1 de junio de 2016

COMPAÑERA

                                                                                                       

                                                                                                          Buenos Aires, 1 de junio de 2016




¿Cómo estás? ¡Tanto tiempo! Te escribo sencillamente para decirte: gracias.
¿Por qué? Porque mi vida no fue la misma desde nuestro primer encuentro. Comprendí que era el momento para escribir lo que antes no supe o pude poner en palabras. Sin etiquetas, sin compromiso y sin promesas era nuestra lema ¿recordás? Bueno, creí que podría desempeñar con lealtad con lo acordado, pero no. Me enamoré. Sí, y lo advertí tarde. Por esa razón, sabiendo lo que venía, decliné a persistir en la espera y resolví dar un paso al costado.
Ahora que clareó y pude desensillar, sentí la necesidad de rasguear unos párrafos. Hallé, cuando el embrujo y la fascinación del enamoramiento se disiparon, una conmoción de alegría por la libertad de alguien, o sea tu libertad, aunque esa libertad no me incluya a mí. Siento que vivimos una historia muy bonita, a destiempo (quizás). Sin embargo, disfruté de cada instante juntos.
Cumpa querida, me desenredaste los ojos. Mi amor por vos fue una bocanada de aire fresco, como una lluvia repentina de verano sobre un campo reseco. Comencé a desperezarme de a poco. En mensajes y largas charlas primero, hasta confluir en confesiones y besos que nos brindó la comunión del vino tinto. A partir de allí, salí a reanudar mis proyectos pendientes. Al calor de nuestra relación retomé con la radio y la militancia, dos pasiones que compartimos.

Para concluir, y siempre en sentido de gratificación. Me llevo el frenesí de nuestras caricias, el destello de nuestras miradas, el bálsamo de tu piel, la suavidad de tu voz. Fuiste muy especial para mí. Confieso que jamás volví a hablar por teléfono desde las diez de la noche hasta las siete de la mañana con nadie. Me encantó haber transitado parte del camino juntos, de jugar en la misma vereda por un rato. Suena "El tiempo me enseño" en el equipo y siento que estuvo bien, muy bien. Fui muy feliz a tu lado. ¿Cómo no agradecerte? Ahora si me despido como Dios manda. Ahora estoy en paz. ¡Salud compañera!









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