14 de junio de 2021

TUYO SIEMPRE

 






CAPITULO XIII

ÚLTIMA SESIÓN

 


— ¿Vos crees que terminé el duelo de Vera?

— El duelo es derrotar un fantasma para crear un recuerdo. —  me dijo Renato con una inflexión de despedida.

— Entonces, el duelo es el olvido.

— Al contrario, es sacarse de encima una presencia torturante para tener un recuerdo que cada tanto te sacará una sonrisa, un “menos mal que me fui de ahí”


Vera se había atornillado en mis entrañas como un virus, lo supe en el primer beso. Fue mi matadero y mi cruz. La advertencia de toxic alert arrolló la pantalla, pero no me importó.

Siempre hay una vacuna, una sesión o un párrafo para encapsular el ramalazo. Y si nada de todo esto es suficiente emprendo mi camino hacia la costa; el mar es un antiguo lenguaje que ya no alcanzo a descifrar.

Durante seis meses me enamoré de cómo era yo cuando estaba con ella. Hay amores que emergen sólo para fundar el hecho poético, otras veces hay pasiones que son sólo la purga de un alma eclipsada por un berrinche.

Con el boom de las redes sociales hubo una purificación de berretines sin zanjar que tuvieron una oportunidad. Fue peor el remedio que la enfermedad, lo único que trajo el acercamiento virtual fue revalidar que si la distancia persistió durante años, fue por algo. Ella no me nombraba, me decía "compañero" ¡Qué importante hubiese sido que me dijera por mi nombre! Ahora que lo pienso lo agradezco porque hubiese sido más espinosa la gesta del olvido.

Pensaba mantenerme abstemio pero sin ayuda fue imposible, en un momento de angustia concebí que la única solución fuera morirme. En el grupo de alcohólicos anónimos de la Iglesia de San Expedito conocí a Estela. Ella fue mucho más que una líder de grupo. Me entendía, había pasado por el mismo infierno. Me hizo comprender que el alcoholismo era una enfermedad. "Te seca el alma, Maurito"


¿A QUÉ HORA EMPEZÓ LA DESGRACIA II?

La primera vez que probé vino fue al lado de papá. A los diez años era el mejor lugar que se podía estar. Ahora que lo pienso no hubo una silla más preciada.

— Tomá, tomá un poquito.

— Pa, ¿Qué va a decir mami?

—  Nada, hoy no va a decir nada. Es un secreto entre vos y yo. Un chorrito nomás. Métele más soda. Es por hoy nomás.

El Termidor rebajado con soda no estaba nada mal. Ese miércoles “Grandes valores del Tango” salió grabado. Soldán leyó un discurso apenado. Cenamos en silencio. Nadie habló. Yo no quería hablar. ¡A ver si todavía se daban cuenta que había tomado vino! Mamá no lo sabía, papá sí. Era nuestro secreto.

Mi viejo me convido a participar en su dolor de alguna manera. Había fallecido Jorge Falcón. Era como velar a un familiar que jamás vimos mientras comíamos albóndigas con fideos de moño. Más de tres décadas para deducir ese gesto. Lo que daría por un vasito de vino más con él. ¡Lo que daría!

Una tarde de febrero, fuimos con papá a autorizar unas órdenes para sus remedios: el Lotrial, (“el Gran Lotrial”, parece un teatro de alguna localidad bonaerense) el Enarapril, cada vez que lo nombro canturreo… enarapril el ritmo tibio... de mi chiquito... y otros medicamentos más que ahora no recuerdo. A mi viejo ya le habían amputado una pierna, estaba embromado.

 — Vamos caminando — me dijo papá parado sobre sus muletas.

— ¿Te parece, pa?

— Sí. Vamos caminando.

La temperatura era asfixiante. Nos metimos en la pizzería “La Continental” de Belgrano y Entrerrios. Papá transpiraba como testigo falso. No podía tomar más, era una orden de su médico. Si lo dejabas se clavaba tres botellas de cerveza por día.

Pedimos la carta, se acomodó en su silla. Recuerdo que tenía los lentes de aumento empañados.

— Pa, tenes los lentes sucios. Los voy a lavar con jabón líquido.

—  ¿Dónde?

— Ahí en el baño. Quedan bárbaros como con el detergente…

 

Mi viejo atinó a sacarse los lentes. Lo hizo en cámara lenta.

— Ya vuelvo. Pedime tres empanadas de carne y algo para tomar – le dije. 

Sus ojos cansados detrás de los vidrios velados buscaban una aprobación. Me sentí poderoso en esa situación. Tenía que definir que íbamos a tomar mientras una pantalla transmitía un partido de la Bundesliga y afuera hacia treinta y cinco grados de sensación térmica.

Lo llamé al mozo, miré a mi papá desarmado, sin el poder de Grayskull de un colorado corto en sus manos. El mismo que sufrió la ida de mi vieja el mismo año de la muerte de su madre.

— Un vino tinto, agua con gas y mucho hielo — dije al tiempo que papá recuperaba el talante. Fue la última vez que tomamos juntos. Dos meses, veinte tres días y un par de horas después, se murió.

Gusti dice que el vino siembra poesía en los corazones. Yo no encontré menciones ni rimas con el Lotrial o el Enalapril en ninguna poesía. ¡Esas pastillas! Había un horario para tomarlas. ¿Cómo voy a poner una alarma para tomar un Malbec? Todavía no termino de tragar el caramelo de su ausencia. 

A veces la muerte libera, sobretodo del sufrimiento. Cuando uno sufre tanto le pide a Dios si cree y a Dios también si no cree que la parca llegue. Como algo que comparece para cortar las amarras del dolor. ¿Qué se nos pasará por la cabeza cuando nos llegué a nosotros?  ¿Seremos conscientes el día de la entrega final?

— ¿Qué es el alcohol? —  pregunté en el grupo de Estela.

— El infierno, es la soledad. El infierno no es el fuego, eh. Es el hielo absoluto. No hay abrazos ni nada que te contenga.


CUADERNOS

Culminé el tratamiento psicoanalítico por mi propia voluntad, decidí pasar en limpio mis cuadernos. No por una cuestión de libre albedrío, fue un acto de supervivencia ¡Cuántas anotaciones manchadas! La señal del estado en que he escrito. Hojas plomizas, ambarinas y trazos de tinta alimonadas, dan cuenta de una caligrafía imprecisa escoltada por una medida de whisky, un porrón o una copa de vino soldada a las libretas. Un día salí del filón. "Soltate. Sos demasiado amor para tanta ausencia", me decía el Gusti.

Algún día dejé de tomar en un vaso de vidrio. Un día dejé de pensar en el alcohol y meterme en problemas. Comencé a trabajar en la redacción de avisos publicitarios y erradiqué de mis pensamientos los hoyuelos de Vera. Un día recibí una foto de Amparo embarazada y circundada por un altozano de nieve en la Plaza Mayor. Algún día fue el día que jugué por última vez a la escondida, pero en ese momento no lo sabía. Así, con muchas cosas. Somos los que se van. La numerosa nube que se deshace en el poniente es nuestra imagen. Somos nube, mar, olvido. Somos también aquello que hemos perdido.



FIN

13 de mayo de 2021

COMO HUELLAS EN LA NIEVE




Maru (1949 - 2021) +

Pancho (1932 - 2021) +


El viernes desperté, fui a su pieza y Pancho ya había emprendido el viaje, su cara había recuperado la calma. Venía batallando desde hacía dos días contra dolores de espalda que no cedían por nada. Mamá dormía. Traté de despertarla pero no hubo caso. La cambiamos de cama. Llamé a la ambulancia por lo sucedido con Pancho que ya no respiraba. El médico al llegar asistió a mamá y nos dijo que estaba agonizando. Unos minutos después ella dejó de respirar. Se fueron juntos. Un acto de amor que jamás vi, un guión escrito en tiempo real frente a nosotros, en una pantalla 3D confusa, irreal y devastadora. Quedé desolado ante semejante performance.

Ellos ahora están en paz. Pensaba en la dicha de estar juntos, de no tener que escuchar un llamado a 400 Km dándome la mala noticia. Estaba ahí, cómo un testigo bendecido por Dios o vaya saber qué energía. Bienvenida orfandad. Hoy el niño que fui se despide también. Algo de mí, murió ese día.

Fui tan querido por mamá, por papá, por Pancho que fue como tener dos papás, que me siento en la necesidad de agradecer. No creo que haya capital más grande que alguien nos pueda dejar que el amor incondicional, sin peros, sin agaches.  

Cuando la vi partir recordé cuando llegó a Mar del Plata. En ésta verborragia de abrir sentí la necesidad de contar otra vez...

Cuando mamá arribó a la feliz paraba en Avenida Colón y Santiago del Estero. En la cuadra del Automóvil Club Argentino, en casa de Dora y Juan. Dos jubilados de los más macanudos que la albergaron hasta que acertó con un empleo y alquiló un departamento de un ambiente en Sarmiento y Falucho.

Yo vivía en Buenos Aires. Me llegó una postal de la costa que aún almaceno. Mamá relata en el dorso cómo recorrió peluquería por peluquería hasta dar con un local a dos cuadras de la vieja terminal de ómnibus. Flora, una estilista experimentada, le dio su primera oportunidad.

Pasaron treinta años, mamá edificó una red de amistades que de haber participado en “Acción marplatense” le hubiese disputado cabeza a cabeza la intendencia a Pulti. Pero ella es peluquera. Un cuadro… una circunferencia o un triángulo. Se adapta como plastilina.

Hablamos por teléfono casi todos los días. Le cuesta la reclusión, tanto la actual como la de hace unos años cuando se jubiló y la columna fue a parar a boxes. Como los buenos jugadores, la “rosca” jamás la perdió.


En los noventa, con dos o tres cortes de pelo zanjaba la mala cosecha. Ella iba a comprar a Toledo, cocinaba mientras yo fregaba el patio de comidas del Shopping Los Gallegos. Espalda con espalda le hicimos pito catalán a una ciudad que lideraba el ranking nacional de desocupación.

Ayer le conté a propósito de la limpieza, que mi departamento está hecho una pinturita.


—(...) Virutee los pisos, dejé los picaportes brillosos y los zócalos parecen un espejo.

—Como en los Gallegos — me dijo y pegó un giro de ciento ochenta grados en el mismo audio —Vos sabes que salgo al balcón todos los días a las cinco...

—Porque?

—Una vecina toca el acordeón. Le pedimos una canción y la toca.

No creo que Pancho, el compañero de mamá desde hace más dos décadas; con sus ochenta y siete abriles descargue Spotify para escuchar su tema favorito. Un padre para mí. Es nuestro Ronnie Wood. Ingresó y modificó la marcha de la familia para siempre .

Marupancho apelan a comunicarse, de tú a tú, como diría el Tano. Sin redes. Hoy le envié un mensaje.

—Como están?

—Bienhijo. Ahora te llamo, vinocanal 10

—Pasooo algo???

—No algo lindo


Permanecí suspendido en el aire. ¿¡Qué habrá pasado!?

Mamá salió esta tarde al balcón como el general por pedido de Farrell. Conversó con un periodista desde su palco. Rodeada de sus plantas, escoltada por Paulita mi sobrina y Pancho, su compañero.

—¿Cómo se llama?— preguntó el movilero de Canal 10.

—Sabes que no sé. ¡¿Cómo te llamas?!— pregunto mi mamá a su vecina la acordeonista, como si estuviera en la popular de Aldosivi.

—¿Qué toca siempre? — indagó el periodista.

—Lo que le pedimos…

—¿Cómo van pasando la cuarentena?

—Bien, acompañada por los jóvenes…— señaló mamá contemplando a su nieta, como representante de la juventud maravillosa.

Vi las imágenes del Canal 10 y fue recibir otra postal de la ciudad que eligió mamá para residir.


Una vez le preguntaron a Borges sobre la capital que apoptó para vivir: "París no ignora que es París, la decorosa Londres sabe que es Londres, pero Ginebra casi no sabe que es Ginebra".

Mamá no debía salir a la calle, sin embargo afloró en su balcón. ¿No sé porque será que todo me lleva a Borges y a Perón? Como el viejo Tobías, todo lo relacionaba con la orquesta de Juan D´Arienzo.

En un campeonato de truco que nos ganó en la final me reveló al salir "¡Qué dupla hacemos con el narigón! Somos una orquesta. Me voy a casa con la felicidad latiendo en el cuore... como escuchar a D´Arienzo" En otra ocasión me dijo — Escucha ese grillo, pibe. Parece el sonido de un violín.


MIRTA

Mirta brinda su concierto sin streaming todas las tardes desde las 17:30. Vive en un edificio enfrente del piso de mamá. Debajo funciona un local que despacha pan y facturas. En el mismo lugar donde estaba la peluquería de la extinta Flora. La primera persona que le dio una oportunidad a mamá en la ciudad más propicia a su felicidad. A veces, el azar es un milagro disfrazado.

Hoy supe de la familia por el noticioso marplatense al ritmo de un acordeón que atemperaba el ánimo de los vecinos y vecinas de la calle Sarmiento. Mirta, la célebre acordeonista, tuvo sus quince minutos de fama. Tocó y habló por la tele.

Recién busqué la tarjeta que atesoro hace treinta años. La localicé pronto. Estuve ordenando todos mis papeles en estos días de reclusión. Allí estaba la letra desteñida de mamá donde me cuenta de Flora y sus primeros días en La Feliz. Ante tantos mensajes de WhatsApp extendido, videos sangunderos y el bombardeo de memes me embargó ver un escrito de puño y letra.

Un balcón, una postal cifrada en el reverso, Borges, Perón y Mar del Plata. Como el viejo Tobías, todo lo relaciono con mis obsesiones, a saber; la literatura, el peronismo y el mar.

Como declamaba Larralde, en el canto verdadero se van repitiendo huellas.

Qué en paz descansen




26 de abril de 2021

SIRENA MANANTIAL


Con unos compañeros del colegio fuimos de vacaciones al camping de El Faro, en Mar del Plata. La segunda noche decidimos asistir a la transmisión de La venganza será terrible, que se hacía desde el Torres de Manantiales. Cuando terminó el programa, la vi entre el público. Me acerqué para pedirle una foto y ella aceptó con una sonrisa sencilla. Desde entonces pienso que, en la vida, a cada uno le corresponde su pequeño milagro, y que a veces esos milagros llegan disfrazados de una noche cualquiera junto al mar.


Enero de 1994. Con Lala, sin imaginar lo que ocurriría al día siguiente.


Íbamos a la playa por las tardes y a escuchar a Dolina por las noches. Teníamos diecisiete años, curiosidad y una rebeldía que todavía creía en las conversaciones interminables. Mirábamos con cierto desdén el brillo efímero de los boliches de moda y preferíamos las palabras, las canciones y las madrugadas.

Recuerdo que Pepe encendió el fuego y compartimos una parrilla improvisada junto a Gustavo Cordera y uno de los guitarristas de Bersuit, que se sumaron al fogón con una naturalidad inesperada. Entre el humo y las brasas, filosofamos sobre los efectos de no dormir. El surrealismo proponía una vigilia, nos dijo el cantante. «Del sueño vendrá la verdad del arte».

Y nosotros, que apenas empezábamos a descubrir el mundo, escuchábamos aquellas palabras con la intensidad propia de los diecisiete años, convencidos de que la madrugada guardaba alguna revelación.


***


Tomamos el colectivo 221. Al bajar, me quedé unos segundos sobre la avenida, demasiado expuesto, justo en la curva cerrada de Cabo Corrientes. Mientras me despedía de unas rosarinas, giré la cabeza y alcancé a ver una luz que me atravesó los ojos.

Un taxi Renault 12 dobló a toda velocidad y me llevó por delante. Salí despedido, ligero y desconcertado, por un instante olvidé las leyes de la tierra. Dos de mis compañeros se lanzaron sobre el conductor. Otro se sentó en el muro que abraza la costa y se quedó mirando el piso, en silencio. Cuando logré incorporarme y entender lo que había ocurrido, les pedí que lo dejaran ir. El taxista, todavía pálido, se ofreció a llevarme al hospital. Le dije que no.

A esa edad, uno suele creer que la vida siempre concede una prórroga.

Sostenido por los hombros de esos dos compañeros que supieron reaccionar antes que nadie, llegamos cuando el programa ya ingresaba en sus últimos minutos. Entramos y nos acomodamos donde pudimos. El salón estaba colmado y el aire parecía vibrar entre las voces de los conductores y las risas de los oyentes.

Guillermo Stronati me vio desparramado en el piso y enseguida se acercó para preguntarme qué me había pasado. La pierna se había inflado hasta volverse irreconocible y el jardinero de jean, deshilachado por el golpe, llevaba las marcas del accidente.

Entonces ella se acercó.

Alguien llamó a una ambulancia.

—Decí que te caíste acá. Sino, no te van a atender —me dijo una voz que me llegaba desde lejos, entre el dolor y el desconcierto.

Todavía no lo sabía, pero aquella noche seguía guardando una de sus escenas más improbables.


***


El personal del hotel me acercó una silla de ruedas. Alejandro Dolina advirtió el alboroto y se aproximó. Me dijo algo que hoy no logro recordar; yo me había quedado hipnotizado por el ala de su sombrero. Sin embargo, hubo en su voz y en su gesto una serenidad que consiguió aquietarme.

Pocos minutos después llegó un camillero y me condujo hasta la ambulancia. Ella subió conmigo. Se acomodó en una butaca diminuta y se quedó mirando la pulsera de ingreso al camping que todavía llevaba en la muñeca, mientras el médico cortaba con una tijera el jean desde el tobillo hasta la rodilla.

Permanecimos allí unos minutos, o tal vez una eternidad. El tiempo, cuando uno tiene diecisiete años y una desconocida decide acompañarlo, adquiere una medida distinta.

El especialista descartó una fractura, me aplicó un calmante y me dio algunas indicaciones. Y yo, amparado por la valentía efímera que suelen regalar unas copas de más y la inconsciencia de la juventud, me animé a hablarle.

Al bajar de la ambulancia, que permaneció cerrada mientras me atendían, dos de mis compañeros de colegio estaban en la antesala más preocupados por saber que había pasado con ella que el estado de mi pierna.

Unos días después, cumplí dieciocho años. Mi mamá vivía cerca de Manantiales y se avecinó al programa con una carta de agradecimiento. Dolina la leyó al aire. En la mesa me saludaron por mi cumpleaños, bromearon sobre el yeso (estaba fracturado desde el minuto uno) y alguien dijo que podría salvarme de la colimba.


Me daba vergüenza pedírle una foto a Dolina; no quería ser cholulo. Entonces le pedí a mi mamá que la sacara sin que él se diera cuenta. La imagen quedó así, casi robada. Un año después del accidente, en enero de 1995.


El 18 de julio del mismo año fui al Café Tortoni. Ese día colgaron un cartel en la entrada. Se había suspendido la emisión por el atentado que sufrió la AMIA. Retorné a los dos días, el 20, día del amigo. Fui con la foto revelada decidido a retomar el diálogo con esa chica que conocí en el verano. Intercambiamos unas palabras, me preguntó por mi pierna y escribió algo en el dorso de la fotografía.


GRACIAS POR ESTO

Y POR LO QUE 

VIENE...

En este día... 

Felicidades!!!

LALA

 20/7/1994


¿Qué vendría? Al verano siguiente regresé al Torres de Manantiales. Ya no estaban mis compañeros de colegio. En un salón colmado, y con gente rodeándola, se hizo un espacio para saludarme. 

Lala, aquella chica que había subido conmigo a la ambulancia, era ahora la productora del programa más escuchado de la medianoche. Poco después se acercó Dolina y ambos se alejaron juntos.

Siempre me pregunté qué habría sido de ella. En el verano de 1999, Fito Contessi un amigo marplatense, me hizo un regaló invaluable: la opereta criolla "Lo que me costó el amor de Laura". Allí podría estar mí respuesta.

En ésta tarde me entregué a escribir tal vez porque llueve, mientras suena una vieja grabación. Decidí transitar por una travesía de ensueño. Un viaje subido al eco de una ambulancia recóndita. Lala fue cómo una sirena sobre un manantial de humedades rocosas. En sus ojos residió todo el brillo que aletargó mi dolor como el más efectivo de los calmantes. Supongo que a cada quien le corresponde su milagro.



Café Tortoni, 20 de julio de 1994. La dedicatoria pertenece a María Laura Franco, Lala.


Audio de La venganza será terrible. Torres de Manantiales, 24 de enero de 1994.





Reencuentro con Lala, después de veintisiete años. Abril de 2021.








25 de marzo de 2021

25 AÑOS

 

«... Hace 25 años, a esta hora más o menos, estaríamos preparando algún cuaderno, alguna birome. Empezábamos la Malharro. Una experiencia que a mí me cambió la vida, encontré novia, perra, amigos y una profesión. Siempre me acuerdo que un profe de la técnica, cuando le conté que iba a ir a la Malharro, me dijo: "vas a conocer gente linda".»

Fito Contessi





25 AÑOS

25/3/1996 *  25/3/2021




13 de marzo de 2021

25 de febrero de 2021

CLAUDIO RAMOS 1961-2021









Claudio fue de esos invitados que uno disfruta entrevistar. Porque esperaba que se termine de formular la pregunta, Claudio respondía lo que se le preguntaba, entendía del compás radial y es por eso que se abrió a una charla apacible y sincera cuando visitó Manual de Perdedores.

Luego de un vivo, me dijo “cuando estés en un medio más grande no te olvides de nosotros”  Sin saberlo me dio el envión que precisaba, todos los que hacemos algo con alguna pretensión artística buscamos señales de aliento para continuar con este capricho encantador de leer, escribir, entrevistar.

Nuestro último paisaje fue a través de una biombo de vidrio, él en Necochea y yo en San Cristóbal.

Claudio al aire me contó mucho desde su simpatía por el PI (partido intransigente) el regreso del exilio de Mercedes Sosa, el amor por Marcela, sus nietos Helena y Dylan hasta del sorteo de la colimba siendo clase 61, la generación que fue a la guerra de Malvinas.

En este otoño que se volvió invierno, luego de leer y repasar su libro de cuentos “Último paisaje”, entiendo que los encuentros con Claudio estaban escritos. Nuestras charlas de aquellas tardes llegaron a la red mansa y feliz, como aquel abrazo marítimo del reencuentro.

Desempolvando historias para pensar en un video descubro que la próxima obra de Claudio inicia su primer capítulo en este encuentro, en este homenaje. No hay nada más que decir, es el tiempo de escucharlo a Claudio…






(…) En los últimos tiempos había conocido el mar.

El mar se conoce en invierno.

Y había imaginado un futuro en Necochea 

donde el viento de la costa le desordenara 

los pelos que había perdido.

Por ahí andará ahora

Un compañero de ruta

El viento de Necochea 

siempre nos hará acordar de Claudio.


 Camilo Sánchez




28 de enero de 2021

POCA CERA | EL COMIC

 

Comparto una adaptación del cuento "Poca Cera" llevado a cómic por el diseñador gráfico e ilustrador Sebastián Mulero

Seba a través de una historieta, un lenguaje que tan bien le sienta para expresar su arte, plasmó en la creación de los personajes hasta en cada detalle de un shopping ruin; una atmósfera claustrofóbica a través de una paleta de colores opresiva como precisa en un cómic tan personal como magnífico.

Sebastián nos lleva a recorrer cada recodo de los Gallegos donde la noche insondable evoluciona hacia un albor esperanzador.

Nos alegramos como seguidores de su pluma, de su trazo en cada viñeta, de su placer de dibujar con un estilo tan propio lo que las palabras no alcanzan a contar.

Aplausos de pie para un gran artista y un gran amigo!!!


Para quienes leer el texto completo: https://bit.ly/3cgkwt7













24 de enero de 2021

BATAOLA

 

Ojalá algún día la música te alcance y cale hondo en tu alma como a mí. Ojalá algún día una expresión artística te conmueva. Ojalá algo por básico que sea te saque del montón, te ayude a ver en perspectiva y puedas contemplar la realidad con todos los sentidos. La música no sólo se escucha, se siente, trae aromas. Pocas cosas me han conmovido como el sonido de los Rolling Stones ¿sabés?

Me topé con su música desde muy chico. Un par de adolescentes ávidos de nuevos sonidos y vinilos que llegaban de las periferias de Chicago y Nueva Orleans alcanzaron para armar semejante bataola.

A pocos minutos de tropezar con los cuarenta (usar la palabra bataola es un síntoma) me siento tan rocker como a los dieciséis. Siento que seré parte de la misma tribu hasta el último minuto de mi existencia. Abrigo el sentimiento de ser un stone como una mirada ante el mundo. Es un amparo en la vereda de enfrente de los mandatos para no llegar a viejo como De la Rúa y estar más cerca de lo que representó y representa el viejo Keith en nuestras vidas. Crecer no es lo mismo que hacerse viejo; hacerte viejo te lleva sólo a la muerte. Crecer, crecía el frijol mágico y sus hojas terminaban de verse mezcladas con las nubes.










21 de diciembre de 2020

PELOTERO

 

ÚLTIMO PROGRAMA


Cada viernes a las 21 hs salté a la radio vía instagram como quien sale al amor. Evadí la práctica de reuniones por zoom y me hundí en el regazo radial con ojos de videotape. Un lugar donde soy. El pelotero de mis cuarenta.

Camino al programa número 160 me preguntaba ¿Qué es esto que tanto nos maravilla? Una propuesta que no alude a la coyuntura, a la temperatura, ni al escándalo de la semana. Un formato atemporal más afín al podcast que al magazine semanal.

Durante cinco temporadas “la agenda” permaneció confinada a una charla, a la publicación de una novela o la presentación de un libro de poesías.

Arribamos a cada emisión con el material leído. Logramos conversaciones entrañables con escritoras, escritores, poetas, músicos y dramaturgos. El programa nos aleccionó y salimos mejorados.

Mientras rebuscaba el cargador, rumié: ¡Cuánto mal nos hacen los credos y los fanatismos!

En Manual de Perdedores no tenemos obcecaciones. Es un programa sin versus.

Cohabitan el suburbio de Arlt y el garbo de las Ocampo. El desparpajo de la poesía de Cucurto y la hermandad literaria de las Brontë. La reminiscencia al peronismo y la referencia indeleble a Borges. El realismo mágico y el ensayo altisonante. Somos eternos principiantes, mezclamos la literatura con la vida (porque la vida sin ficción es un infierno)

 

Si el mundo fuese claro, la radio y el arte no existirían. Estamos al aire no solo por los programas que hemos escuchado. Hacemos radio también por quienes continúan contagiando desde sus espacios las ganas de estar frente al micrófono.

En el transcurso de varios viernes vi la cara de July parsimonioso que me decía con su mirada:

— ¿Para qué la radio, pa?

 

Es entendible. En el colegio asimilan de lunes a viernes que las cosas tiene un para qué. Desde las plataformas plagadas de tarea hasta tik tok, el capitalismo vestido de cordero se oculta y da un mensaje propagandístico permanente… ¿PARA QUÉ? «Quédate en el molde que ya está todo dicho, nene» Mientras cargo el termo para el mate tarareo como un mantra: «Este asunto está ahora y para siempre en tus manos, nene.»

Es cierto, nos ganan por goleada. El modelo capitalista es el dueño de la pelota. El pez más grande se come al más chico. Así las cosas cargamos nuestras ganas y apuntes e insistimos con un programa sobre libros en la trinchera de una propuesta alternativa.

Son las 8.45 pm. Alcanzo a tocar el botón de “vivo”. Guille me da el ok, Fabian de Vita levanta el pulgar, a la espera de un nuevo invitado que nos convida su arte en forma de verso. Todo listo para comenzar con el show.

Al cabo de cinco temporadas poetas, novelistas y narradores en un clima de sobremesa reversionaron sus poemas y nos conmovieron al aire. Quedamos turulatos ante tanta divinidad. Los oyentes y nosotros, agradecidos.

Creo que alguna vez, cómo postulaba Gelman, condecorarán al poeta por usar palabras como fuego, como sol, como esperanza, entre tanta miseria humana, tanto dolor sin ir más lejos.








19 de diciembre de 2020

MIRAR EL PAISAJE Y SEGUIR

 


Último especial del año 

Y, lo mejor que me pudo pasar en el viaje

Fue mirar el paisaje y seguir 

Gracias por acompañarnos en este 2020

 

            



18 de diciembre de 2020

MANUAL DE PERDEDORES | 18 DE DICIEMBRE

 


ÚLTIMO PROGRAMA

Último capítulo de este ciclo 2020


👉 Capítulo 160

Nos visitaron en un brindis virtual poetas, escritoras, escritores & colegas 

con quienes hemos conversado

 y han pasado por los vivos del programa durante el año.

 

Abigail Parodi

Carlos Ricciardelli

Eduardo Cormick

Ezequiel Olazagasti

Jimena Busefi

Señor X

Laura Macek



                                                      👉 https://www.instagram.com/manualdeperdedores/


11 de diciembre de 2020

MANUAL DE PERDEDORES | 11 DE DICIEMBRE

 




👉 Capítulo 159

Entrevista a Julieta Desmarás 

Autora de poesía, teatro, narrativa y magister en Escritura Creativa sobre su nuevo poemario 

"Deshechos de Asunta"

Una biografía ficcional sobre Asunta Fernández, modista y acompañante de Eva Perón.

📚 Relato: Rebotá y andá

🎼 Especial de @caballerosdelaquema

👉 https://www.instagram.com/manualdeperdedores/



7 de diciembre de 2020

EL PERSONAJE DE LAS MAYORES POSIBILIDADES

 



ANÁLISIS DEL CUENTO “VISOR” DE RAYMOND CARVER POR PABLO RAMOS


Estuvimos en el estudio de Pablo Ramos que nos trae una teoría personal a través del análisis del cuento “Visor” de Raymond Carver.

Pablo nos brindó una herramienta formidable para escribir un cuento en primera persona tanto para lectores como para escritores y además nos trajo una idea de

¿Por qué nos emociona la literatura? 

¡Imperdible!

https://bit.ly/33KrEIS



5 de diciembre de 2020

¿LE TEMBLARÁN LAS PIERNAS CUANDO VE UN TIBURÓN?






El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal
Aristóteles



Escribí muchas veces sobre ella, muchas. Sobrio, triste, alegre… Totalmente en ebrio, con una letra indescifrable. Borradores que vaya a saber dónde quedaron. Escribí sobre ella siempre que pude.

No sé si es literatura, verdad o ficción. Poco importa eso ahora. Me gustaría saber en qué anda. Me gustaría saber cómo está su cutis, si ya aparecieron las primeras arrugas en el filo de los ojos. Si los párpados bajaron dando ese atisbo maduro, sagaz. Me gustaría saber cómo mira cuando ve algo que le agrada. ¿Cómo me hubiese gustado que me mire ahora? ¿Le gustara ver lo que soy?

¿Seguirá desayunando Nesquik?

¿Le temblarán las piernas cuando ve un tiburón? ¿Seguirá tan hermosa?

¿Olerá como olía? ¿Cómo tomó el nuevo milenio? ¿La tecnología la habrá deslumbrado?

Quiero un DeLorean al llamar al Uber para volver a verla. Ahora sé que la quise, que la adoraba.

Yo no renuncio a no verla más. No, no. Voy a volver a verla, a los ojos, frente a frente. Necesito saber qué ve. Porque si lo que ve no le gusta, tendré que reformular todo. La puta madre, ¿Por qué carajo hacemos las cosas para que nos aprueben? ¿Quién sos? ¡Me sale así! ¡No me cagues más a pedo! Cuánto talento desperdiciado por un reto a destiempo. Una maldita corrección puede dejarnos sin grandes artistas. Vamos a volver a empezar. ¿No será tarde? No, llegaremos a tiempo. No podemos renunciar a nada; sólo permutamos una cosa por otra; lo que parece ser una renuncia es en realidad un sustituto. Cuando el adulto deja de jugar, sólo resigna la obsesión en objetos reales; en vez de jugar, ahora fantasea. Construimos castillos en el aire, creamos sueños diurnos. La mayoría de nosotros creamos fantasías en ciertas épocas de nuestra vida.

 

Yo que me vi trepando por el caballo gris despintado de la calesita de Sarmiento. Yo quería sacar la sortija, girar y girar. Maniobrar un Ford Gran Torino como Hutch, pitar un faso como el «El Rafa» y dejarme crecer el pelo. Me siento estafado. ¿Dónde se puede reclamar? ¡Señores de la Dirección General de Defensa al Consumidor quiero regresar a ser niño y fantasear con ser mayor! Los adultos parecían felices, che. Nunca volví a ser feliz como cuando tenía nueve años, esperaba los dibujitos de las cinco y escuchaba por la ventana "hay orégano, comino, ají molido, pimienta y pimentón... hay orégano, comino..."

La vida debería empezar al revés y dejar la niñez para el final. Quiero que reaparezca mi viejo por la puerta de “El Ideal”. Degustar una porción de muzzarella en La Roldana después de la práctica y caminar por Chilavert a tomar el 80. No interesaba cuanto haya que esperarlo si estaba con mi viejo. No quería ir en auto. Íbamos juntos, le contaba todo mi día en el colegio con lujo de detalles. ¡Me sentía tan cuidado, tan mimado! Nada me iba a pasar, nada. Papá estiraba la mano con el poder de Grayskull de un colorado corto y paraba el bondi. Esos quince minutos de viaje eran nuestros.

Vi una chica preciosa, me dió vergüenza cuando la morocha presintió que busqué pasar por delante de ella sin porqués. Recordé lo hermoso que es estar enamorado; cuando estuve aferrado por el hechizo de la sonrisa de una mujer pude olvidarme de la muerte. Solo cuando estuve enamorado mi vida se alejó de la cerrazón. Solo el amor pudo atajar el reloj y aproximarme al regocijo del querer. Cuando me enamoré, no quise volver a ser niño.

Ser niño y jugar. Ser adulto y enamorarse. ¿Ser niño y enamorarse? ¿Ser adulto y jugar? ¡La puta madre! «No se puede todo» me dice una voz con acento cordobés salida de un holograma simil Obi-Wan Kenobi flotando en el parabrisas.

Mientras Valen dormía me castigué con un compilado de Cafrune. Debería escuchar música electrónica. ¡No te hace extrañar a nadie! Ví el cartel de Vivoratá y no logré angustiarme. ¿Por qué busco sentirme mal con una canción? Después de tres años de análisis, mi terapeuta me cerceno mi costado melancolizado y mi propensión al regodeo. Hizo magia con la angustia y la transformó en dolor. Ahora duele, pero no ahoga. «Así, aun cuando en la vida algún objeto de amor se pierda, podrá vivirse con la dignidad del dolor, pero sin el regodeo en el goce del sufrimiento». ¡Patapufete! En esa sesión memorable hubiese correspondió abonar los honorarios en euros más dos kilos de milanesa de peceto.

Escribí muchas veces sobre ella. Abstemio, triste, alegre… Escribí sobre ella siempre que pude.

Me gustaría saber en que anda mi infancia. ¿Le gustara ver lo que soy? ¿Qué pensaría mi yo niño del adulto en el que me he convertido?





4 de diciembre de 2020

MANUAL DE PERDEDORES | 4 DE DICIEMBRE

 

Capítulo 158

⭐️ Entrevista a la poeta y narradora @Karina Rodriguez

Una charla sobre escritura, el ciclo “Palabras por Congreso” y lectura de poesías.

📚 Relato: El tango que ocultamos mejor

🎼Serú Giran por Guille Riccio

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