3 de enero de 2018

BUEN VIAJE





—¿Es La Nueva Luna? — curioseó Fredy.
—Sí, amigo — respondí. 

El gordo Maxi, poeta de Jesse James, decía: Música tropical mamamos en nuestra tierra matancera. Con cumbia recorrimos los pasajes de un viaje marginal. Con los timbales de base en el latir del pecho nos arrojamos a copar la Capital hasta que llegué el primer bondi que empalme con la General Paz.

En los ochenta oír cumbia era grasa. De la noche a la mañana concluyó Badía y compañía y la música tropical tomó la posta de las tardes de sábado. Ricky Maravilla rodeado de figuras almorzaba con Mirtha y Alcides cerraba "Ritmo de la Noche" colgado del tiragoma en el prime time dominical. Era una expresión opuesta a la cumbia que hoy se extiende en los barrios bajos del conurbano. Canciones pegadizas entonadas con letras elementales, ayunas de lo que acontecía ciertamente en las calles: desigualdad, pobreza, marginalidad. 
Una década más tarde, a la movida tropical en particular y a la industria en general, le explotó en la mano un boom que no advirtieron con grupos emergentes de barrios periféricos: “Flor de piedra”, pioneros de la cumbia villera, “Yerba brava”, “Meta guacha” y “Damas gratis” con una lírica en la trinchera que inició Omar Shane como parte de un nuevo lunfardo. Las letras empezaron a ser más duras, crudas y a reflejar tópicos carcelarios y sexuales. 
A la cumbia villera le pasó lo mismo que al tango: la negaron y la ridiculizaron. Los boliches de la movida tropical ¡estallaban! y los discos originales se grababan en CD truchos. Los tiempos estaban cambiando.

En unas semanas, Pablo Lescano y su banda "Damas gratis" compartirán escena en Lollapalloza, con Pearl Jam, Red Hot Chili Peppers y The Killers en un festival que en sus comienzos ofrecía bandas de rock alternativo, indie y punk rock.
Lo que ayer fue grasa hoy es cool. Como el gamulán, las videocámaras vintage o los discos de vinilo que están volviendo a nuestras vidas. Seguro habrán sentido el viejo proverbio que habla del karma, ese ciclo vital en donde "Todo vuelve".

***
La moda efímera persiste como un barrilete en Necochea. La movida tropical no fue la excepción. Entra y sale de los espaces exclusifs hasta que a la máquina de picar carne no les cierren los números y los lance a la postergación. Sin embargo, La Nueva Luna, Antonio Rios y Gilda siguen vigentes y taconean en los parlantes de los barrios desheredados y de muchos artistas que desfilaron en los festivales más importante del mundo ya nadie se acuerda.
La evocación del pasacassettes con el cabecal tullido de mi Fiat Duna acapara mi repaso sensorial mientras suena La Nueva Luna en la música funcional de la ex terminal de ómnibus. 
Una camarera preciosa limpia la mesa con su franela rociada con Lysoform al tiempo que apoyo dos cervezas frías con una cazuela de queso. Acomodo mis cosas en una silla contigua y aprovecho para advertirla de pie a cabeza. Sirvo un vaso. El atardecer se asoma por un ventanal. Repiquetea «Ahora te vas» en el patio de comidas del Paseo Aldrey. 
Mis pies se independizan del cuerpo, clavan un espontáneo pasito tun tun y se sacuden debajo de la mesa. ¿Se copará la camarera a bailar un temita? 
El shopping marplatense no tendrá el shuffle de Jesse James, pero es un bello modo de conmemorar los buenos tiempos al son de los timbales y las seis cuerdas del Mago. Levanto mi vaso y brindo con mi amigo Fredy por la cumbia... cumbia de la buena. ¡Buen viaje, Chino!




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