Quedó
un resto.
Con eso
escribo.
Nada
permanece:
por eso
duele,
por eso
cuido.
Aprendí
a quedarme
sentado
frente al vacío,
a
borrar,
a
persistir.
A veces
herir es brillar.
A veces
el daño
no
tiene manos.
Mi casa
es una voz
hablando
sola,
una
tinta que respira.
Cuando
el mundo explica,
yo
elijo el temblor.
Sigo
eligiendo
la
herida que canta.