27 de febrero de 2019

UN PARAGUAS ROJO



La espera bajo la lluvia le dio un soplo de deja vu a nuestra primera cita. No me dominó la impaciencia. Me entretuve hablando con Chiche a quien había conocido diez minutos antes. Ella llegó en taxi con un paraguas rojo y un talante que irradió aún más el pasaje San Ignacio. No podía dejar de mirarla. Me sedujo al instante.

Pedimos dos camparis y el temario se abrió con la fluidez del agua entre las rocas. Fue todo tan atípico que me aflojé hasta inclinar los hombros y el espíritu hacia su boca. Me entregué a su embrujo. Una caricia en la mejilla y una conversación abierta generó un interrogante: ¿será real? Salimos y caminamos bajo la lluvia acobijados por el paraguas rojo y un andar de no ser de ahí.

La llovizna me insinuó el comienzo de una historia, al tiempo que un temor me sujetaba y las palabras asilaban mansamente por el cordón. El corazón golpeaba cómo olas a la escollera y ella me cedió una mirada inesperada. Nadie logra ocultar nada cuando mira directo a los ojos.

De esta pluma solo brota inspiración hasta el próximo encuentro. El encuentro de los besos y los cuerpos.






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