 

  Preciso de uno, dos y hasta tres encuentros para amoldarme y relajar. Es como con las copas. Una, dos, y en el tercer sorbo echo alguna cosa más o menos lúcida. Todas se van antes. Desencantadas. Amparo se quedó. Acarició al infante de doce, le quitó los pies de las ruedas de la bicicleta. Taponó la boca del tiburón y abrió sin ganzúas las compuertas del varón de treinta y diez. 

  Llegamos a la cama desprovistos de ropa. Ella abrazó un corazón llenó de cosas mudas.

Llevaron a sus hijos llenos de salud

mas lo devolvieron en un ataúd

"El fue muy valiente, tome una medalla

Luchó como un héroe"- dicen con infamia.

Hoy es dos de mayo, espere 40 años, ya no puedo más. Me clave de un sopetón toda la tableta de pastillas y una botella de vodka. Los ojos se me cerraron mansamente y ya no sentí dolor…

Mas los días pasan y se va la vida

ya se han olvidado que pasó en Malvinas

Ya pasó la historia todo ese mal sueño

Dios les dé a los chicos el descanso eterno.